Casi 700 años antes del nacimiento de Jesús, el profeta Isaías nos mandó esta profecía acerca de la pasión de Jesús, de cómo iba a morir, y cómo iba a reivindicar a la humanidad:
“Él Soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes,. Él soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados.”
Entrada de Cristo a Jerusalén, por Pietro lorenzetti – http://www.aiwaz.net/panopticon/lorenzetti-pietro/gc58p0, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3944840
“Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a su condición divina, sino que, por el contrario, se nulificó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo, y por obediencia, aceptó la muerte, y una muerte de cruz. “Por eso, Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra, y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” Filipenses, 2, 6-11
Dios, ciencia, espíritu, tecnología, naturaleza, fé