Lecturas del Domingo: Noviembre 15, 2020 – Parábola de los talentos

Parábola de los talentos

Parábola de los talentos, por un artista desconocido – A Woodcut from Historiae celebriores Veteris Testamenti Iconibus representatae, taken from http://www.textweek.com/art/parables.htm, Public Domain, Link. Al fondo se aprecia el siervo malo y perezoso escondiendo su talento en un hoyo en la tierra.

¿Cuánto te ha dado Dios en tu vida? ¿Cuántas cosas le agradeces cada día, como tu salud, tu trabajo, tu familia? Y si no los tienes, al menos te tienes a tí mismo. O qué, ¿no puedes?

Todos tenemos talentos; esos dones que nos hacen únicos. Algunos saben pintar, otros saben cocinar, otros más saben hacer trabajos manuales. Hay quienes son diestros con el dinero y otros con las herramientas.

No hay excusas.

Y ahora, ¿qué es lo que haces con esos talentos que Dios te ha dado?

Esta semana escucharemos del Evangelio de San Mateo la parábola de los talentos, controversial y mal entendida por muchos; pero profunda y de mucho valor para nuestras vidas.

El Reino de los Cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.

Los talentos eran monedas de oro y de plata. ¡Con una sola de ellas podrías comprar un terreno! Jesús compara estas monedas dadas por el señor con las habilidades que a cada uno nos da.

El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra, y ahí escondió el dinero de su señor.
Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado”. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en las cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado”. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en las cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.

No, no confundamos con riquezas materiales lo que nos quiere decir Jesús. Si tu usas tus talentos para ayudar a los demas, para alabanza y gloria a Dios, y demostrarle al Señor que eres digno de ese regalo que te dio, entonces estás listo para tomar parte de la alegría de su Reino.

Eres bueno en matemáticas y, pese a todos los obstáculos terminaste una carrera en ingeniería. Entra a tomar parte en la alegría de tu Señor. Sabes cocinar y dedicas una parte de tu tiempo en darle de comer a los necesitados, entra a tomar parte en la alegría de tu Señor. Eres un humilde albañil que sabes construir y ayudas a la viuda/madre soltera arreglándole el techo de su casa que gotea, y no le cobras nada, entra a tomar parte en la alegría de tu Señor.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: “Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”. El señor le respondió: “Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y que recojo lo que no he sembrado, ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? Quítenle su talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco se le quitará aun ese poco que tiene.

Eres bueno en matemáticas, pero mientras estudiabas te asustó una materia y ya no quisiste seguir estudiando.  Sabes cocinar y nunca ayudaste a los necesitados. Eres un albañil que sabes construir y nunca ayudaste a la viuda/madre soltera, y cuando lo hiciste fue de mala gana, con un pobre trabajo y le cobraste un ojo de la cara.

Pues para todos ellos el mensaje de Jesús es claro:

Y a este hombre inútil, échenlo afuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación.

El que tenga oídos, que escuche.

Author: Oscar Editor

Oscar es el editor de NosRodea.com

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