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Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa

Jesús sanando al sirviente del oficial romano
Jesús sanando al sirviente del oficial romano por Paolo Veronese – Fuente. Public Domain, Link

Génesis

Gn 18, 1-15
Un día, el Señor se le apareció a Abraham en el encinar de Mambré. Abraham estaba sentado en la entrada de su tienda, a la hora del calor más fuerte. Levantando la vista, vio de pronto a tres hombres que estaban de pie ante él. Al verlos, se dirigió a ellos rápidamente desde la puerta de la tienda, y postrado en tierra, dijo: “Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no pases junto a mí sin detenerte. Haré que traigan un poco de agua para que se laven los pies y descansen a la sombra de estos árboles; traeré pan para que recobren las fuerzas y después continuarán su camino, pues sin duda para eso han pasado junto a su siervo”.

Ellos le contestaron: “Está bien. Haz lo que dices“. Abraham entró rápidamente en la tienda donde estaba Sara, y le dijo: “Date prisa, toma tres medidas de harina, amásalas y cuece unos panes“.

Luego Abraham fue corriendo al establo, escogió un ternero y se lo dio a un criado para que lo matara y lo preparara. Cuando el ternero estuvo asado, tomó requesón y leche y lo sirvió todo a los forasteros. Él permaneció de pie junto a ellos, bajo el árbol, mientras comían. Ellos le preguntaron: “¿Dónde está Sara, tu mujer?” Él respondió: “Allá, en la tienda“. Uno de ellos le dijo: “Dentro de un año volveré sin falta a visitarte por estas fechas; para entonces, Sara, tu mujer, habrá tenido un hijo“.

Sara estaba escuchando detrás de la puerta de la tienda. (Abraham y Sara eran ya muy ancianos, y a Sara le había cesado su regla). Sara se rió por lo bajo y pensó: “Siendo yo tan vieja y mi marido un anciano, ¿podré experimentar el placer?”

Entonces el Señor le dijo a Abraham: “¿Por qué se ha reído Sara y ha dicho: ‘¿Será cierto que voy a dar a luz, siendo ya tan vieja?’ ¿Acaso hay algo difícil para Dios? El año que viene, en el plazo señalado, volveré a visitarte, y Sara tendrá un hijo“. Sara dijo entonces, asustada: “No me estaba riendo“. Pero el Señor replicó: “No lo niegues; sí te estabas riendo“.

Evangelio según San Mateo

Mt 8, 5-17
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho“. El le contestó: “Voy a curarlo“.

Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace“.

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación”.

Jesús le dijo al oficial romano: “Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído“. Y en aquel momento se curó el criado.

Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirles.

Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.

 

 

Lecturas del Domingo: Febrero 7, 2021 – De la enfermedad y el agradecimiento

Jesus y sus discípulos
Jesús y sus discípulos, por James Tissot – Online Collection of Brooklyn Museum; Photo: Brooklyn Museum, 2007, 00.159.129_PS2.jpg, Public Domain, Link

Nuestros cuerpos no son perfectos. Con el tiempo, son presa de enfermedades, accidentes, y otros males.

Pero, cuidado con los que reniegan preguntando porqué Dios nos manda enfermedades y males.

Que quede claro: en muchas de las ocasiones, nosotros mismos nos buscamos esas enfermedades y esos males. Diabetes: ¿No será que llevas una mala dieta? Accidente en el trabajo: ¿No será que no seguiste los procedimientos de seguridad? Cáncer: ¿Y ese hábito de fumar?

Y otras veces, las enfermedades y los accidentes en sí, son eventos para no olvidarnos de Dios. Presta atención a tu alrededor y a tu contexto, antes de que ataques a Dios mismo. ¿No será que te estabas apartando de Él?

San Marcos, en el Evangelio de hoy, nos habla de este tema:

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

Dos reflexiones podemos tomar de esta lectura: Primero, las enfermedades, los accidentes y las maldades nos pueden ocurrir a todos. Pero, por muy grande que sean, NADA pueden contra el poder de Dios a través de Cristo Jesús. Pon tu fé en Él, y podrás salir de ese mal.

Y segundo, ¿Qué hizo la suegra de Simón una vez que recuperó su salud? Se puso a servirles; o sea, debemos ser agradecidos con Dios y Jesús una vez que pasamos por esas duras pruebas de la vida. Una visita de agradecimiento a la iglesia, una dádiva más generosa, ayudar a más gente pobre y enferma, una llamada a esa persona que está sola y lejos.

El Poder de Dios a través de Cristo Jesús no tiene pared que lo pueda detener, pues ni la muerte puede con Él.