Este año, el relato de la Transfiguración de Jesús viene más temprano que en ocasiones anteriores.
Hemos hablado de este tema en otras oportunidades, pero hoy tiene singular importancia porque ocurre durante la Cuaresma y, aunque el mensaje es el mismo, siempre encontramos algo nuevo que nos da fortaleza.
El mensaje de esta poderosa voz –la Voz de Dios– no es sólo para a Pedro, Santiago y Juan, los apóstoles que acompañaban a Jesús en el monte, sino que es para toda la humanidad en todos los tiempos: “Escúchenlo”.
Las lecturas de hoy tienen mucha relación entre sÃ, pues nos hablan de la magnÃfica relación entre Jesús y su Padre.
Primero, Daniel nos habla de una visión que se repetirá más adelante en el Apocalipsis de Juan: Un “anciano de muchos siglos” (Dios) que tiene miles y miles de servidores (ángeles), y millones y millones que estaban a sus órdenes (la Iglesia, o sea todos los que creemos).
Luego, Daniel describe cómo viene una persona –alguien semejante a un hijo de hombre (Jesús en su condición humana)– entre las nubes y recibe del anciano la SoberanÃa, la Gloria, y el Reino.
Daniel termina su visión del Reino de Dios, y cómo el mismo Padre entrega todo el poder a Jesús, con estas palabras:
“Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo servÃan. Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido”.
Pedro nos recuerda de un encuentro especial con Jesús
Dice Pedro en la segunda lectura:
“Dios lo llenó [a Jesús] de gloria y honor, cuando la sublime voz del Padre resonó sobre Él diciendo ´Este es mi hijo amado en quien yo me complazco´. Y nosotros escuchamos esa voz, venida del cielo, mientras estabamos con el señor en el monte santo”.
Pedro habla del evento de la Transfiguración.
La Transfiguración de Jesús
En estos tiempos, es difÃcil imaginarnos la intensidad de este momento, especialmente cuando tenemos tanto CGI y efectos especiales en las pelÃculas de Hollywood que prácticamente ya no nos impresionan. Para poder tener todo en orden, hay que ponerlo en contexto:
AquÃ, hablamos de un evento sobrenatural, en el cual se desafÃan todas las leyes naturales.
La resplandecencia nos habla de energÃa, la revelación de lo que en realidad somos y en Jesús lo cofirmamos.  Además, se abre un portal para dar paso a otros dos personajes muy importantes:
“Una nube luminosa los cubrió. y de ella salió una voz que decÃa: Este es mi Hijo, muy amado, en quien tengo puestas mi complacencias; escúchenlo”.
Esta misma lectura estuvo presente en el Segundo Domingo de Cuaresma del año pasado, pero el relato era de San Lucas. Este año, la descripción del hecho corresponde a San Mateo.
En estos tiempos, es difÃcil imaginarnos la intensidad de este momento, especialmente cuando tenemos tanto CGI y efectos especiales en las pelÃculas de Hollywood que prácticamente ya no nos impresionan. Para poder tener todo en orden, hay que ponerlo en contexto:
AquÃ, hablamos de un evento sobrenatural, en el cual se desafÃan todas las leyes naturales.
La resplandecencia nos habla de energÃa, la revelación de lo que en realidad somos y en Jesús lo cofirmamos.  Además, se abre un portal para dar paso a otros dos personajes muy importantes:
¿Recuerdas una serie llamada Quantum Leap en la que el protagonista pasaba de un evento en la historia a otro y en el proceso se transfiguraba? Checa el GIF animado que nos da una idea del este importante evento.
El relato termina asÃ:
“Una nube luminosa los cubrió. y de ella salió una voz que decÃa: Este es mi Hijo, muy amado, en quien tengo puestas mi complacencias; escúchenlo”.
Checa el siguiente video (desafortunadamente, el efecto no es tan impresionante).
Y, finalmente, la voz de Dios que sale de entre las nubes para volver a reivindicar a Jesús en su posición de Hijo de Dios.
Este evento es relatado de manera similar, con más y menos detalles, y confirmado en tres de los cuatro evangelios. Juan, uno de los testigos, no lo narra, pero el tiempo dará la verdadera razón más adelante, cuando Juan experimentará otra epifanÃa de mayor grado cuando narre El Apocalipsis.