Lecturas del Domingo: Junio 17, 2018 – El poder de la humilde semilla

semilla de mostaza

La semilla del grano de mostaza mide entre uno y dos milímetros, pero cuando crece puede alcanzar los 30 pies de alto (unos 10 metros)

Las lecturas de hoy están muy relacionadas con el poder de la humilde semilla. ¡Que maravilla que, del cuerpo de una humilde semilla se de algo tan grande como un árbol! Sin duda, la naturaleza siempre nos da lecciones acerca de como la sencillez, combinada con paciencia y perseverancia, puede lograr grandes resultados.

En nuestra vida, nuestras acciones buenas o malas, siempre son medidas en los tiempos de Dios, no en nuestros tiempos. Muchas veces, después de años de estar haciendo nuestras tareas regulares, sin hacer daño a nadie, y siempre procurando obrar bien… no empezamos a desesperar ¡porque no nos llega nuestro momento!

En el Evangelio de hoy, Jesús les dice a sus discípulos:

“El reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por si sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas, y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre hecha mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.¨

Las cosas que valen la pena no se da por casualidad, sino que requieren trabajo constante, paso a pasito. Lo único que permanece es lo que se ha trabajado con esfuerzo, aunque tome años.

Por otra parte, cuando las cosas no nos salen como esperábamos, se nos viene desolación y la pesadumbre. Sentimos que se nos ha acabado el mundo. Nos llegamos a sentir inútiles, desgraciados y olvidados por Dios.

Pero no olvidemos cómo la mostaza produce uno de las más grandes árboles a partir de una de las más insignificantes semillas. Jesús nos lo recuerda así:

“¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y hecha ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar en su sombra.”

La semilla, es la Palabra de Dios. El sembrador es el mismo Cristo Jesús. El que encuentra la palabra, siempre permanecerá en ella.

Así pues, con paciencia y mucho amor, dejemos que la Palabra de nuestro Señor Jesús entre en nuestras vidas. Reguémosla con nuestras obras buenas de todos los días, y con mucha paciencia, demos frutos y echemos ramas, tan grandes que nuestras familias puedan hacer sus nidos.

 

Author: Oscar Editor

Oscar es el editor de NosRodea.com

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