¡Seguir a Cristo debería ser más fácil!

El llanto de muchos es que ojalá y nos pusieran las cosas más fáciles para ir al cielo. Comentábamos el Domingo pasado que Jesús nos enseñó que el primer y segundo mandamiento resumen toda la Ley de Dios, y que al seguirlos, realmente los demás no importan, pues los estaremos cumpleindo automáticamente.

Pero en la realidad, tenemos nuestra carga humana de responsabilidades, deberes, deudas, y muchos otros problemas que nos preocupan, apartan y distraen de Dios.

Esas son nuestras cargas, nuestras cruces.

Dice Jesús:

“El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga”.

Es el profeta Jeremías, en la primera lectura del Domingo pasado, lo explica de una hermosa forma casi poética:

“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
fuiste más fuerte que yo y me venciste.
He sido el hamerreír de todos;
día tras día se burlan de mí.
Desde que comencé a hablar,
he tenido que anunciar a gritos violencia y destrucción.
Por anunciar la palabra del Señor,
me he convertido en objeto de orpobio y de burla todo el día.
He llegado a decirme: ‘Ya no me acordaré del Señor
ni hablaré más en su nombre’.
Pero había en mí como un fuego ardiente,
encerrado en mis huesos;
Yo me esforzaba en contenerlo,
pero no podía”.

Seguir a Dios no es fácil. Seguir a Dios es fácil. Tú decides.

Author: Oscar Editor

Oscar es el editor de NosRodea.com

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