Esta misma lectura estuvo presente en el Segundo Domingo de Cuaresma del año pasado, pero el relato era de San Lucas. Este año, la descripción del hecho corresponde a San Mateo.
En estos tiempos, es difÃcil imaginarnos la intensidad de este momento, especialmente cuando tenemos tanto CGI y efectos especiales en las pelÃculas de Hollywood que prácticamente ya no nos impresionan. Para poder tener todo en orden, hay que ponerlo en contexto:
AquÃ, hablamos de un evento sobrenatural, en el cual se desafÃan todas las leyes naturales.
La resplandecencia nos habla de energÃa, la revelación de lo que en realidad somos y en Jesús lo cofirmamos.  Además, se abre un portal para dar paso a otros dos personajes muy importantes:
¿Recuerdas una serie llamada Quantum Leap en la que el protagonista pasaba de un evento en la historia a otro y en el proceso se transfiguraba? Checa el GIF animado que nos da una idea del este importante evento.
El relato termina asÃ:
“Una nube luminosa los cubrió. y de ella salió una voz que decÃa: Este es mi Hijo, muy amado, en quien tengo puestas mi complacencias; escúchenlo”.
Checa el siguiente video (desafortunadamente, el efecto no es tan impresionante).
“La cura de los 10 leprosos” por James Tissot – Online Collection of Brooklyn Museum; Photo: Brooklyn Museum, 2008, 00.159.161_PS2.jpg, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10196025
En las lecturas de hoy tenemos un factor en común: La lepra.
Aunque hoy en dia se trata de una enfermedad que puede ser curable, en la antigüedad era considerada una maldición y las personas infectadas eran severamente excluidas de la sociedad, usualmente hasta el fin de sus dias.
Sucede que era el tiempo en que Israel era un pueblo esclavo de los sirios, y la esposa de Naamán tenÃa a una niña israelita como sirvienta. La niña le dijo a la mujer que el profeta Eliseo (recordemos que Eliseo es el sucesor de ElÃas el profeta más grande del pueblo IsraelÃ) podrÃas curar a su esposo.
Naamán se puso triste, y le pidió al profeta que entonces le dejara llevarse dos sacos de la tierra de Israel para hacer con ellos un altar al Dios de Israel:
Jesús les ordena: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Los sumos sacerdotes del templo eran los que decidÃan si una persona enferma era apta para volver a la sociedad o si debÃa de seguir siendo excluida.
En el camino, los enfermos se curaron de la lepra, pero siguieron su camino. Todos excepto uno que, al verse curado, se llenó de emoción, alegrÃa, y agradecimiento… y se volvió corriendo hacia a Jesús, se postró a sus pies y le dio las gracias. Este era samaritano.
No importan tu problemas o predicamentos. Si tienes fe, todo se resolverá. Y cuando eso ocurra, no olvides dar gracias a Dios. Asi de sencillo, asi de fácil.
En el ralato están escritas unas simbologÃas muy interesantes:
Eliseo está arando las tierras, lleva la última de las doce yunta de bueyes. Doce es un número perfecto, que en este caso simboliza a las doce tribus de Israel.
ElÃas, en la primera lectura, se ha estado quedando con una viuda pobre, que junto con su hijo, estaba a punto de morir de hambre. Gracias a la presencia del Profeta –ElÃas es considerado por el pueblo judÃo como el profeta más grande– la comida no se acaba. Desafortunadamente, el hijo de la viuda muere, y ella le reclama de manera amarga por la muerte del pequeño.
ElÃas toma al niño, lo lleva a otra alcoba, implora a Dios por la vida del muchacho, y lo cubre con su cuerpo tres veces, con lo que el pequeño resucita.
Hoy recordamos el milagro de la multiplicación de los panes y pescados para recordarnos que el Cuerpo de Cristo somos todo los que formamos su Iglesia.
Jesús se puso a predicar a una gran multitud, y en un determinado momento los discÃpulos le piden que despida a la gente, pues el lugar está muy apartado de la ciudad y es posible que las condiciones se pongan muy difÃciles pronto, pues se habla de miles de hombres.
Unas versiones mencionan 4,000 hombres, y el Evangelio de Juan menciona 5,000. Pero piensa que por cada hombre hay una mujer y tal vez un niño o niña. Pues hablamos ahora de casi 15,000 almas.
Y, finalmente, la voz de Dios que sale de entre las nubes para volver a reivindicar a Jesús en su posición de Hijo de Dios.
Este evento es relatado de manera similar, con más y menos detalles, y confirmado en tres de los cuatro evangelios. Juan, uno de los testigos, no lo narra, pero el tiempo dará la verdadera razón más adelante, cuando Juan experimentará otra epifanÃa de mayor grado cuando narre El Apocalipsis.