Hch 4, 32-37
La multitud de los que habÃan creÃdo tenÃa un solo corazón y una sola alma; todo lo poseÃan en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenÃa.
Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseÃan terrenos o casas, los vendÃan, llevaban el dinero y lo ponÃan a disposición de los apóstoles, y luego se distribuÃa según lo que necesitaba cada uno.
Jn 3, 7-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Asà pasa con quien ha nacido del EspÃritu“. Nicodemo le preguntó entonces: “¿Cómo puede ser esto?”
Jesus Resucitado se apareció muchas veces a sus discÃpulos en este tiempo, y la semana pasada celebramos su Ascención al Cieloen medio de una gran multitud que lo vio al final perderse detrás de una nube.
Pero Jesús no nos dejó solos. El dÃa de hoy celebramos la llegada del EspÃritu Santo y el verdadero nacimiento de la Iglesia en el mundo. La llegada de la Tercera Persona de la SantÃsima Trinidad se simboliza con el fuego que se posa sobre todos los reunidos en el nombre de Jesús.
Jesús ha resucitado y constantemente se ha aparecido a sus discÃpulos. Incluso, en una ocasión se manifestó a muchÃsima gente. Y cada vez, les recuerda a todos que está por irse, pero no se quedarán solos: El EspÃritu Santo se quedará con ellos.
Recordemos que, al principio de la vida pública de Jesús, cuando Juan el Bautista procedió a bautizar a Jesús en el Jordán, mucha gente, incluido San Juan, el discÃpulo amado por Jesús, son testigos de que el “EspÃritu Santo descendió como paloma” y se posó sobre nuestro Señor.
Luego, según el Evangelio de hoy, del propio San Juan, Jesús les dejó el EspÃritu Santo a los apóstoles: