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Lecturas del Domingo: Diciembre 4, 2016 – Juan el Bautista

Juan el Bautista por Anton Raphael Mengs - ngHjvgNHHmV4zA at Google Cultural Institute maximum zoom level, Public Domain, Link
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Juan el Bautista, el último profeta del pueblo Israelí. Han pasado casi 400 años y los Judíos no han tenido uno. Y ya no habrá otros profetas después de él.

El Evangelio de San Mateo nos habla de que Juan “usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre“.

¿Por qué dar estos detalles? La razón es que, desde casi 800 años antes, los profetas Isaías, Jeremías y Ezequiel, hablan de la llegada del mesías, pero que será precedida por una “voz en el desierto, que vestirá pieles y que preparará el camino del Señor“.

De esta forma, Mateo confirma la veracidad de Juan, quien dentro de poco tiempo confirmará que Jesús es quien le precede y por quien “ni él mismo es digno de quitarle las sandalias“.

Sabemos que Juan tendrá un triste final, y que reconocerá a Jesús como el verdadero Mesías, y que aceptará que su figura vaya desapareciendo poco a poco para dar paso a nuestro Señor.

Jesús comentará de Juan: “Una lámpara radiante, de la cual todos ustedes serán dichosos por ser iluminados”.

 

Lecturas del Domingo: Agosto 14, 2016 – Intercesores

Ebed melek, oficial de palacio de Sedecías
Ebed Mélek tratando de sacar a Jeremías del pozo.

Nuestros hermanos separados –los protestantes– tienen la idea equivocada de que nunca debemos pedir ayuda a terceros por nuestras necesidades. La primera lectura de hoy nos demuestra lo contrario.

Primero tenemos cómo un grupo de jefes que mantenían prisionero al profeta Jeremías le dijeron al rey Sedecías que debían matarlo, pues “es evidente que no busca el bienestar del pueblo, sino su perdición“.

Jeremías se la había pasado regañando al pueblo por su falta de fé, por sus excesos, y por su adoración a falsos ídolos. Y les decía que por todos esos pecados el pueblo de Judá iba a caer en manos de los babilonios.

Sedecías, el rey, les dijo: “lo tienen en sus manos y el rey no puede nada contra ustedes“. Este comentario resuena hasta el día de hoy, recordándonos como tienen atadas las manos aquellos por los que nosotros, el pueblo, ponemos en puestos de gobierno. ¡Ah, el poder siempre detrás del trono!

Pero regresemos al relato bíblico. Ebed-Mélek, el etiope, oficial del palacio, fue a ver al rey le dijo “Señor, está mal hecho los que estos hombres hicieron con Jeremías, arrojándolo al pozo, donde va a morir de hambre”.

El rey escuchó la interseción de Ebed por Jeremías y le dijo: “Toma treinta hombres contigo y saca del pozo a Jeremías, antes de que muera“.