Hoy es el decimotercero domingo ordinario, y esta semana escucharemos acerca de otro profeta. La semana pasada conocimos un poco de JeremÃas, pero hoy leeremos acerca del milagroso Eliseo.
Pero el tema principal de hoy es la gracia de dar sin esperar nada a cambio. Aquà tenemos la primera lectura de hoy, tomada de un fragmento del Segundo Libro de Reyes:
Y para terminar, siguiendo con el tema de saber dar, tenemos la Palabra de Dios, tomada del Evangelio de San Mateo:
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: ‘El que ama a su padre o a su madre más que a mÃ, no es digno de mÃ; el que ama a su hijo o a su hija más que a mÃ, no es digno de mÃ; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mÃ'”.
AsÃ, al aceptar la voluntad de Dios –aunque sea con mucho dolor– estamos demostrando que lo queremos más a Él que a nadie mas.
Finaliza el Evangelio diciendo:
“El que salve su vida la perderán y el que la pierda por mÃ, la salvará. “Quien los recibe a ustedes me recibe a mÃ; y quien me recibe a mÃ, recibe al que me ha enviado. “El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. “Quien diere, aunque no sea más que una vaso de agua frÃa a uno de estos pequeños, por ser discÃpulo mÃo, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.
Esta semana hablaremos de la multiplicación de los panes y los pescados, sin lugar a dudas uno de los más populares milagros relatados en los Evangelios, y que va más allá de saciar el estómago.
Cuando Jesús estaba en una orilla del lago de TiberÃades, en la orilla contraria a Galilea, mucha gente lo trataba de seguir, pues habÃan escuchado y sabÃa de los milagros que habÃa hecho por la región.
Jesús, poniendo a prueba a Felipe, uno de los doce apóstoles, le pregunta que cómo podrÃan comprar pan para que coma toda esa muchedumbre. Felipe, en su calidad humana, le contesta:
“Ni doscientos denarios bastarÃan para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”.
¿No nos pasa constantemente eso en nuestras vidas? Ante la magnitud de los problemas nos hacemos pequeñitos o pequeñitas y lo único que vemos es lo negro, pero no vemos la luz, por muy brillante que esta sea.
Además, Jesús no estaba destinado a ser rey de este mundo, y ni le interesaba, pues Él sabÃa muy bien cual era su destino.
Por otra parte, observemos que fue un muchacho, quizá un niño quien con su fe, dio lo que tenÃa para que se hiciera el milagro.
Y añadiendo un poco a esta narración nos topamos en la primera lectura que el profeta Eliseo, habiendo recibido cómo regalos veinte panes de cebada y grano tierno de trigo, le dice a su criado que lo reparta entre cien hombres (otra vez, con aproximadamente 3 dependientes cada uno). El criado le respondió algo similar a lo que Felipe dijo lÃneas arriba:
“¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?”
Asà mismo, en tu vida, no temas a las grandes adversidades. Ten fe. Ni reniegues ni te escondas. Ten Fe. El gran Poder de Dios está aquà para ayudarte , todo lo que tienes que hacer es tener Fe.
“El que ama a su padre o a su madre más que a mÃ, no es digno de mÃ; el que ama a su hijo o a su hija más que a mÃ, no es digno de mÃ; el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mÔ
Yo recuerdo que, cuando joven, esta lectura me causaba mucha ansiedad, pues era muy difÃcil para mà poder decir que mi mamá, quien habÃa hecho cientos de sacrificios por mà durante toda su vida, no era la merecedora de todo mi cariño y amor.
Pensaba que ella, por esta lectura, no deberÃa de recibir nada de amor. Y por eso evitaba leer esta parte de las Sagradas Escrituras.
Pero he aquà algo todavÃa más confortante. Todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, y somos pequeñas ramitas que salimos de Él. Dios es el gran tronco al que nos vamos a unir por completo, y Jesús —junto con el EspÃritu Santo— es uno mismo en Dios.
Asà que, no te sientas triste en pensar que estás diluyendo tu amor por amar más a Jesús. Eso no ocurre, pues el amor verdadero no se destruye o se va acabando. Tu amor a tu familia, a tus padres, a tus hijos, a todos, es el mismo que va a Dios y a Jesús. No más ni menos.
“La cura de los 10 leprosos” por James Tissot – Online Collection of Brooklyn Museum; Photo: Brooklyn Museum, 2008, 00.159.161_PS2.jpg, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10196025
En las lecturas de hoy tenemos un factor en común: La lepra.
Aunque hoy en dia se trata de una enfermedad que puede ser curable, en la antigüedad era considerada una maldición y las personas infectadas eran severamente excluidas de la sociedad, usualmente hasta el fin de sus dias.
Sucede que era el tiempo en que Israel era un pueblo esclavo de los sirios, y la esposa de Naamán tenÃa a una niña israelita como sirvienta. La niña le dijo a la mujer que el profeta Eliseo (recordemos que Eliseo es el sucesor de ElÃas el profeta más grande del pueblo IsraelÃ) podrÃas curar a su esposo.
Naamán se puso triste, y le pidió al profeta que entonces le dejara llevarse dos sacos de la tierra de Israel para hacer con ellos un altar al Dios de Israel:
Jesús les ordena: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Los sumos sacerdotes del templo eran los que decidÃan si una persona enferma era apta para volver a la sociedad o si debÃa de seguir siendo excluida.
En el camino, los enfermos se curaron de la lepra, pero siguieron su camino. Todos excepto uno que, al verse curado, se llenó de emoción, alegrÃa, y agradecimiento… y se volvió corriendo hacia a Jesús, se postró a sus pies y le dio las gracias. Este era samaritano.
No importan tu problemas o predicamentos. Si tienes fe, todo se resolverá. Y cuando eso ocurra, no olvides dar gracias a Dios. Asi de sencillo, asi de fácil.
En el ralato están escritas unas simbologÃas muy interesantes:
Eliseo está arando las tierras, lleva la última de las doce yunta de bueyes. Doce es un número perfecto, que en este caso simboliza a las doce tribus de Israel.
Hoy recordamos el milagro de la multiplicación de los panes y pescados para recordarnos que el Cuerpo de Cristo somos todo los que formamos su Iglesia.
Jesús se puso a predicar a una gran multitud, y en un determinado momento los discÃpulos le piden que despida a la gente, pues el lugar está muy apartado de la ciudad y es posible que las condiciones se pongan muy difÃciles pronto, pues se habla de miles de hombres.
Unas versiones mencionan 4,000 hombres, y el Evangelio de Juan menciona 5,000. Pero piensa que por cada hombre hay una mujer y tal vez un niño o niña. Pues hablamos ahora de casi 15,000 almas.