Bautismo de Cristo por Juan el Bautista. Navarrete el Mudo. Juan Fernández Navarrete – [1], Public Domain, LinkHoy es el tercer domingo del tiempo ordinario. Este es domingo conocido como AlegrÃa y Regocijo y está representado por el color rosa de la vela que será encendida en la corona de adviento. Tambien el sacerdote usará vestiduras de ese color.
En las lecturas del Domingo, en la primera, esuchamos un relato muy similar, aunque en menor escala, que involucra a ElÃas, EleacÃn y al mal mayordomo Sebná. Tomado de ElÃas 22, 19-23:
Hoy es el cuarto domingo de adviento, último fin de semana de preparación para la llegada de nuestro Salvador al mundo. En este dÃa encendemos la cuarta vela de la Corona de Adviento, la cual quedará completa.
Algo muy interesante es que la primera vela, la que encendimos el primero de diciembre, representa a MarÃa, y es la única vela que permanece encendida durante las cuatro semanas de preparación. MarÃa es la única persona que estuvo presente durante toda la vida de Jesús: desde la concepción, el nacimiento, la niñez, la adolescencia, la vida adulta, la pasión, la muerte, y por último la resurrección. MarÃa es la vela que permanece encendida durante toda la vida de Cristo.
Y hoy escuchamos la hermosa narración del Evangelio de San Mateo:
Si hubiera una palabra para describir las lecturas del dÃa de hoy, esta serÃa el “llamado”.
Primero, IsaÃas nos habla de una visión que tuvo en la que serafines –los llamados ángeles de los niños– están constantemente alabando a Dios con el canto que dice:
En el antiguo idioma hebreo no existÃa los adjetivos de grandeza, como elevadÃsimo, grandÃsimo, negrÃsimo, y para indicar un valor de esa magnitud, se repetÃa el adjetivo tres veces. AsÃ, “Santo, santo, santo”, quiere decir “SantÃsimo“.
Volviendo a la primera lectura, IsaÃas se dio cuenta de que estaba siendo testigo de una alabanza al mismÃsimo Dios, que el estaba bajo su presencia, y de inmediato se sintió indigno, impuro, y humildemente dijo:
¿Cómo se puede limpiar la impureza? Obviamente, limpiando. Y asà le pasó al profeta, pues en ese momento un serafÃn bajó con una brasa y con ella le toco la boca.
Hoy es el cuarto domingo ordinario del año litúrgico, y el Evangelio de hoy es una continuación de la narración de la semana pasada, cuando Jesús entró a la sinagoga y –ante el asombro de todos los asistentes– declaró que:
“Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la escritura que ustedes acaban de oÃr”.
Obviamente, antes de desentrañar esta frase, tenemos que conocer el contexto de la lectura. Resulta que Jesús está cobrando fama en la región de Judá, ha hecho muchos milagros y ha sanado a mucha gente. Sin embargo, cuando llegó a Nazaret, ciudad donde se habÃa criado con su padre y su madre, y entro a la sinagoga y se puso a predicar, hizo el anuncio que mencionamos lineas arriba.
¿Te parece algo similar a lo que has escuchado en tu vida, cuando tu misma gente –familia, amigos. conocidos– niegan que tengas posibilidades de triunfar o de hacer algo bueno con tu vida? Son tu propia sangre y gente, pero son los primeros que dudan de ti.
Nadie es profeta en su tierra. Y eso lo sabemos muy bien quienes hemos emigrado a otros lugares. En nuestros pueblos de origen somos unos uno más del montón, por lo mismo de que todos los demás nos conocen y es más fácil de subestimarnos.
Al final, Jesús no pudo hacer ahà ningún milagro y se fue, para nunca más volver.
“Una voz clama: ´Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios. Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo retorcido se enderece y lo escabroso se allane. Entonces se revelará la gloria del Señor, y todos los hombres la verán´. Asà ha hablado la boca del Señor”.
“Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. El los bautizará con el EspÃritu Santo y con fuego”.
AsÃ, de nueva cuenta tenemos otra manifestación de Dios en la Tierra. Esta vez dándonos a conocer que en realidad Jesús es el Hijo de Dios, y que junto con el EspÃritu Santo, y Dios Padre son uno mismo, y uno solo.
Nuestras tribulaciones y problemas son muchos en la vida. Pero las promesas de Dios siempre se cumplen y siempre son buenas, para todos nosotros. Este es el mensaje de Juan el Bautista y las profecÃas de ElÃas. Nosotros no tenemos que esperar ochocientos años, pues nuestra vida es corta y la solución a todos los males siempre está en corto plazo, siempre y cuando tengamos fe en Dios.
Seguimos en el tiempo de Adviento, es decir, de preparación. Y el Evangelio de San Lucas de este dÃa nos habla de Juan el Bautista y su mensaje de preparación para la llegada de Jesús.
Termina la lectura con el mensaje de preparación de Juan:
“Entonces comenzó a recorrer toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta IsaÃas: “Ha resonado una voz en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios”.
Juan nos invita a prepararnos para recibir a Jesús. En este tiempo de Adviento, reflexionemos lo que en realidad significa su mensaje y enderecemos el camino todavÃa que hay tiempo.
Escuchemos a la verdadera voz que clama en el desierto de nuestro corazón.
Paciencia y fe, en esas dos palabras pueden resumirse las lecturas de hoy. Primero, IsaÃas nos dice que el llamado de Dios no siempre es fácil de seguir y de soportar:
IsaÃas sufrió mucho llevando la palabra de Dios a muchos lugares donde no era ni bien recibido ni tolerado. Sufrió tanto que se le ha llegado a conocer como “el profeta del sufrimiento”.
Finalmente, en el Evangelio de hoy, Jesús nos hace un resumen de las dos cualidades de hoy en una de sus enseñanzas en el área de Cesarea de Filipo:
“El que quiera venir conmigo, que renuncie a sà mismo, que cargue con su cruz, y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mà y por el Evangelio, la salvará”.
Muchas veces pensamos que nuestros problemas no tienen solución. Por más que pensamos y buscamos alguna salida, no la encontramos. Recordemos que lo primero que tenemos que hacer es tener paciencia y con fe esperar la justicia de Dios, que se dará a su tiempo. Tiempo. Con el tiempo las cosas se van dando por sà solas y las piezas van cayendo una por una para resolver el rompecabezas de nuestras dificultades.
Es increÃble que, en un momento dado, la solución simplemente se presenta ante nosotros como una mariposa posándose sobre una flor.
Hoy es el tercer domingo de Adviento, y en este dÃa encendemos la vela rosa, la cual represanta la alegrÃa y el regocijo. En tiempos antiguos se usaba para anunciar a la gente que no sabÃa leer que quedaban dos semanas antes de la Navidad. Este es un domingo de alegrÃa y de gozo en Dios. Para muchos de nosotros, esto puede parecer un poco fuera de lugar, especialmente si estamos pasando por dificultades.
Ciertamente, es muy difÃcil. Pero, como nos dice el profeta IsaÃas en la primera lectura:
“El espÃritu del Señor está sobre mÃ, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres. A curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros, y a pregonar el año de gracia del Señor”.
¡Ajá! ¡Ahà está la buena nueva! La Esperanza, la fe de que Dios hará justicia. Ese es el mensaje que debemos compartir. Ahà estará la alegrÃa.
San Pablo nos habla el dÃa de hoy de algo similar: