“Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre”, es la frase que Isabel pronunció y que nosotros recordamos en el rosario.
VivÃa de la forma más humilde en el desierto. Se alimentaba de saltamontes y miel silvestre y usaba un vestido hecho con piel de camello, ceñido con un cinturón de cuero; una descripción muy gráfica que es presentada en el Evangelio de san Marcos.
En este Segundo Domingo Ordinario, el profeta IsaÃas nos dice en la primera lectura cuál es la razón del pueblo de Israel: convertir a este pueblo en la Luz de las Naciones.
Pero Israel es como una niño joven, inmaduro, con berrinches, que va aprendiendo poco a poco. A este pueblo le van a tocar las pruebas más duras y poco a poco ira adquiriendo sabidurÃa y sensatez.
Y lo mismo nos pasa a nosotros: nuestros padres nos dan la semilla de nuestra religión, luego ellos mismos y nuestra comunidad nos harán crecer, y finalmente Jesús será quien coseche nuestros frutos… o nos ate para mandarnos al fuego por no haber sabido darlos.
Acerca de Juan
El Evangelio de San Juan nos presenta cómo Juan da testimonio de Jesús:
Hoy es el tercer Domingo de Adviento, dÃa conocido como de la AlegrÃa y el Regocijo, y en algunos paÃses como el dÃa de San Juan.
En la mayorÃa de las iglesias católicas, se tienen cuatro velas, tres de color púrpura y una de color rosa. Cada vela representa una semana del tiempo de adviento, es decir, preparación para el nacimiento del Redentor.
Pero la vela rosa represanta la alegrÃa y el regocijo. En tiempos antiguos se usaba para anunciar a la gente que no sabÃa leer que quedaban dos semanas antes de la Navidad.
En la primera lectura, IsaÃas nos sigue describiendo en forma un poco abstracta la imagen de Juan el Bautista, el profeta antes del MesÃas. En la segunda lectura, Pablo sigue llamando la atención del pueblo corrupto para que abandonen sus excesos y malas acciones. Paciencia, nos pide Pablo a todos.
El caso de Juan
Juan el Baustista, hijo de Isabel, la prima de la Madre de Dios, MarÃa, estaba en el vientre cuando escuchó la voz de MarÃa “y brincó de gozo”, pues en ese momento recibió al EspÃritu Santo.
Los judios quieren, esperan, a un libertador poderoso.
Pero Jesús le manda a responder a Juan lo siguiente:
“Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mÔ.Â
Ciegos, cojos, sordos, leprosos, sordos, muertos… y los pobres. Todos ellos, los más bajos de toda la escala social. Para ellos ha venido primero Jesús. Luego extenderá su influencia con todos los demás, pero en ese momento sus manos están con los más necesitados.
Es por eso que hay incertidumbre, duda, y hasta decepción en el pueblo judÃo. ¡Este no es el mesÃas que estaban esperando!, ¡Él no es el Rey poderoso con un ejercito inmenso que destruirá a sus enemigos!
¡Este lo que habla es que perdonemos! ¡Que pongamos la otra mejilla!
Y es que, si esperamos que Jesús sea el mesÃas que nos traerá riqueza, pues la verdad es que vamos a quedar bien decepcionados.
La recompensa de Jesús es mucho más grande que todo el dinero del mundo.
Afortunadamente, sabemos que Juan lo entenderá y lo aceptará. Finalmente, lo reconocerá con el MesÃas, el Salvador… y lo bautizará en el rio Jordán.
¡Oh Dios, restáuranos. Que brille tu rostro y nos salve!
Salmo 79
En la segunda lectura Pablo nos dice “Aquà estoy, Dios mio; vengo para hacer tu voluntad”, de la misma manera que MarÃa, la Madre de Dios, aceptó su misión.
E ISabel responde “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre“. No olvides esto: Isabel y su esposo ZacarÃas son personas mayores de edad, ¡muy mayores! de hecho bastante viejos, y recibieron con una gran sorpresa el anuncio del Angel Gabriel de que iban a ser padres.