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Domingo de la Divina Misericordia del Señor – Abril 24, 2022

Jesús de la Divina Misericordia
Jesús de la Divina Misericordia: Public Domain, Link

Hoy es el Segundo Domingo de Pascua, también conocido como el Domingo de la Divina Misericordia del Señor.

Hechos de los Apóstoles 5, 12-16

En aquellos días, los apóstoles realizaban muchas señales milagrosas y prodigios en medio del pueblo. Todos los creyentes solían reunirse, por común acuerdo, en el pórtico de Salomón. Los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente los tenía en gran estima.

El número de hombres y mujeres que creían en el Señor iba creciendo de día en día, hasta el punto de que tenían que sacar en literas y camillas a los enfermos y ponerlos en las plazas, para que, cuando Pedro pasara, al menos su sombra cayera sobre alguno de ellos.

Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén y llevaba a los enfermos y a los atormentados por espíritus malignos, y todos quedaban curados.

Salmo 117, 2-4. 22-24. 25-27a

R. (1) La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.
Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”. R.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
Este es el día de triunfo del Señor:
día de júbilo y de gozo. R.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Libéranos, Señor, y danos tu victoria.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga.
Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19

Yo, Juan, hermano y compañero de ustedes en la tribulación, en el Reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús.

Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente, como de trompeta, que decía: “Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete comunidades cristianas de Asia”. Me volví para ver quién me hablaba, y al volverme, vi siete lámparas de oro, y en medio de ellas, un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la altura del pecho, con una franja de oro.

Al contemplarlo, caí a sus pies como muerto; pero Él, poniendo sobre mí la mano derecha, me dijo: “No temas. Yo soy el primero y el último; yo soy el que vive. Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos de los siglos. Yo tengo las llaves de la muerte y del más allá. Escribe lo que has visto, tanto sobre las cosas que están sucediendo, como sobre las que sucederán después”.

Evangelio según San Juan 20, 19-31

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

Santo Tomás
Santo Tomás. Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6804893

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

 

Lecturas del Domingo: Asunción de la Bienaventurada Virgen María

María e Isabel
Detalle de vitral de María visitando a su prima Isabel. Corpus Christi Parish. Lawrence, MA

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab

Se abrió el templo de Dios en el cielo y dentro de él se vio el Arca de la Alianza. Apareció entonces en el cielo una figura prodigiosa: una mujer envuelta por el sol, con la luna bajo sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza. Estaba encinta y a punto de dar a luz y gemía con los dolores del parto.

Pero apareció también en el cielo otra figura: un enorme dragón, color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y una corona en cada una de sus siete cabezas. Con su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Después se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo, en cuanto éste naciera. La mujer dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue llevado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, a un lugar preparado por Dios.

Entonces oí en el cielo una voz poderosa, que decía: “Ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios, de su dominio y de su reinado, y del poder de su Mesías”.

Salmo Responsorial – Salmo 44

R. (10b) De pie, a tu derecha, está la reina.
Hijas de reyes salen a tu encuentro.
De pie, a tu derecha, está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.
R. De pie, a tu derecha, está la reina.
Escucha, hija, mira y pon atención:
olvida a tu pueblo y la casa paterna;
el rey está prendado de tu belleza;
ríndele homenaje, porque él es tu señor.
R. De pie, a tu derecha, está la reina.
Entre alegría y regocijo
van entrando en el palacio real.
A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.
R. De pie, a tu derecha, está la reina.

Primera Carta a los Corintios 15, 20-27

Hermanos: Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte, también por un hombre vendrá la resurrección de los muertos.

En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida, pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo.

Enseguida será la consumación, cuando Cristo entregue el Reino a su Padre, después de haber aniquilado todos los poderes del mal. Porque él tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos. El último de los enemigos en ser aniquilado, será la muerte, porque todo lo ha sometido Dios bajo los pies de Cristo.

Evangelio de San Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María:
“Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre
y su misericordia llega de generación en generación
a los que lo temen.

Ha hecho sentir el poder de su brazo:
dispersó a los de corazón altanero,
destronó a los potentados
y exaltó a los humildes.
A los hambrientos los colmó de bienes

y a los ricos los despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia,
vino en ayuda de Israel, su siervo,

como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a su descendencia
para siempre’’.

María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa.

La Hora de los Pobres, los Perseguidos y los que Sufren

los cuatro seres vivientes
Cuatro seres vivientes, también conocidos como los portadores o asesores del trono

El domingo escuchamos el Sermón de la Montaña, la enseñanza de Jesús de que, a pesar de todo lo horrible por lo que podamos estar pasando, debemos tener esperanza de que pasará y nuestra recompensa será grande en el Reino de los Cielos.

Hoy escucharemos una parte del Apocalípsis del Apóstol San Juan que está muy relacionada a esta enseñanza.

Yo, Juan, vi un ángel que venía del oriente. Traía consigo el sello del Dios vivo y gritaba con voz poderosa a los cuatro ángeles encargados de hacer daño a la tierra y al mar.
Les dijo: “¡No hagan daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que terminemos de marcar con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios!” Y pude oír el número de los que habían sido marcados: eran ciento cuarenta y cuatro mil, procedentes de todas las tribus de Israel.
Vi luego una muchedumbre tan grande, que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. Todos estaban de pie, delante del Trono y del Cordero; iban vestidos con una túnica blanca; levaban palmas en las manos y exclamaban con voz poderosa: “La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero”.
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, cayeron rostro en tierra delante del trono y adoraron a Dios, diciendo: “Amén. La alabanza, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fuerza, se le deben para siempre a nuestro Dios”.
Entonces, uno de los ancianos me preguntó: “¿Quiénes son y de dónde han venido los que llevan la túnica blanca?” Yo le respondí: “Señor mío, tú eres quien lo sabe”. Entonces él me dijo: “Son los que han pasado por la gran persecución y han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del cordero”.

 

El sacrificio de sangre de los discípulos

Juan en la Isla de Patmos
Juan en la Isla de Patmos tiene un encuentro con Jesús.

Justo este domingo pasado, hablábamos acerca de los sacrificios de los Católicos y Cristianos en el mundo para llevar la palabra de Dios, y cómo todo había comenzado con los acosos y muertes de los doce seguidores de Cristo originales.

De los doce apóstoles, se dice que únicamente Juan murió de causas naturales. Exiliado en la Isla de Patmos después de terribles persecuciones, el apóstol pudo escribir no sólo su evangelio con una gran claridad y detalle, sino que también fue testigo de las narraciones de Jesús acerca del Apocalipsis. Precisamente, de éste libro, la segunda lectura de este pasado domingo nos dice:

“Mira, volveré pronto y traeré conmigo la recompensa que voy a dar a cada uno según sus obras. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Dichosos los que lavan su ropa en la sangre del Cordero, pues ellos tendrán derecho a alimentarse del árbol de la vida y a entrar por la puerta de la ciudad”.

¿Deberíamos asustarnos por estos mensajes del Apocalipsis? De ninguna manera, pues al contrario, el mensaje está claro: dar la vida por la Palabra de nuestro Señor Jesucristo es el sacrificio más grande y con la recompensa de vida eterna.

Pero, no te preocupes. Esto no quiere decir que tienes que morir para poder dar gloria a Dios. Con tus buenas acciones diarias, llevando un vida sencilla, ayudando a los demás, y llevando y siguiendo la Palabra de Jesús, tu también te conviertes en su apóstol y mensajero, digno del premio de la vida eterna.

 

Pascua 2019, Cuarto Domingo

San Pablo en Grecia
“San Pablo dando un sermón en Atenas, Grecia” por Raphael – Royal Collection of the United Kingdom, Public Domain, Link

Jesús dijo a los judíos:

“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás. Nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y Él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.

¡Alegrémonos, esas ovejas de las que habla Jesús somos todos nosotros!

Las lecturas de hoy nos hablan de que Jesús, Pablo y Bernabé, y hasta San Juan, se dirigen específicamente a los judíos, pero no a todo el pueblo en sí, sino a los jerarcas, sumos sacerdotes, y escribas.

Y todos les hablan de las ovejas, los paganos, y “una muchedumbre tan grande que nadie podía contarla” (Jesús, Pedro y Juan se expresaron en esos términos, respectivamente).

Les dijo Pablo a los sumos sacerdotes –que le tenían tanta envidia por las multitudes que atraía– :

“La palabra de Dios debía ser predicada primero a ustedes; pero como la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos”.

¡Alegrémonos, nosotros somos los paganos y se nos ha dado el tesoro de la vida eterna!

Dice San Juan en el Apocalipsis:

“Yo Juan, vi una muchedumbre tan grande que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas. De todos los pueblos y lenguas”.

¡Alegrémonos, pues esa muchedumbre somos todos nosotros!

La Alianza de Dios con la Humanidad estaba reservada exclusivamente para los judíos; pero Jesús, con su sacrificio y resurrección, la trajo para todos nosotros, en todos los tiempos y en todos los lugares.

¡Alegrémonos, Jesús nos ha dado vida eterna!

Lecturas del Domingo: Noviembre 18, 2018 – Estemos preparados

Daniel en la cueva de los leones
Daniel en la cueva de los leones, por Briton Rivière – Manchester City Art Gallery [sic!], Public Domain, Link
Hoy es el último domingo del tiempo ordinario. La semana próxima será el último domingo del año litúrgico, y comenzará el tiempo de preparación para la Navidad.

Y en este día las lecturas tienen tintes un poco obscuros, pues son tomadas de visiones apocalípticas. Recordemos que hay muchas profecías en la Biblia que nos hablan del final de los tiempos, especialmente los profetas Elías, Daniel, y San Juan y el mismo Jesús. Hoy escucharemos primero a Daniel.

“En aquel tiempo, se levantará Miguel, el gran príncipe que defiende a tu pueblo”.

Esta es una referencia al Arcángel Miguel, que junto con Gabriel son dos de nuestros principales defensores.

“Será aquél un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo. Entonces se salvará tu pueblo; todos aquellos que están escritos en libro”.

Obviamente, esto se refiere a la “lista de gente buena” que tendrá la dicha de salvarse, y eso incluye a vivos y muertos.

“Muchos de los que duermen en el polvo, despertarán: unos para la vida eterna, y otros para el eterno castigo”.

El libro de Daniel contiene muchas profecías, muchas de ellas relacionadas con Jesús. Pero hoy estamos hablando de una narración corta del Apocalipsis, y el contenido es muy similar al que más de doscientos años después nos presentará Juan en su propia versión.

Pero ahora, Jesús nos recuerda que:

“Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas, y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y él enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra hasta lo más alto del cielo”.

De nueva cuenta, leemos que habrá elegidos, y que no todos serán tan afortunados para poder subir la escalera al cielo. Pero, ¿Cuándo ocurrirá esto? Jesús nos dice:

“Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo, ni el Hijo; solamente el Padre”.

Así que, no piensen ustedes que no hay que preocuparse por ahora. El día del juicio va a ocurrir, y pasará cuando menos nos lo esperemos. Después, cada uno de nosotros, aunque ya estemos muertos, tendremos nuestra cita privada con Jesús, y después de evaluarnos personalmente, sin abogado, sin intermediario, nos dará nuestro resultado final:

Unos para la vida eterna, y otros para el eterno castigo.

 

Reflexión de Inicio de Año

Nos rodea la Fe

En este principio de año, quiero reflexionar acerca de la misión que tenemos los blogs. En un mundo con más de 7 mil millones de personas, los blogs que hablan acerca de religión sólo pueden llegar a unos cuantos miles. Si todos estos websites habláramos de la fórmula mágica para la salvación del alma, nuestro resultado no alcanzaría a tanta gente como la que uno quisiera. A veces, esto puede resultar frustrante.

Hemos hablado de los eventos que están predichos en la Biblia con respecto al Apocalipsis: la caída de una “montaña” en el mar, la llegada de un monstruo, el marcado de la gente con el terrible número del enemigo, y otros más.

Dios nos dice constantemente en las escrituras que nadie sabe ni el día ni la hora en que el Juicio Final llegará. Los sucesos que se relatan en el Apocalipsis son tan nefastos, pero si nos ponemos a ver a nuestro alrededor, no están todavía ocurriendo, o al menos aun no ha caído el asteroide en el mar o ha aparecido un monstruo con muchas cabezas.

Sin embargo, al poner atención, la cadena de eventos que producirán estos hechos ya están en marcha: Guerras, pérdida de humanidad (cuántos crímenes desgarradores no estamos viendo en las noticias), catástrofes naturales y creadas por el hombre que están transformando al mundo, etc.

Hagamos una pausa y pensemos: estas cosas han ocurrido por miles de años. Herodes mandó matar a cientos de niños en su reinado por miedo a la profecía del nacimiento de Jesús. ¡Esto es algo siniestro! Pero no es único: Los egipcios mataban a cientos de bebés judíos para evitar la reproducción del pueblo de Israel. Las culturas prehispánicas destrozaban a los enemigos con la intención de atemorizar a los pueblos débiles. Asesinatos por codicia, celos, venganza. Todo ha ocurrido por miles de años.

Pongamos atención a las épocas de la humanidad en las que ocurren calamidades. Después de un tiempo, la misma gente o se acostumbra, o recapacita, o se adapta. Y lo que parecía ser el fin del mundo, no se convierte más que en otro recuerdo para los libros de historia. Una vez pasado el susto, viene un período de tranquilidad y hasta de prosperidad.

Yo veo esta parte de la historia como una curva que sube (prosperidad), y luego baja (muertes, enfermedades, guerras, depresión).

Pero este ciclo se va a romper un día, y lo que quede será sólo la parte baja.

¿Cuándo ocurrirá? Nadie lo sabe. Ni hay una forma de calcularlo. Sin embargo, y como apuntábamos líneas arriba: es muy posible que en nuestra vida no veamos la destrucción del mundo, pues aún falta mucho reacomodo de las piezas para que esto ocurra… sin embargo, no hay duda que estamos siendo testigos de que se está formando esta nube negra.

Ahora bien, esto no quiere decir que nos vamos a salvar del castigo o que no veamos el Juicio Final. Cuando nuestro cuerpo duerma –al morir—nuestro Espíritu no va a desaparecer. En el instante que pasemos de la vida a la muerte, sólo cerraremos los ojos y cuando podamos ver de nuevo sentiremos que sólo han pasado unos minutos. Será como si hubiéramos tomado una siestecita, aunque en la Tierra hayan pasado tal vez un día o quizá miles de años.

Por recuento de los que saben, tendremos un período de reconciliación, recuento y perdón. Y entonces veremos nuestro juicio, y tal vez el de todos los demás.

En las narraciones del Apocalipsis ocurre lo mismo: después de cada destrucción por parte del enemigo, la luz de Dios lo detiene –pero no lo destruye—y la humanidad tiene un período de tranquilidad y hasta de prosperidad. El último de ellos es de mil años.

Pero, ¿sabes qué destruye cada período de tranquilidad? Los habitantes de la Tierra vuelven a caer, se vuelven otra vez al pecado y la perdición. Es ahí que el enemigo vuelve a tomar forma y renacer.

Entonces, ¿Cuál es el objetivo de escribir en estos websites?, ¿Cuál es la intención de escribir sobre lo que no nos va a pasar o lo que de todas formas se va a presentar? La respuesta es sencilla: salvar la mayor cantidad de gente que se pueda.

No, no se trata de decir que yo y sólo yo tengo la verdad en mis manos y sólo yo sé cómo se puede salvar la gente. Eso es muy peligroso.

Pero lo que podamos presentar es nuestro grano de arena; no para detener lo inevitable, sino para ayudar a quien tenga la duda, la pregunta, la inquietud.

Y es nuestra responsabilidad de pasar esta información a nuestros descendientes. Así, nuestro legado será una oportunidad para la Salvación.

Los bunkers de los ricos y famosos… ¿De qué les servirán?

bunker
Maqueta a escala de un bunker o refugio

Estaba revisando el otro día uno de mis artículos del Apocalipsis, cuando noté una descripción muy interesante: durante la ruptura de los siete sellos, en el último tenemos:

  • Sexto sello: Al romperse, se sintió un gigantesco terremoto que hizo temblar a toda la Tierra. Los ricos y poderosos pedian que la piedras los cubrieran para que Dios no los viera y los dejara en paz, y no les cobrara por sus obras malas.

Y luego, me tope con el siguiente video:

Mi pregunta es, ¿De que les servirá todo lo que gasten, si sus inmundicias están expuestas a los ojos de Dios?

Lecturas del Domingo: Noviembre 13, 2016 – ¿Cuándo vienes, Señor?

fin de los tiempos

¿Cuándo es que vuelve Jesús? Y, ¿de qué forma vendrá, con cuál mensaje?, ¿A quiénes favorecerá y a quiénes les irá mal?

Las lecturas de hoy tienen un mensaje apocalíptico, del final de los tiempos. El profeta Malaquías nos dice en la primera lectura que “Ya viene el día del Señor, ardiente como un horno, y todos los soberbios y malvados serán como la paja”.

Luego, en la segunda lectura, Pablo habla un poco de sí. Ya sabemos cómo le gusta al apóstol ser un poquito presumido de sus habilidades y sacrificios, pero esta vez agrega un mensaje un poco más fuerte:

“El que no quiera trabajar, que no coma. Ahora vengo a saber que algunos de ustedes viven como holgazanes, sin hacer nada, y además, entrometiéndose en todo. Les suplicamos a esos tales, y les ordenamos, de parte de nuestro Señor Jesús, que se pongan a trabajar en paz para ganarse con sus propias manos la comida”.

Así que ya tenemos algunas claves de lo que NO debemos ser para poder salvarnos:

  • Nada de malvados.
  • Nada de soberbios.
  • Nada de holgazanes ni metiches.

Pero, ¿cómo saber que Jesús está por venir? En el Evangelio, nuestro Señor nos dice que:

“Se levantará una nación contra la otra, y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes guerras, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.

Pero eso no será lo peor. Jesús habla de persecuciones contra todos los Crisitianos, los que sigan su palabra:

“Los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí”.

Y lo importante es mantenerse. Ni siquiera es necesario prepararse para saber qué decir, pues:

“Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes”.

Traiciones, guerras, odio. Pero siempre el mensaje de esperanza para los más fuertes:

“Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

Apocalipsis – Conclusiones y observaciones

Una imagen con todos los eventos del apocalipsis
El Apocalipsis relatado en imágenes en una iglesia ortodoxa

Llegamos al término del análisis del Libro del Apocalipsis del Apostol San Juan. Ahora nos dedicaremos a sacar algunas conclusiones y a hacer algunas observaciones.

El antecedente

El daño que se hizo con el pecado original no es algo sencillo. Se trata de una ofensa a Dios tan grande que el castigo consistió en liberar a la muerte, el dolor y la miseria sobre el Hombre. Sólo Dios mismo puede arreglar esto.

Al final, dos figuras salen a resaltar de toda esta situación: Satanás, el enemigo, supo enredar a la Humanidad para ofender a Dios; pero, ojo, el Hombre no es inocente. La Humanidad tiene libre albedrío, voluntad propia, claramente sabe lo que hace.

Las ofensas a nuestro Señor no fueron sólo de Adán y Eva; se siguen dando día a día en nuestras vidas y por voluntad propia. Aunque podemos defendernos diciendo que somos engañados por el diablo, al final somos nosotros los que tomamos el camino.

Los tiempos del apocalipsis son largos

¡Vaya que lo son! Simplemente, desde el inicio de los eventos hasta cuando el enemigo es arrojado al lago de fuego, ¡han pasado más de 1,010 años!

Muchas personas encuentran decepcionante que tienen que ocurrir eventos terríficos, y que luego hay que esperar un milenio para que todo se arregle. Pestes, plagas, demonios, todos afectándonos día a día. ¡Eso es demasiado!

Y esto precisamente es lo que el príncipe de la mentira quiere: que te canses; que te decepciones; que tires la toalla y finalmente digas: “ya no puedo mas, mejor me entrego a lo fácil“.

Sólo recuerda, no debemos pensar en términos humanos de tiempo. 1,000 años no son nada comparados con la edad del cosmos. Hablamos de que los que se porten bien, y logren estar junto a los elegidos, tendrán vida eterna junto a Dios y al Cordero, no importa el tiempo que pase.

La constante

¿Hay algún evento que se repite frecuentemente durante el apocalipsis? ¡Claro que sí! Y es que la humanidad constantemente se rebela contra Dios. Aunque el enemigo es quien mete la cola, al final somos nosotros mismos quienes decidimos nuestras acciones.

Al final, nuestro juicio será sobre nuestras acciones, nuestras debilidades. El chamuco será juzgado y condenado, pero tu y yo no podremos decir: “es que fui engañado por el diablo“. Créeme, esa defensa no te va a valer.

¿No estamos alertando al enemigo al decirle todo lo que va a pasar?

Esta es una de las más frecuentes ideas que se mencionan por parte de la gente que estudia teología y filosofía: al estar describiendo los sucesos del Apocalipsis, ¿no estamos dándole al diablo y sus seguidores la información suficiente para que cambien lo que va a suceder?

La respuesta puede estar en que los tiempos humanos y del cielo son muy diferentes. Han pasado casi 2,000 años desde la escritura del libro. ¡Eso es mucho tiempo para planear una verdadera defensa contra lo que se viene!

Pero para Dios, eso es sólo unos pocos segundos. Podemos decir que el chamuco en este momento está haciendo toda la planeación, y muy posiblemente efectuando pasos, todo acorde con el libro.

¿Qué es lo que puedo hacer?

Todos somos humanos, en nuestro corazón y alma tenemos lo bueno y lo malo. No somos seres perfectos que sólo sabemos hacer el bien, pues tenemos debilidades. Sin embargo, por tener voluntad propia, las claves para salvar tu alma las tienes tú mismo:

  • Jesús lo dijo: “Ámense los unos a los otros como yo lo he amado“. Aquí se resume todo.
  • Vive tu vida. No te preocupes de lo que viene, pues nada lo detendrá; y tú y yo somos insignificantes para cambiar el resultado. Lo único sobre lo que tienes control es sobre tu propia salvación.
  • No ofendas a Dios. Tú sabes las cosas que lo ofenden. Simplemente, no las hagas. La tentación la vamos a tener siempre. La decisión es tuya.
  • Ofrece sacrificios. ¡Espera, deja en paz a ese cordero que vas a degollar! No, los sacrificios ya nos son de matar animalitos. Ahora son cosas que puedes ofrecer a Dios para agradarlo. ¿Sacaste una A o 100 en la escuela? Di: “Gracias Diosito por este resultado, que lo hice con mi esfuerzo y que te lo ofrezco como mi ofrenda“. Tu esfuerzo es tu trabajo, eso es tuyo, no lo hace tu papá, o mamá, o esposo, o esposa, o novio, o novia. No, es tuyo.
    La expresión vocal de decir que lo ofreces es lo que importa.
    ¿Quieres hacerlo en silencio y discreción? ¡Está muy bien! ¿Lo quieres hacer frente a miles de personas? Pues, si lo haces de corazón, también está bien. Si no lo haces de corazón, podrás engañar a millones, pero no a Dios.
    Tu esfuerzo y tu resultado son tu ofrenda.
  • Ora, ora, ora. No me refiero a que sólo repitas inconscientemente las oraciones del catecismo sin saber lo que dices. Sí, esas oraciones son importantes. Pero, habla con Dios. Explícale tus problemas. Platícale lo que hiciste este día, lo que lograste, lo que te da miedo,  y lo que te gustó.
  • Reconoce su obra. Si te escapaste de un accidente, si te libraste de una enfermedad, si te ganaste la lotería. Reconócelo y agradécele. Un simple “Gracias Señor” en murmuro son de gran agrado a Dios.
  • Finalmente, lleva su Palabra y su mensaje.

El que tenga oídos, que oiga.

Ojalá que estos documentos te sean de utilidad. Intégrate a una comunidad cristina. A mí me ha resultado de mucho provecho mi religión Católica. Cree y crece. No tengas miedo y que Dios nos bendiga a todos.