Tag Archives: Sabiduría

Las Riquezas del Rey Salomón

El Sueño de Salomón
El Sueño de Salomón, por Luca GiordanoWeb Gallery of Art:   Image  Info about artwork, Public Domain, Link

El Rey Salomón, hijo de David, patriarca del mundo judío y del nuestro cristiano también, se caracterizó por tener un corazón sabio y haber llevado a su pueblo a una de las más grandes épocas de su existencia, en la que había muchas riquezas y el pueblo estaba siempre contento.

Aunque, por eso mismo, al final Salomón tomó el mal camino y tuvo un final no tan feliz.

Pero, recordando el Evangelio de San Mateo de este pasado domingo en que hablábamos de las verdaderas riquezas a las que debemos aspirar, hoy tomarémos del Primer Libro de Reyes un segmento de la vida de querido rey, el cual, cuando siendo muy joven, fue proclamado Rey de Israel:

“En aquellos días, el Señor se le apareció al Rey Salomón en sueños y le dijo: ‘Salomón, pídeme lo que quieras, y yo te lo daré’.
“Salomón le respondió: ‘Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy mas que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón, para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?'”.

Una petición tan humilde y sencilla que sólo una persona de corazón bueno podía hacer. Y eso tuvo su recompensa. Termina la lectura:

“Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: ‘Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes, ni lo habrá después de tí. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo'”.

La verdadera riqueza de Salomón: un corazón bueno y humilde, coronado con Sabiduría de Dios.

 

Lecturas del Domingo: Agosto 19, 2018 – Hablando de la Sabiduría

Espíritu Santo
“El Espíritu Santo” por Dnalor 01Own work, CC BY-SA 3.0 at, Link

La Sabiduría es uno de los dones –algunos la identifican como regalos– del Espíritu Santo, que junto con el Padre y El Hijo forman la Santísima Trinidad; y esta semana hablamos de ella en las tres principales lecturas.

Jesús, dirigiéndose a un grupo de judíos, les dice:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”.

Obviamente, cuando los judíos escucharon estas palabras se escandalizaron, pues lo primero que pensaron fue que Jesús se refería literalmente a su piel y músculos, y a su sangre. Los comentarios no tardaron en escucharse de rechazo e incredulidad: “¿Cómo puede éste darnos a comer de su carne?”.

¿Por qué, para nosotros no es un escándalo escuchar este pasaje? Después de la Resurrección de Jesús, la Verdad fue revelada para todos en el día de Pentecostés. En otras palabras, la Sabiduría entró en la vida de todos nosotros. Podría decirse que “se nos abrieron los ojos”. En ese entonces, todos tenían una venda que no les permitía ver la Palabra de Dios, pues todavía tenía que ocurrir la Pasión, Muerte y Resurrección.

Jesús nos trajo no sólo vida eterna, sino que también nos dio nuevos conocimientos para ayudarnos a entendernos a nosotros mismos y nuestra relación con Dios. Todo a través de Él.

En la Primera Lectura dice el Libro delos Proverbios:

“La Sabiduría se ha edificado una casa, ha preparado un banquete, ha mezclado el vino y puesto la mesa. Ha enviado a sus criados para que, desde los puntos que dominan la ciudad, anuncien esto: ´Si alguno es sencillo, que venga acá´.
“Y a los faltos de juicio les dice: ´Vengan a comer de mi pan y a beber del vino que he preparado. Dejen su ignorancia y vivirán, avancen por el camino de la prudencia´”.

Finalmente, en la Segunda Lectura, San Pablo nos recuerda que la falta de Sabiduría no traerá nada bueno al hombre:

“Hermanos: tengan cuidado de no portarse como insensatos, sino como prudentes, aprovechando el momento presente, porque los tiempos son malos”.

En verdad, los tiempo son malos y pueden ser todavía peores sin la presencia de la conciencia, el temor a Dios, y la prudencia que nos da la Sabiduría.

Por favor, seamos dignos del gran regalo que Jesús nos dejó, que no lo tuvieron nuestros antepasados por espacio de miles de años. No nos portemos como insensatos.

Lecturas del Domingo: Junio 10, 2018 – Hablando del enemigo

Flanders el diablo
Flanders: el diablo es quien menos te lo imaginas. Fair use, Link

Este domingo volvemos al tiempo ordinario de la Iglesia y estamos en el décimo. Cabe recordar que el tiempo ordinario comprende dos tercios del calendario eucarístico, dejando el resto a la cuaresma, la pascua y el adviento.

Hoy tenemos como un personaje de relato principal nada más ni nada menos que al hombre de rojo, al chamuco, a patas de cabra, al diablo.

Para todos aquellos que piensan que este personaje es fácil de destruir, de manejar, que cualquiera lo hace tonto, o que con un crucifijo se le puede destruir, les recuerdo que el mismísimo satanás ha estado frente a Dios, cerca de Él y ante el mismo Dios le ha pedido que le de poder sobre Job, el paciente.

Y no se diga que ha estado hablando cara a cara con Jesús, durante los 40 días que pasó nuestro señor en el desierto.

Al diablo nos lo presentan de muchas formas, pero en la primera lectura de hoy, el Génesis nos lo trae como la serpiente que engañó a Eva e hizo que Adán comiera la fruta prohibida, lo que causó la furia de Dios y que trajo el pecado original a toda la Humanidad.

En este caso, Dios había prohibido a Adán y Eva que comieran del árbol de la sabiduría del bien y del mal. En el momento que comieran el fruto de ese árbol, verían todo como lo ve Dios. El pecado no fue la acción de comer, sino la soberbia de querer ser como Dios, de ver todo como Él.

Al comer la fruta –que en ninguna parte se menciona que era una manzana—se les “abrieron los ojos”, es decir comprendieron que estaban desnudos y sintieron vergüenza, y después de eso se escondían de Dios por esa pena que sentían. En ese momento entendieron que habían perdido el enlace que los unía directamente a Dios, desde ese momento no podían estar frente a Él como estaban acostumbrados.

Y el culpable, el diablo en forma de serpiente, no se quedó sin castigo. Le dijo Dios:

“Porque has hecho esto serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias salvajes. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida”.

Este evento, tan desastroso para toda la humanidad, no es sólo entre dos seres humanos y un reptil. Es algo que sucedió en el tiempo de la Creación, que posiblemente ni siquiera este en términos humanos sino en términos infinitos de Dios, cuando no existía ni siquiera la Tierra, y todo lo que había eran los ángeles y los espíritus que serían Adán y Eva, todos en el Paraíso, o sea frente a Dios, en su gracia.

Sin duda, algo un poco difícil de imaginar.

Ahora, imaginemos qué locura escuchar en el evangelio de hoy que Jesús, el Hijo de Dios, fue acusado por los escribas y gente del Templo, ¡Que Jesús estaba poseído por Satanás!

Jesús les dijo:

“¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos, no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa”.

De esta forma calló la boca de todos aquellos que lo acusaban de estar poseído. ¡Ya no más eso nos faltaba! ¡Y todavía hay quien se queja de por qué fuimos expulsados del paraíso!

Este es tiempo de reflexionar.

Lecturas del Domingo: Septiembre 10, 2017 – “Lo que aten en la tierra será atado en el cielo; lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo”

los nudos
Nudos

Este domingo es conocido en algunos lugares como el Día de Atar y Desatar. Hace dos semanas escuchábamos a Jesús otorgarle a Pedro el poder de atar y desatar almas por sus acciones aquí en vida.

Pero ahora Jesús nos entrega ese mismo poder a todos… bueno, a casi todos.

“Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero, si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de a un pagano o de un publicano”.

Jesús nos da tres escalas de autoridad:

  • A solas con el infractor. Este es el primer paso, y como podemos ver, nos pide que seamos prudentes, pues se trata de algo serio. ¿No ocurre muchas veces que a veces queremos salir corriendo con la primicia del chisme?
  • Con uno o dos testigos, para que quede claro.
  • A la comunidad.

Si después de esto no hay resultados, y el infractor quiere seguir en su pecado, pues es hora de retirarnos.

Pero, ¿quiere decir esto que debo convertirme en el policía de mi hermano? ¿tengo yo la autoridad de juzgar?

No es tan sencillo. Imaginemos este caso: Una niña de sólo 15 años se embaraza, y su madre, de tan sólo 30 años, no le llamó la atención. ¿Debemos culpar a la madre por esta situación? ¡Ella misma fue una niña cuando estuvo embarazada! Ella no tenía el conocimiento en ese entonces y muy difícilmente lo tendrá ahora para guiar a su hija.

Si tu tienes el conocimiento, entonces es tu deber juzgar con prudencia la situación. Si eres un científico que sabes que el nuevo químico que se va a agregar a la comida que fabrica tu empresa es nocivo… y no haces nada… entonces eres tú el que se condena. No es el público, aunque digas que es una responsabilidad compartida. ¡Tu eres el que tiene el conocimiento!

Pero, si ni siquiera sabes todos los detalles de la situación e inmediatamente te pones a criticar y a juzgar… entonces también te estás metiendo en problemas.

Todos tenemos nuestras vidas en familia, con amigos, y en el trabajo. Y en todos estos lugares suceden cosas, a veces malas. Sepamos –y pidamos sabiduría para entender– las situaciones y obremos como nos lo pide Jesús, pero siempre con prudencia en el primer paso.

 

Jesús finaliza el Evangelio con una frase llena de optimismo para esta semana:

“Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

 

 

Lecturas del Domingo: Julio 16, 2017 – El sembrador, las semillas y la tierra

Parábola del Sembrador
Representación de la parábola del sembrador, por Sulfababy of en.wiki – Wikipedia en inglés, CC BY 2.5, Enlace

El domingo pasado, las lecturas nos decían que la verdadera sabiduría estaba escondida a los poderosos y a los ricos, y que debíamos ser humildes y mansos de corazón para poderla entender.

Hoy es una ocasión importante, pues la Primera Lectura, el Salmo, y el Evangelio nos narran con con mucha precisión el mismo concepto: la metáfora de las semilla que da fruto en el ambiente correcto, con los elementos precisos y con con el cuidado necesario.

Dice la Primera Lectura, del profeta Isaías:

“Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven para allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión”.

Dice el responsorial del Salmo de hoy:

“La semilla cayó en tierra buena y dio fruto”.

Y, finalmente, el Evangelio nos dice que Jesús, al ver a tanta gente que se reunía para escucharlo, tomo una balsa y desde la costa se dirigió a pueblo con esta parábola:

“Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron unos pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero, cuando subió el sol los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron sofocaron a las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno, otros sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”.

Tomemos en cuenta que, cuando todos estos mensajes se escucharon por primera vez, la genta estaba desconcertada, pues no sabía exactamente a qué se referían Isaías, el rey David, y Jesús con palabras como sembrador, semilla, tierra, etc. Para nosotros, en la actualidad y después de cientos de años de análisis y publicaciones, suponemos que es fácil de entender este mensaje… o al menos eso creemos.

Decifrando el mensaje

Estamos claros que el Sembrador es obviamente Dios, ¿verdad? Y que la semilla es su Palabra, ¿de acuerdo?

Ok, –dicen algunos– yo siempre pensé que el Sembrador es Jesús“, ¡Y están en lo correcto! ¡Porque Jesús y Dios son uno mismo!

Pero, ¿Qué es en sí la Palabra? La Palabra es el mensaje de Dios, es el llamado. Cuando Él te llama a que lo sigas. La Palabra también es el mensaje que ha resonado por miles de años y que lo recibimos todas las semanas en las lecturas dominicales.

Bien, y ¿ahora? El siguiente elemento es La Tierra, donde germinará la Palabra, donde el mensaje de Dios debe comenzar a actuar. ¿Dónde es este lugar? Es nuestro corazón.

Un corazón duro no la dejará germinar. Un corazón temeroso la dejará germinar, pero a la primera prueba se desmoronará. Un corazón bueno será la tierra fértil, donde dará fruto, y la persona comenzará a seguir el mensaje de Dios, La Palabra de Jesús, con sus semejantes, con su país, con su gente, con los animales, con la vida.

Dice Jesús:

“Oirán una y otra vez, y no entenderán; mirarán y volveran a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón.
“Pero dichosos ustedes , porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oir lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron. Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador:
“A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Eso es lo que significan los granos que cayeron en el camino.
“Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconsistente, no deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.
“Lo sembrado entre los espinos representa aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.
“En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”

 

 

 

Lecturas del Domingo: Octubre 30, 2016 – Todo es bueno viniendo de Dios

Zaqueo
Zaqueo, por Gunnar Bach Pedersen – Own work (Own photo)(Randers Museum of Art, Randers, Denmark), Public Domain, Link

Todo lo que viene de Nuestro Señor es bueno, así lo dice el Libro de la Sabiduría en la primera lectura de hoy.

“Porque tú amas todo cuanto existe, y no aborreces nada de lo que has hecho; pues si hubieras aborrecido alguna cosa, no la habrías creado”

Esto no lleva al Evangelio de hoy, cuando conocemos a Zaqueo. Este es un hombre que es jefe de los publicanos –en el artículo anterior hablábamos de que lo publicanos son los recaudadores de impuestos del imperio romano sobre los pueblos oprimidos. Los publicanos son odiados, pues son corruptos y déspotas– y aparte muy rico, posiblemente por todos las triquiñuelas que ha hecho en su vida.

Pero Zaqueo quiere ver a Jesús. Ha escuchado mucho de Él y quiere conocerlo. Está buscando la verdad, tal vez por curiosidad o sinceramente por necesidad de salvarse. Pero su pequeña estatura y el odio que le tiene el pueblo le impiden acercarse a Jesús.

A pesar de todas las dificultades, Zaqueo se las ingenia y se sube a un árbol cuando ve pasar a nuestro Señor. Cuando busques la verdad, cuando busques la luz, te encontrarás con muchas dificultades. Zaqueo fácilemente puede darse por vencido y retirarse a sus lujos y vida despreocupada. Pero no lo hace. Al contrario, se esfuerza y hace lo imposible por poder ver a Jesús.

Nuestro Señor se dirige a él y le dice que se baje, pues hoy cenará en su casa. La oración y esfuerzo de Zaqueo son recompensados.

Ya estando en la cena, el publicano le dice a Jesús:

“Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien le restituiré cuatro veces mas”. Jesús le contesta: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Todo lo que hace Dios, todo lo que viene de Él, es bueno, aunque parezca malo o inservible.