
El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Juan 1:1-18

El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Juan 1:1-18

Hace unas semanas hablábamos de que al rezar deberÃamos poner nuestra atención a lo que estamos diciendo, y no sólo repetir palabras sin sentido. Pero, muchas veces, las mismas oraciones suelen estar tan metidas en nuestra vida que a pesar de que sabemos las palabras, realmente no encadenamos su significado.
Recientemente analizamos el Padre Nuestro, y decÃamos que para entender mejor su significado, Ãbamos a hacerlo con imágenes, para de esta forma recordar mejor que es lo que significa cada parte.
Hoy haremos lo mismo con el Ave MarÃa.
Esta oración esta dividida en dos secciones: La primera es una exaltación a la Madre de Jesús, y la segunda es la de petición. ImagÃnate que vas con alguien a pedirle un favor, no le vas a decir de inmediato lo que necesitas, sino que primero, por cortesÃa, le saludas y hasta le haces un pequeño elogio. Asà funciona también el Ave MarÃa.
Veamos la primera parte, la cual está basada en la narración de la Anunciación, el momento en que el Arcángel Gabriel se le aparece a la Virgen y le dice lo que va a pasar:
Dios te salve MarÃa
Esta es una forma muy común de saludar en la antigüedad, asà de sencillo.

Llena eres de Gracia
Esto quiere decir que MarÃa está llena de Gracia, es decir, tiene muchas cualidades de pureza, honestidad y sacrificio. Esto no es algo que dice la gente de Jerusalén o los pueblos cercanos, sino que el mismÃsimo Dios lo ha visto en su corazón.
El Señor es contigo
Para que MarÃa no se llene de temor, Gabriel le dice que todo está bien, que Dios está con ella y, por lo tanto, protegida.
Bendita eres entre todas las mujeres
Obviamente, esto significa que ella tiene uno de los más grandes honores de todos los tiempos, que es la afortunada para toda la historia de la humanidad.

Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Gabriel ahora le dice que ella está esperando un niño –y esto es para lo que la estaba calmando lineas arriba– y que deberá ponerle de nombre Jesús.
Asà termina la primera parte, la del saludo. Ahora viene la parte de la petición.

Santa MarÃa, Madre de Dios
Es fácil recordar quien es MarÃa, la Madre de Jesús.

Ruega Señora por nosotros los pecadores
Recordemos que ella es nuestra intercesora, nuestra abogada. A ella le pedimos que ruegue por nosotros, no que nos haga el milagro, sino que ruegue, que interceda, que abogue.
Ahora y en la hora de nuestra muerte.
Y es que no sólo se trata de lo que pasa en nuestra vida, sino que también a la hora del juicio final… que es cuando más lo vamos a necesitar.
Ojalá y este artÃculo te sirva para entender mejor esta hermosa oración y la practiques todos los dÃas.

En este dÃa, el último del año, tenemos a MarÃa, José y Jesús como el modelo a seguir para todas las familias futuras: MarÃa aceptó, José creyó, y Jesús fue la Palabra.
Pero, no se trata de aceptar sin pensar, creer a ciegas, o simplemente hablar por hablar. Se acepta por convicción, se cree con el corazón, y la palabra no es nada sin acción. Y la Sagrada Familia es el mejor ejemplo de todas estas afirmaciones, pues cuando MarÃa se convirtió en la “esclava del Señor”, lo hizo sabiendo de corazón que no iba a ser algo sencillo. José sufrió, sin duda, fuertes dolores de confianza al enterarse que su esposa serÃa madre, sin siquiera haber tenido contacto con ella.
Finalmente, Jesús, no sólo predicó, sino que nos trajo la salvación pasando las pruebas más fuertes, más dolorosas, y al final dio su vida por todos nosotros.

Las lecturas de hoy nos hablan de uno de los acontecimientos más impresionantes –¿escalofriantes?– en la historia humana: la resurrección de los muertos. Una cosa si te digo: Si después de hoy, no crees en Jesús, la verdad es que ¡ni reviviendo a los muertos te haremos creer!
Primero, la profecÃa: Ezequiel, el primero de los profetas que estuvo con el pueblo de Israel cuando fueron cautivos de los egipcios, nos dice lo siguiente:
“Esto dice el Señor: Pueblo mÃo, yo mismo abriré los sepulcros, los haré salir de ellos, y los conduciré de nuevo a la tierra de Israel.
“Cuando abra los sepulcros y los saque de ellos, pueblo mÃo, ustedes dirán que yo soy el Señor”.
En el Evangelio, tenemos a la familia de Marta, MarÃa y Lázaro. 3 hermanos de los que sabemos son mayores y huérfanos, buenos amigos de Jesús. Ya ha pasado un episodio donde Marta le reclama a Jesús que, en una de sus visitas, su hermana MarÃa no le ayuda, sino que se ha puesto a escuchar la prédica.
Jesús oye que Lázaro está gravemente enfermo, y se dirige a su casa. Pero en el camino, sabe la realidad y se las dice a los discÃpulos en forma de parábola: “Lázaro se ha dormido, pero yo voy a ir a despertarlo“. Los seguidores no entienden el mensaje, al contrario, piensan que si ha dormido ¡es que está mejorando!
Marta, al saber que Jesús viene, sale a su encuentro… y otra vez le reclama en el camino: “Señor, si hubieras estado aquÃ, no hubiera muerto mi hermano“.
MarÃa, por su parte, ni siquiera salió a recibir a Jesús. Está triste, dolida, no sólo por la muerte de su hermano, sino porque siente que Jesús le ha fallado.
¿No nos pasa lo mismo a nosotros? ¿No nos pasa que cuando pedimos con mucho fervor por un favor a Dios, y no lo recibimos, a veces nos revelamos contra Él?
Jesús va al sepulcro, profundamente conmovido pues hasta los judÃos ven el dolor de la pérdida en sus ojos, y ordena que remuevan la losa.
Marta le dice: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro dÃas“. Con esto, Juan el narrador del evangelio, nos presenta un hecho muy importante: que no quede duda de que el muerto… ¡está bien muerto! En el relato anterior del ciego que recuperó la vista, ¿se acuerdan todo el circo que los judios y muchos del pueblo hicieron investigando si realmente estaba ciego, si realmente nació sin ver, etc? Bueno, pues hoy no habrá duda.
Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabÃa que Tú siempre me escuchas; por lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de ahÃ!” Y salió el muerto, atado con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “desátenlo para que pueda andar”.
Jesús dice: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mÃ, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que esté vivo y cree en mÃ, no morirá para siempre. ¿Crees tu esto?”

Hoy es el dÃa de Santa MarÃa, Madre de Dios. El tema de MarÃa, de cómo concibió a Jesús, de su relación con José, y otros más, es uno de los más espinozos que se pueden tratar con los protestantes, nuestros hermanos separados.
Es tan triste pensar que en muchos templos, su imagen es destruÃda y hasta atacada con calumnias y bajezas.
Digan lo que digan, un hecho es cierto, claro, y real: MarÃa, fue Madre de Jesús. ¿No es eso suficiente para al menos tenerle el mÃnimo respeto? ¡Si no quieren venerarla, al menos respétenla!
Aquà les va un pensamiento medio complicado para este inicio de año:
Jesús existÃa desde el comienzo, asà lo dice el Génesis. En el comienzo la luz ya existÃa, y la luz era Jesús, que junto con el EspÃritu Santo y Dios forman la SantÃsima Trinidad. Ellos tres son uno sólo. Ellos tres son uno mismo.
Jesús nace, se convierte en hombre. Jesús es el Dios mismo. MarÃa es la Madre de Jesús… por lo tanto, MarÃa es la Madre de Dios… ¿no?

¿Cuántas veces nos enfrentamos al dilema de hacer el bien, pero con condiciones?
IsaÃas, en la primera lectura, nos dice que no debemos tentar al Señor, y eso parece obvio hasta que nos ponemos a pensar:
Efectivamente, todas esas –y muchas otras– son formas de tentar a Dios. Dice IsaÃas:
“Oye pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios?”
Es mucho lo que tenemos que aprender, pero como siempre, empezamos con lo básico. Lo que parece tan obvio hoy en dÃa ya habÃa sido discutido miles de años atrás. Pero la maldad vuelve y vuelve. ¡Y luego dicen que las enseñanzas de la IglesÃa sólo son boberÃas!
Pero la historia no termina ahÃ. IsaÃas predice:
“Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquà que la virgen concebirá y dará a luz a un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”.
En nuestro próximo comentario habláremos de cómo esta profecÃa se presenta cuando MarÃa, desposada con José, recibe la visita del ángel del Señor.

En esta primera lectura escuchamos como Abraham recibe a tres visitantes. Él sabe que no se trata de personas cualquiera, y que él está en presencia divina.
Muchos estudios dicen que son ángeles. Sin embargo, Abraham hace algo que nos dejará en claro quiénes son:
“Al verlos, se dirigió a ellos rápidamente desde la puerta de la tienda, y postrándose en tierra les dijo: Señor mÃo, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no pases junto a mà sin detenerte”.
Son tres personas, y él les llama “Señor mÃo”. Se trata de la SantÃsima Trinidad y Abraham lo sabe bien. De ellos recibirá una gran noticia: que su esposa Sara tendrá un niño el próximo año. Abraham y Sarah son viejos de 80 años. Sara escucha lo que sucede y se rie para sÃ, pensando en lo ridÃculo de esa profecÃa. El trio la amonesta diciéndole: “Nada es imposible para Dios“.
Este pasaje es hermoso e interesante. Jesús y todos los discÃpulos llegan a casa de MarÃa y Marta, dos hermanas que vivien juntas. Mientras el Señor predica la palabra, MarÃa se sienta a sus pies escuchándolo atentamente. Marta, por su parte, está ocupada sirviendo a los demás y en otros quehaceres de la casa. Llega un momento en que no aguanta más y le dice a Jesús: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? DÃle que me ayude”.
A veces, ¿no sientes como que se te deja todo a t�, ¿no has pensado en ocasiones que es injusto cómo otros sólo se sientan a hacer otras tareas sencillas y tu estás todo ocupado(a)?
Jesús tiene la respuesta correcta: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo asà que una sola es necesaria. MarÃa escogió la mejor parte y nadie se la quitará“.
No juzguemos a Marta. Alguien tiene que hacerse cargo del quehacer y del servicio. Y lo más importante: ella sà está poniendo atención, pero se ha sobrecargado de tareas y solita se está llenando de tensión y problemas.
¿Cómo sabemos que está poniendo atención? Más adelante, cuando el hermano de Marta y MarÃa, Lázaro, venga a escena, Marta le dirá a Jesús: “Tu eres resurrección y la vida“.
Sin duda, una lección bien aprendida.

¡La buena nueva está llegando! El redentor del mundo ya casi está aquÃ.
En la primera lectura escuchamos escuchamos las palabras del profesta Miqueas referente a cómo del pueblito de Belén saldrá el Salvador del mundo. ¿Cómo esto puede ser algo extraordinario? Pues resulta que Miqueas nació 700 años antes de Jesús y el predijo el nacimiento de Nuestro Señor en el pueblo de Belén. ¡Orale!
¡Oh Dios, restáuranos. Que brille tu rostro y nos salve!
Salmo 79
En la segunda lectura Pablo nos dice “Aquà estoy, Dios mio; vengo para hacer tu voluntad”, de la misma manera que MarÃa, la Madre de Dios, aceptó su misión.
Finalmente, en una de las narraciones más bellas de todos los Evangelios, San Lucas nos trae el relato de la visita de MarÃa a la casa de su prima Isabel. Al momento que MarÃa entra a la casa, “la criatura saltó en su seno“, refiriéndose al bebé de Isabel que oyó la voz de la Madre de Jesús.
E ISabel responde “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre“. No olvides esto: Isabel y su esposo ZacarÃas son personas mayores de edad, ¡muy mayores! de hecho bastante viejos, y recibieron con una gran sorpresa el anuncio del Angel Gabriel de que iban a ser padres.
El hijo de Isabel será Juan El Bautista, quién preparará el camino para la llegada de Jesús.