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Lecturas del Domingo: Noviembre 15, 2020 – Parábola de los talentos

Parábola de los talentos
Parábola de los talentos, por un artista desconocido – A Woodcut from Historiae celebriores Veteris Testamenti Iconibus representatae, taken from http://www.textweek.com/art/parables.htm, Public Domain, Link. Al fondo se aprecia el siervo malo y perezoso escondiendo su talento en un hoyo en la tierra.

¿Cuánto te ha dado Dios en tu vida? ¿Cuántas cosas le agradeces cada día, como tu salud, tu trabajo, tu familia? Y si no los tienes, al menos te tienes a tí mismo. O qué, ¿no puedes?

Todos tenemos talentos; esos dones que nos hacen únicos. Algunos saben pintar, otros saben cocinar, otros más saben hacer trabajos manuales. Hay quienes son diestros con el dinero y otros con las herramientas.

No hay excusas.

Y ahora, ¿qué es lo que haces con esos talentos que Dios te ha dado?

Esta semana escucharemos del Evangelio de San Mateo la parábola de los talentos, controversial y mal entendida por muchos; pero profunda y de mucho valor para nuestras vidas.

El Reino de los Cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.

Los talentos eran monedas de oro y de plata. ¡Con una sola de ellas podrías comprar un terreno! Jesús compara estas monedas dadas por el señor con las habilidades que a cada uno nos da.

El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra, y ahí escondió el dinero de su señor.
Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado”. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en las cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado”. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en las cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.

No, no confundamos con riquezas materiales lo que nos quiere decir Jesús. Si tu usas tus talentos para ayudar a los demas, para alabanza y gloria a Dios, y demostrarle al Señor que eres digno de ese regalo que te dio, entonces estás listo para tomar parte de la alegría de su Reino.

Eres bueno en matemáticas y, pese a todos los obstáculos terminaste una carrera en ingeniería. Entra a tomar parte en la alegría de tu Señor. Sabes cocinar y dedicas una parte de tu tiempo en darle de comer a los necesitados, entra a tomar parte en la alegría de tu Señor. Eres un humilde albañil que sabes construir y ayudas a la viuda/madre soltera arreglándole el techo de su casa que gotea, y no le cobras nada, entra a tomar parte en la alegría de tu Señor.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: “Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”. El señor le respondió: “Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y que recojo lo que no he sembrado, ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? Quítenle su talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco se le quitará aun ese poco que tiene.

Eres bueno en matemáticas, pero mientras estudiabas te asustó una materia y ya no quisiste seguir estudiando.  Sabes cocinar y nunca ayudaste a los necesitados. Eres un albañil que sabes construir y nunca ayudaste a la viuda/madre soltera, y cuando lo hiciste fue de mala gana, con un pobre trabajo y le cobraste un ojo de la cara.

Pues para todos ellos el mensaje de Jesús es claro:

Y a este hombre inútil, échenlo afuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación.

El que tenga oídos, que escuche.

Lecturas del Domingo: Noviembre 8, 2020 – Parábola de las diez jóvenes

Parábola de las 10 vírgenes
“Parábola de las diez vírgenes” por Phoebe Anna TraquairOwn work Stephencdickson, CC BY-SA 4.0, Link

El Reino de los Cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró un sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó un grito: “¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!”. Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando”. Las previsoras les contestaron: “No, porque no va a alcanzar para ustedes y nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo”.
Mientras aquellas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él les respondió: “Yo les aseguro que no las conozco”.

Estamos por terminar el tiempo ordinario, y las últimas lecturas tratarán el tema de que debos estar preparados para nuestro encuentro con Dios, el cual no sabemos ni el día ni la hora.

Hoy escuchamos en el Evangelio de San Mateo la parábola de las diez jóvenes, también conocida como las diez vírgenes, y tenemos una serie de visiones que Jesús nos da para entender su mensaje.

Primero, en las jóvenes nos vemos reflejados todos. Ellas son miles de millones de personas que han vivido, viven y vivirán. Todos hemos escuchado las enseñanzas de Jesús, su mensaje, los mandamientos, y en nuestro corazón sabemos lo que se necesita para llegar al Reino de Dios.

Pero no todos están preparados.

Las lámparas son nuestras almas. Encendidas por primera vez en nuestro bautizo, las mantenemos vivas con el aceite de prepararnos a diario con la oración, y escuchar el mensaje de Jesús en nuestra vida, pero más que nada, aceptarlo. Los previsores lo hacen todos los días. Los descuidados sólo asisten a misa en ocasiones “especiales” y llevan su vida sin poner a Dios en medio de ella. Su alma, puede ser una luz, pero sin el aceite extra, ciertamente perecerá.

Como el esposo tardaba, les entró un sueño a todas y se durmieron“. La hora de nuestra muerte nos llegará a todos, precavidos y descuidados.

No, la salvación no la podemos compartir; es individual y personal. Yo no te puedo dar mi luz; tú tienes que usar la tuya, alimentarla y tener tu propio ahorro de aceite.

Y sin esa luz de la lámpara, a la hora del encuentro con el Señor, te van a cerrar las puertas, pues no serás mas que un extraño. Y sin el fuego de tu alma, simplemente pasarás el resto de la eternidad en la obscuridad.

Jesús termina la parábola diciendo:

“Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”.

Lecturas del Domingo: Noviembre 1, 2020 – El Sermón de la Montaña

El sermón de la montaña
“El Sermón de la Montaña”, por Carl BlochImagen and Carl Bloch, p. 313, ISBN 9788798746591, Public Domain, Link

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces, se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:
“Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos será el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía.
Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.

Hoy celebramos el trigésimo primer domingo del tiempo ordinario, y tenemos una de las más hermosas enseñanzas de Jesús, con la que nos deja el regalo de amor, consuelo y esperanza.

Hoy Jesús se dirige a todos los que sufren, a los pobres, a los huérfanos, a las viudas, a los presos, a los perseguidos, a todos los que han sufrido una pérdida por injusticia, a los misioneros,… en fin hoy Jesús se dirige a a los buenos.

Finalmente, todos nuestros sufrimientos tienen recompensa. Todo nuestro dolor, tendrá su consuelo.

Todo en Jesús, nuestro Señor.

Lecturas del Domingo: Octubre 25, 2020 – Amarás al Señor con todo tu corazón

fariseos siendo regañados por Jesús
Jesús dirigiéndose a los fariseos, por James TissotOnline Collection of Brooklyn Museum; Photo: Brooklyn Museum, 2008, 00.159.209_PS2.jpg, Public Domain, Link

Hoy es el trigésimo domingo del tiempo ordinario, y en el Evangelio de San Mateo escucharemos la lección que resume todas las leyes de las Sagradas Escrituras: la clave de la verdadera Salvación:

En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a Él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”.
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la Ley y los profetas”.

¡Tan sencilla es la regla para la Salvación!

No cabe duda que Dios nos ha puesto fácil el camino a su Reino. Si en verdad amas a Dios, no lo tentarás, ni tratarás de cometer ningún acto que lo ofenda, como la mentira, el robo, la infidelidad, o la muerte a otros.

Y si a eso le sumas lo mismo, pero con el prójimo, pues en realidad tendremos al Paraiso aquí mismo en la Tierra.

Tengamos en mente siempre: Depende completamente de nosotros si queremos vivir en un Paraiso o un infierno.

Lecturas del Domingo: Octubre 18, 2020 – Al César lo que es del César

Foto de un denario, la moneda de la que habla la lectura de hoy
Foto de un Denario, la moneda de la que habla la lectura de hoy. Al frente tiene la figura de Tiberius y la inscripción “César Augusto Tiberius, hijo del divino Augustus”. Foto cortesía de Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, Link

Hoy es el 29avo Domingo del Tiempo Ordinario. Dice el Evangelio de San Mateo del día de hoy:

“En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: ´Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contesto: ´Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo´. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les contestó: ´¿De quién es esta imagen y esta inscripción?´ Le respondieron: ´Del César´. Y Jesús concluyó: ´Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios'”.

El mensaje es claro: debemos saber dar el verdadero valor a las cosa de la tierra y a las cosas divinas. Lo material, como el dinero la fama y los placeres, son sólo cosas pasajeras, que a su tiempo se perderán y no podrán ser recuperadas.

Las cosas de nuestra alma, no tienen tiempo de expiración, ya sea para bien o para mal.

Finalmente, para todos aquellos que tienen duda de la veracidad de las Sagradas Escrituras, fíjate en la moneda que se presenta en la parte de arriba. Esto corrobora exactamente el tiempo de los hechos: La época de Tiberius, el César, cuando Herodes era gobernador de Judea, está impresa en dicha moneda.

No perdamos de vista la verdad, la cual es histórica y divina. Demos al César y a Dios sus verdaderos tributos.

Lecturas del Domingo: Octubre 11, 2020 – Parábola del Banquete de Bodas

banquete de bodas
¡Fuera de aquí! Le dice el reydel banquete al invitado que no era digno de quedarse.

Hoy, el 28avo domingo del tiempo ordinario, y con el Evangelio de San Lucas terminamos de escuchar el mensaje de Jesús con respecto a cómo el Reino de Dios ya no es exclusivo para el pueblo Judío, sino que, por el mismo Jesucristo, es ahora herencia para todo el mundo.

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados a que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir”.

Los invitados se refiere al pueblo original de Israel, que después de haber sido el elegido por Dios, constantemente renegó de Él y hasta lo puso a prueba. El banquete representa el Reino de Dios, su Palabra, y su Gracia. Los criados son los profetas que constantemente reprendían e imploraban a los habitantes que corrigieran sus caminos… pero al final fueron asesinados. En fín, el pueblo no hizo caso.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: “Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda”. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio, y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.
Entonces el Rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego les dijo a sus criados: “La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

La gente fácilmente se distrae en la vida diaria con los falsos dioses del dinero y el entretenimiento. Desafortunadamente, eso los aleja de Dios. Así, el pueblo de Israel ya no fe digno de gozar del banquete del rey; ahora ese banquete se les convida a todos.

Qué interesante ver que Jesús nos dice que todos somos invitados: todos, buenos y… hasta los malos. Antes de protestar, escuchemos cómo termina la lectura:

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?” Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: “Átenlo de pies y manos y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

Sí, el Reino de Dios está abierto para todos, incluso para los asesinos despiadados. Pero, para quedarse en el banquete, tienes que estar vestido de fiesta; es decir, tienes que tener la Gracias de Dios. Y, ¿cómo ganamos esta Gracia? Con nuestras obras buenas, siguiendo el camino de Jesús y sus mandamientos, confesándonos. Difícilmente un asesino despiadado podrá hacer estas cosas; pero, si se arrepiente de verdadero corazón –no frente a los hombres, sino ante Dios mismo– puede llegar a gozar de la misericordia de Dios, y tener su oportunidad de alcanzar un lugar en el Reino.

Y, ¿cómo está tu traje de fiesta?

 

Lecturas del Domingo: Octubre 4, 2020 – Parábola de los Viñadores

Hoy es el 27avo domingo del tiempo ordinario y leeremos en el Evangelio de San Mateo una lectura que nos habla de la Herencia de Dios (la viña) para todos, no solamente para el pueblo Judío (los viñadores) que desafortunadamente, nunca supo escuchar la Palabra de Jesús (el Hijo), y lo rechazaron… y le dieron muerte. Dios (el dueño de la viña) mandó primero a sus profetas (los criados), pero el pueblo no les hizo caso.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Aquí hay un punto muy importante que pocas veces se resalta: Los sumos sacerdotes y los ancianos eran gentes intocables, incorregibles. Llegarón a tener tanta influencia con los romanos que controlaban Jerusalén y los alrededores, que se creían intocables.

Pero, he aquí que ¡Jesús les está dando lecciones?! ¡Ellos lo escuchan a Él!

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.
Por último, les mando a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’.  Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

¿Cómo es posible que piensen que por matar al heredero se quedarán ellos con la herencia? Lo que pasa es que, según ciertos conocedores, puede tratarse de que entre los viñadores había los parientes próximos en línea del dueño de la viña. Así, al morir el heredero, ellos se quedarían con todo.

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?”
Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que entreguen los frutos a su tiempo”.
Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: la piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?
Por esta razón les digo que les será quitado el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

Nosotros somos parte de todos los pueblos a los que se nos ha entregado la viña. Somos los nuevos viñadores. Pero no por eso tenemos ganado el favor de Dios.

Ahora, tenemos que trabajar bien duro para poder producir los frutos que Dios quiere.

Lecturas del Domingo: Septiembre 27, 2020 – Parábola de los Dos Hijos

Parábola de los dos hijos

Este domingo, 26 del tiempo ordinario, señala el final del mes e inicio del Otoño, y está marcado por una lectura muy especial, tomada del Evangelio de San Mateo:

En aquel tiempo, Jesús dijó a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” Ellos le respondieron: “El segundo”.
Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él”.

Muchas veces renegamos a de la voluntad de nuestro Dios. Sí, si sabemos cual es su voluntand, pero nos es difícil seguirla. Sin embargo, su misericordia es tan grande, que nos da la oportunidad para que pensemos y rectifiquemos nuestras acciones. Sin embargo, a veces, esas oportunidades son los sustos que la misma vida nos da.

Imaginemos a una persona que está robando en su empresa: al estar tan metido en fabricar planes o maniobras para seguir con su plan, no se da cuenta del mal que está haciendo, y constantemente en su cabeza están dando vueltas ideas y justificaciones. Y mientras tanto, el tiempo sigue pasando.

No es sino que hasta que ocurre una situación inesperada –como un susto o sorpresa– que el inculpado o inculpada se dan cuenta de lo que están haciendo. Es ahí el momento que Dios nos da para rectificarnos antes de que sea demasiado tarde. Depende de nosotros si queremos escuchar la advertencia, o decir “tuve suerte” y seguir con nuestro mal.

El segundo hijo hizo mal, pero sintió el dolor en su corazón, y se rectificó.

No dejemos que se nos vaya el tiempo, reconozcamos nuestros pecados, y arrepintámonos.

Lecturas del Domingo: Septiembre 20, 2020 – Los Trabajadores

Parábola de los trabajadores de la Viña
“Parábola de los trabajadores de la Viña”, por Jacob Willemsz de Wet – The Yorck Project: 10.000 Meisterwerke der Malerei. DVD-ROM, 2002. ISBN 3936122202. Distributed by DIRECTMEDIA Publishing GmbH., Public Domain, Link

La lectura del Evangelio de San Mateo de hoy nos dice:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde hizo lo mismo.
Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le contestaron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijó: ‘Vayan también ustedes a mi viña'”.
Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más, pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.
Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al último lo mismo que a tí. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque soy bueno?’.
De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los útimos”.

Las obras y actos de nuestro Dios bueno son increíbles, y a veces pueden llegar a parecernos injustas. La lectura anterior es uno de los ejemplos más claros de cómo nuestra visión, humana y limitada, nos hace pensar en la “injusticia” que están “sufriendo” los primeros trabajadores. En términos humanos, es completamente inmerecido lo que les pasa a los tempraneros.

Pero, pongamos atención a la siguiente parte, de cuando el propietario salió al atardecer por los últimos trabajadores y los encontró todavía en la plaza:

‘¿Por qué han estado estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le contestaron: ‘Porque nadie nos ha contratado’.

Todos nosotros hemos sido bendecidos por la Palabra de Dios en una forma u otra, y nos hemos beneficiado por ella. Desde pequeños, muchos de nosotros hemos tenido la fortuna de asistir a la iglesia, de escuchar el catecismo. También tenemos la buena fortuna de contar con comida en nuestras mesas, de tener un techo, de tener salud.

Nosotros somos los primeros que hemos recibido bendiciones. Somos los primeros.

Pero, ¿y los demás? ¿Qué pasa con los pobres, los que no pueden asistir a misa a escuchar la palabra de Dios? Los que no tienen tiempo para leer y pensar las lecturas de los domingos porque están trabajando para medio sobrevivir?

“Nadie nos ha contratado”: nadie se les ha acercado a darles la mano, o llevado la Palabra.

Ellos no han recibido las bendiciones al principio, sino que las reciben al final, muchas veces al final de sus vidas. Ellos son los últimos.

Dios en Jesús nos los dice claramente: “Los últimos serán los primeros, y los primeros, los útimos”.

Porque en vida ya recibiste parte de tu recompensa. Y los pobres no; muchos de ellos ni siquiera podrán tener un final de sus vidas digno.

Pero en la vida eterna, definitivamente recibirán su denario, es decir, su recompensa, y será primero que los demás.

Lecturas del Domingo: Septiembre 13, 2020 – Perdón y Misericordia

parabola del administrador astuto
“Parábola del administrador injusto” por Phillip Medhurst – Photo by Harry Kossuth, FAL, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=7550875

En este domingo, número 24 del tiempo ordinario, terminamos una serie de lecturas en las cuales hemos esuchado acerca de pesadas cargas, cruces, correcciones a nuestros hermanos. Si después de todo esto no hemos aprendido nada, seguramente la lectura de hoy nos dará una buena lección:

“En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: ‘Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?’ Jesús le contestó: ‘No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete’.
Entonces Jesús le dijo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con que pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces, lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces, el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

Algo tan sencillo como la clemencia y la piedad no deberían ser cosas que se enseñan. Deberíamos tenerlas a flor de piel y activas todos los días.

Como todos los músculos de nuestro cuerpo, lo que no se ejercita se atrofia. Simples actos cada día nos ayudan a tener un corazón compasivo: Ceder el paso a alguien, pedir disculpas, aceptar disculpas, perdonar de corazón, ayudar sin esperar nada a cambio, etc.

Y un corazón compasivo será parte de nuestra llave al Reino de los Cielos.