Tag Archives: Jesus

Lecturas del Domingo: October 14, 2018 – ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!

Jesús y el joven rico
Jesús y el joven rico, por Heinrich Hofmann – Riverside Church, New York, Public Domain, Link

“Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en la riquezas, entrara el el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que un rico entrar en el Reino de Dios”.

Anteriormente explicábamos que esta anécdota nunca se debe considerar literalmente, pues el contexto puede confundirnos fácilmente. El ojo de una aguja no se refiere a el pequeño agujero que está en la agujas de coser, sino a las  estrechas puertas de una ciudad fortificada por las que sí puede pasar un camello… pero solo, sin nada encima.

Y esto significaba que si una persona rica, cargaba a los camellos con sacos llenos de oro, sedas, u otras riquezas, tenía que quitar primero todos esos pesos antes de que el pobre animal pudiera pasar por el ojo de la aguja.

Ahora, volvemos a escuchar acerca del joven rico, que toda su vida a seguido los mandamientos de la Ley. Nunca ha matado, ha honrado a su padre y su madre, no ha cometido adulterio ni deseado a la mujer de su prójimo, etc. Un muchacho muy respetable, sin duda.

Cuando se le acerca a Jesús, le pregunta qué debe hacer para alcanzar la vida eterna. Dice el Evangelio que Jesús, sabiendo toda la historia de este joven, le responde, mirándolo con amor:

“Sólo una cosa te falta: Ve y vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”.

Termina el relato diciendo que el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Dos puntos muy importantes: Primero, Jesús lo miró con amor. Nuestro Señor sabía muy bien de este muchacho, aunque se trataba de la primera vez que él intentó unirse a los seguidores. Es una persona que tiene buenas intenciones, pues sigue la Ley de ese tiempo y sin duda no es un malhechor. Al mirarlo con amor, el relato nos dice que Jesús también siente pena por él por lo que está por suceder.

Segundo, el hombre tiene muchos bienes. Tiene muchas riquezas de las cuales no se puede desprender. Se fue triste y apesadumbrado. El sólo pensar que tenía que deshacerse de sus bienes materiales ¡lo puso triste! Eso es estar encadenado a los dioses falsos, pues no puede pensar su vida sin su dinero y oro.

No todos los ricos son malos, y tampoco todos los pobres son buenos. Las riquezas no son malas pues sólo son cosas, y tampoco la falta de ellas es el objetivo que todos debemos de buscar. Lo malo esta en aferrarnos a ellas, en convertirnos en robots que sólo queremos estar trabajando para tener más y más.

Lo malo está en sólo estar pensando en cómo hacer más y más dinero.

Lo malo está en olvidarse de los que no tienen nada. En no poner ese dinero y riqueza a trabajar para ayudar a los demás.

¡Las riquezas son sólo cosas!

Desafortunadamente, la mayoría de la gente obscenamente rica es cegada por el oro y el dinero y por eso ellos son los verdaderos sujetos de esta anécdota de Jesús.

Por eso, para ellos será tan difícil llegar al Reino de Dios como para un camello pasar por el ojo de una aguja… con todo y sus bolsas de oro.

Lecturas del Domingo: Octubre 7, 2018 – Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre

La familia
Pareja de padres con un niño, fotografía de KelovyOwn work, Public Domain, Link

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: ´¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?´”.

El Evangelio de hoy nos habla de uno de los temas más divisivos de la Iglesia Católica, y en general de todos los cristianos: la validez del matrimonio y del divorcio.

En la Ley de Moisés, es válido que un hombre se divorciara de su mujer siempre y cuando él le entregara un acta de divorcio, similar a lo que sucede en la actualidad en las leyes civiles de la mayoría de los países.

Pero Jesús aclara el porqué de este procedimiento al decirles:

“Moisés prescribió esto, debido a la dureza de corazón de ustedes”.

Y es que en esos momentos, los israelitas –el pueblo elegido por Dios, pero sumamente cabeza dura– cometían cientos de arbitrariedades en contra de las mujeres: engaños, abusos, infidelidades, y hasta muerte. Los hombres podían estar engañando a sus esposas y no tener ninguna consecuencia, pero si una mujer engañaba a su marido –y esto sólo estaba documentado por su esposo– era automáticamente condenada a muerte por apedreamiento.

A eso se refirió Jesús con la dureza de corazón de su pueblo. [Y si suena similar a las condiciones de hoy en día, pues a lo mejor no es coincidencia].

Entonces, Moisés entendía que debía acabar estos abusos contra las mujeres de alguna manera, pero con todos pocos recursos legales disponibles, incluyó en sus leyes el divorcio, que le daba libertad a los hombres, pero protegía especialmente a la mujer.

La lectura del libro del Génesis de hoy también se refiere al inicio de la vida en pareja: Después de que Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y le extrajo una costilla. De esa costilla Dios formó a la mujer. El Hombre exclamó al verla:

“Esta sí es hueso de mis huesos, y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque ha sido formada del hombre”.

Entendamos, Dios los hizo uno solo compartiendo una misma sangre, ni uno más grande que el otro, sino iguales. La mujer es complemento del hombre, pues ahora sin ella él no es.

Regresando al Evangelio de hoy, Jesús queda claro que el divorcio en sí no está autorizado por Él. Se justificó en los tiempos de Moisés, pero no tiene más razón de ser.

“Desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Las parejas son una sola cosa, una sola unidad. Pero, ya no estamos dedicados a ponerle nombre a los animales como lo hicieron como primera tarea Adán y Eva. Ahora estamos llamados a algo mucho más importante: la unión familiar.

El Evangelio luego toma un giro bien diferente y drástico:

“La gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo. Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: ´Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él´”.

Estamos hablando de divorcio y luego de niños, ¿Habrá un error en el orden de las lecturas? La respuesta es no, no hay error. Al hablar primero de la pareja, estamos sentando las bases de la familia. El Padre y la Madre son los protectores de los niños desde la concepción. Jesús nos pide que les dejemos que ellos se acerquen a Él a través de sus propios padres, que al final son los que los deben enseñar y educar en la Fé. La verdadera instrucción religiosa empieza en la familia, no en la iglesia o en las escuelas.

Dijo Jesús que el que no reciba el Reino de Dios como un niño –es decir, como los niños confían completamente en su padres así nos pide Dios que confiemos en Él– no entrará en él.

 

Lecturas del Domingo: Septiembre 30, 2018 – Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela

Piedra de molino
Fotografía de una enorme piedra de molino, por Ramon FVelasquezOwn work, CC BY-SA 3.0, Link

Claro que no es que lo vayas a hacer literalmente. Todo esto empieza en uno de los versículos del Evangelio de San Marcos que nos platica que Jesús les dijo a los discípulos:

“Si tu mano es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo a la vida eterna, que con los dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

No, no. Jesús no está hablando de cortarnos o sacarnos esos miembros de nuestro cuerpo. Sino a las cosas que nos tienen atados a este mundo. Piensa que si tienes millones en tu cuenta del banco y ese dinero no lo usas para ayudar a los demás sino que lo quedas para ti, entonces vas a ser arrojado al lugar de castigo. Más te vale que te deshagas de ese gran peso que te tiene atado.

Son las cosas malas las que nos evitarán la entrada en el Reino de Dios, y es mejor que nos desprendamos de ellas, aunque nos duela y nos cueste una mano, un pie o un ojo.

  • Me gasto todo el dinero en vino y sexo. Deshazte de esos vicios, pues no vas a entrar.
  • Estoy engañando a mi pareja. Deshazte de esa relación, pues no vas a entrar.
  • Estoy robando a mis empleados. Deja de hacer eso, pues no vas a entrar.
  • Estoy de flojo en la casa. Deshazte de ese vicio, pues no vas a entrar.
  • Soy miembro de un grupo de gente mala. Renuncia a esas organizaciones, pues no vas a entrar.

Ninguna de estas tareas son fáciles de hacer, y menos si llevas años haciéndolas. Por eso Jesús las compara con perder un miembro del cuerpo humano. Causará mucho dolor, incomodidad y puede que nos ponga en peligro, pero la recompensa es cien por ciento gratificante.

Nos dice Jesús que quien dañe a los otros con estas ofensas “más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar”.

¿Cuál mano, pie u ojo te tienes que quitar tú?

 

Lecturas del Domingo: Septiembre 18, 2018 – El Servicio a Cristo Empieza con la Humildad

Niños en un salón de clases en Angola
“Niños en un salón de clases en Angola” por Living in KuitoClass, CC BY 2.0, Link

En el Evangelio de hoy, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea y en el camino iban discutiendo quién era el más importante entre ellos. Al llegar a la ciudad de Cafarnaúm, Jesús les preguntó de qué estaban hablando, y ninguno de ellos le quizo responder, pero Él sabía de que se trataba.

Sin duda, desde pequeños hemos recibido la tradicional enseñanza de tratar de ser siempre los primeros. A lo mejor no directamente de nuestros padres –que aunque lleguemos últimos siempre nos dirán que somos los primeros… para ellos– pero sí de las competencias con otros compañeros, o en la misma escuela siempre se nos ha pedido –y exigido– el dar nuestro mejor esfuerzo para destacar académicamente.

Es posible que esta cualidad de buscar ser los mejores esté en nuestros genes, pues por la teoría de la selección natural sabemos que los seres vivos que de niveles inferiores siempre tendrán las más severas desventajas y serán los primeros en perecer y desaparecer. Sólo los seres superiores son los que logran sobrevivir.

Pero nosotros somos humanos, con una condición divina que nos hace más importante que los demás animales. Tenemos conciencia, alma y espíritu. Por lo tanto, tenemos cualidades que nos dan la ventaja de romper con la tradición natural y elevarnos sobre nosotros mismo para hacernos responsables de los demás seres de este mundo.

Así lo definió Dios en el Paraíso, cuando le dio a Adán poder sobre todas las bestias. Pero no para destruirlas, sino para gobernarlas. No para maltratarlas, sino para convivir con armonía. No para causarles dolor y muerte, sino para darles amor y protección.

Volviendo al relato del Evangelio, Jesús se sentó y llamándolos les dijo:

“Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

Jesús volverá a darles este ejemplo más adelante, durante la Última Cena al lavarles los pies, pero por ahora les está anunciando de qué se trata el dejar de lado la avaricia y la soberbia, y comenzar a servir, pero con humildad.

“Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: ´El que reciba en mi nombre a uno de  estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado´”.

¿Por qué un niño? Porque es en esa edad que nosotros, recién salidos de las manos de Dios, aún tenemos humildad, amor puro y carecemos de odio y maldad. Ese es el ejemplo que nos está dando el día de hoy.

No es de extrañar que uno de los más famosos coros de la Iglesia nos dice:

“Por eso tienes que ser un niño,
tienes que ser un niño, oh oh oh,
tienes que se ser un niño para ir al cielo”.

Lecturas del Domingo: Septiembre 16, 2018 – El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz, y que me siga.

Cristo cargando su cruz
“Cristo cargando su cruz” por Sebastiano del Piombohttp://www.museodelprado.es/enciclopedia/enciclopedia-on-line/voz/cristo-con-la-cruz-a-cuestas-sebastiano-del-piombo/, Public Domain, Link

Paciencia y fe, en esas dos palabras pueden resumirse las lecturas de hoy. Primero, Isaías nos dice que el llamado de Dios no siempre es fácil de seguir y de soportar:

“El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me estiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y de los salivazos”.

Isaías sufrió mucho llevando la palabra de Dios a muchos lugares donde no era ni bien recibido ni tolerado. Sufrió tanto que se le ha llegado a conocer como “el profeta del sufrimiento”.

Pero su mensaje es de paciencia y fe en el Señor, pues él no perdió la esperanza de que Dios le daría la mano en sus problemas:

“Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado”.

¿Y la fe? En la segunda lectura, nos dice el profeta Santiago:

“Hermanos, de qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no lo demuestra con obras?, ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?”.

Quizá alguien podría decir:

“Tú tienes fe y yo tengo obras. A ver cómo, sin obras, me demuestras tu fe; yo, en cambio, con mis obras te demostraré mi fe”.

Finalmente, en el Evangelio de hoy, Jesús nos hace un resumen de las dos cualidades de hoy en una de sus enseñanzas en el área de Cesarea de Filipo:

“El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz, y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.

 

Muchas veces pensamos que nuestros problemas no tienen solución. Por más que pensamos y buscamos alguna salida, no la encontramos. Recordemos que lo primero que tenemos que hacer es tener paciencia y con fe esperar la justicia de Dios, que se dará a su tiempo. Tiempo. Con el tiempo las cosas se van dando por sí solas y las piezas van cayendo una por una para resolver el rompecabezas de nuestras dificultades.

Es increíble que, en un momento dado, la solución simplemente se presenta ante nosotros como una mariposa posándose sobre una flor.

Fe. Paciencia.

Lecturas del Domingo: Septiembre 9, 2018 – ¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

Jesús sanado al sordo y tartamudo
Jesús sanado al sordo y tartamudo

¿Para quién es el reino de los cielos? Obviamente, no lo es para los ricos estirados que se la pasan presumiendo sus riquezas. Pero, eso no quiere decir que por el sólo hecho de ser pobre se tiene ganado el paraíso.

Este día, tenemos la inusual circunstancia de que la segunda lectura no es un pasaje de las actas de San Pablo o de las muy poco mencionadas cartas de San Pedro. No, hoy tenemos el gusto de escuchar al apóstol Santiago. Y es precisamente él quien nos dice:

“Supongamos que entran al mismo tiempo en su reunión un hombre con un anillo de oro, lujosamente vestido, y un pobre andrajoso, y que fijan ustedes la mirada en el que lleva el traje elegante y le dicen: ´Tú, siéntate aquí, cómodamente´. En cambio, le dicen al pobre: ´Tú, párate allá o siéntate aquí en el suelo, a mis pies´. ¿No es eso tener favoritismos y juzgar con los criterios torcidos?
“Queridos hermanos, ¿acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que lo aman?”.

¡Ajá! ¡Ahí está la clave! “Herederos del reino que prometió a los que lo aman“. No sólo basta ser pobre, o no es el único requisito para entrar al reino de Dios. Hay que amar a Dios. Y entendamos, Dios está en todos nosotros, y en todas sus obras. Así pues, amar a Dios es la clave, y no los torcidos criterios de nuestra vida diaria.

Ahora, imaginemos cuando alguna persona con alguna deficiencia física o mental se nos acerca para pedirnos dinero, ayuda, o simplemente comprensión. ¿Le hacemos un mal gesto, un desaire?

Dice el evangelio de hoy que cuando Jesús estaba en la región de Decápolis, le llevaron un hombre sordo y tartamudo. ¿Quién lo llevaba? La lectura sólo dice que “le llevaron”, pero no dice cuántos o quiénes. Pero es gratificante saber que eran varias personas, entre ellas tal vez los padres, o hermanos, o amigos. Lo interesante es que sabemos que eran varios que se preocupaban por él.

Por eso es tan importante la oración entre muchos, para pedir por la salud de nuestros familiares y amigos. Solos no podemos llegar a Dios.

Dice la lectura que Jesús “lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en las orejas y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo suspiró y dijo: ´¡Effetá!´(que quiere decir ´¡Ábrete!´). Al momento se le abrieron los oídos y empezó a hablar sin dificultad”.

Jesús no tuvo repugnancia o aversión del sordo tartamudo. Lo toco en sus oídos y en su lengua, algo que para muchos de nosotros hubiera causado asco o repugnancia. Pero es Jesús de quien hablamos, y quien no tiene en ayudar a quien lo necesita, y no se fija si está vestido con ropas lujosas, o si tiene un anillo de oro, sino en el pobre que le es llevado por la intersesión de los demás.

El hombre mudo y tartamudo representa a las millones de personas que viven en soledad, que necesitan de alguien que les ayude a llegar Jesús.

No juzguemos a los demás por su apariencia o condición económica. Es cierto, tenemos cientos o hasta miles de años de “entrenamiento” en base a las riquezas o cosas bonitas. Pero está en nuestro corazón el saber entrenarnos para brincar esas barreras y saber “ver” lo que verdaderamente vale a Jesús.

Es cuestión de irnos entrenando poco a poco y así aprenderemos a encontrar a Jesús en todos los demás.

Lecturas del Domingo: Septiembre 2, 2018 – ¿Qué es lo que puede manchar al alma?

Las leyes de Moisés
Las leyes de Moisés, por un autor anónimo (Noord-Nederland) – View this work on the website of Museum Catharijneconvent, CC0, Link

Dice el Evangelio de hoy que Jesús, bastante enojado, les dijo a un grupo de fariseos y escribas:

“¡Qué bien lo profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: ´este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos´! Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”.

Para entender bien este enojo de Jesús, la primera lectura nos presenta a Moisés dándole al pueblo las leyes del Deuteronomio: uno de los libros que estipula más de 100 leyes que abarcan desde preparación de rituales, cómo deben comportarse los jerarcas, ley civil y código criminal. Es un grupo muy complejo de leyes que todavía hasta nuestro días tiene eco en muchas de nuestras cosas diarias.

Pero estas leyes, nos explicará después Moisés y con mayor detalle Jesús, fueron dadas porque los judíos que erraban para encontrar su tierra prometida, estaban haciendo infinidad de calamidades de todo tipo: desde abusos sexuales, fiestas completamente fuera de control, extorsiones, y muchas cosas malas mas. Había que poner un freno a toda esta vida loca.

Con el tiempo, estas leyes fueron haciéndose más estrictas y eran llevadas a la práctica de manera dura y sin separarse ni un ápice de lo que estaba escrito. Si la ley decía que no debía de darse más de un kilogramo de comida por cierta cantidad de dinero, y se daba de más, entonces los castigos era llevados a cabo severamente. Pero, como sabemos, el poder absoluto lleva a la corrupción, la mayoría de esta impartición de justicia era manejada por hombres que con el tiempo se corrompían y la impartían en formas injustas y sin igualdad. Entre los casos más recordados se encuentran las muertes de mujeres adúlteras por medio de pedradas.

Así, casi 800 años después de vivir con la Ley del Deuteronomio, el pueblo de Israel ve la llegada de Jesús, que empieza a traer un mandamiento nuevo que sobrepasa a todos los demás: Amarás a  a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

Volviendo a la escena del enojo de Jesús, estos son los detalles:

“En aquel tiempo se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: ´¿Por qué tus discípulos comen con las manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?´ (Los fariseos, y los judíos en general, no comen sin lavarse las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas)”.

Después del episodio, Jesús llamó a todos y les dijo:

“Escúchenme todos y entiéndanme: Nada que entre de fuera puede manchar al hombre, lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”.

Y es verdad: todas las envidias, los corajes, los chismes, los deseos de muerte, los excesos por sexo, alcohol, drogas, y todas las demás cosas malas, no nos vienen de fuera, sino que salen de nosotros mismos. Tal vez puedas decir que las drogas nos rodean, que las condiciones pobres de la gente los orillan a hacer cosas malas; pero al final, es la decisión de uno mismo la que se da para cometer un delito o no. ¿Por qué hay muchos casos de gente joven que, habiéndose criado en el mismo ambiente de pobreza, uno de ellos se vuelve malhechor y el otro no?

Los judíos recibieron cientos de leyes para tratar de controlarlos, pero el verdadero control empieza con uno mismo, desde nuestra alma.

En esta semana que empieza, no nos fijemos en las mugre de las manos de los demás; más bien, limpiemos las manchas que hay en nuestro propio corazón.

Lecturas del Domingo: Agosto 26, 2018 – Palabras de Vida Eterna

San Pedro y Jesús
San Pedro y Jesús, por François BoucherUnknown, Public Domain, Link

La semana pasada Jesús escandalizó a los líderes del pueblo judío al decirles:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”.

Y comentábamos que esa declaración causó un un terrible furor con los mencionados jefes del pueblo porque no entendían el mensaje que Jesús les estaba dando, y esto era porque el Espíritu Santo –en forma de Sabiduría– no estaba en ellos todavía. Pero todo esto iba a cambiar después de la resurrección de nuestro Señor. Mientras tanto, la duda y la ignorancia seguían.

Pero hoy, el Evangelio nos dice que la duda llegó hasta el mismísimo centro de los seguidores de Jesús cuando les dijo:

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.

Muchos de los seguidores se enojaron con él. Empezaron a murmurar y hasta tratar de amonestarlo: “Ese modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?“. Y una gran cantidad de ellos se echaron para atrás y ya no querían andar con él.

¿Piensas que esto entristeció a Jesús? ¿Crees tu que nuestro Señor se destrozó por esta pérdida? Dice la lectura que, en efecto, Jesús sabía desde el principio quienes no creían y quién lo había de traicionar. Pero la clave era que el Espíritu Santo aún no habitaba en los corazones de los incrédulos. Incluso después de la resurrección, muchos de ellos no tendrían la oportunidad de refrendarse con Jesús, a pesar de todos los acontecimientos venideros.

Volviendo al relato inicial, después del éxodo masivo de los seguidores, Jesús les preguntó directamente a los doce discípulos –los primeros elegidos:

“¿También ustedes quieren dejarme?”

Y Pedro respondió de la manera más humilde, más sencilla, y más humana:

“Señor, ¿a quién iremos? Tu tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tu eres el Santo de Dios”.

Pedro, en su humildad humana, con el corazón humano, con el espíritu humano, reconoce a Jesús como el verdadero Santo de Dios. Esto sale directamente de su alma, de su ser.

Así es, nuestra alma sin la presencia de Dios Padre, Dios Hijo, o Dios Espíritu Santo, ¿a quién irá?

 

Lecturas del Domingo: Agosto 19, 2018 – Hablando de la Sabiduría

Espíritu Santo
“El Espíritu Santo” por Dnalor 01Own work, CC BY-SA 3.0 at, Link

La Sabiduría es uno de los dones –algunos la identifican como regalos– del Espíritu Santo, que junto con el Padre y El Hijo forman la Santísima Trinidad; y esta semana hablamos de ella en las tres principales lecturas.

Jesús, dirigiéndose a un grupo de judíos, les dice:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”.

Obviamente, cuando los judíos escucharon estas palabras se escandalizaron, pues lo primero que pensaron fue que Jesús se refería literalmente a su piel y músculos, y a su sangre. Los comentarios no tardaron en escucharse de rechazo e incredulidad: “¿Cómo puede éste darnos a comer de su carne?”.

¿Por qué, para nosotros no es un escándalo escuchar este pasaje? Después de la Resurrección de Jesús, la Verdad fue revelada para todos en el día de Pentecostés. En otras palabras, la Sabiduría entró en la vida de todos nosotros. Podría decirse que “se nos abrieron los ojos”. En ese entonces, todos tenían una venda que no les permitía ver la Palabra de Dios, pues todavía tenía que ocurrir la Pasión, Muerte y Resurrección.

Jesús nos trajo no sólo vida eterna, sino que también nos dio nuevos conocimientos para ayudarnos a entendernos a nosotros mismos y nuestra relación con Dios. Todo a través de Él.

En la Primera Lectura dice el Libro delos Proverbios:

“La Sabiduría se ha edificado una casa, ha preparado un banquete, ha mezclado el vino y puesto la mesa. Ha enviado a sus criados para que, desde los puntos que dominan la ciudad, anuncien esto: ´Si alguno es sencillo, que venga acá´.
“Y a los faltos de juicio les dice: ´Vengan a comer de mi pan y a beber del vino que he preparado. Dejen su ignorancia y vivirán, avancen por el camino de la prudencia´”.

Finalmente, en la Segunda Lectura, San Pablo nos recuerda que la falta de Sabiduría no traerá nada bueno al hombre:

“Hermanos: tengan cuidado de no portarse como insensatos, sino como prudentes, aprovechando el momento presente, porque los tiempos son malos”.

En verdad, los tiempo son malos y pueden ser todavía peores sin la presencia de la conciencia, el temor a Dios, y la prudencia que nos da la Sabiduría.

Por favor, seamos dignos del gran regalo que Jesús nos dejó, que no lo tuvieron nuestros antepasados por espacio de miles de años. No nos portemos como insensatos.

Lecturas del Domingo: Agosto 5, 2018 – El mal de las lenguas espinosas

La recolección del Maná
La recolección del Maná, por James TissotJacques Joseph Tissot Jewish Museum, Public Domain, Link

Cuando un grupo de judíos murmuraba contra Jesús –decían que cómo era posible qué el venía del cielo si lo habían visto ser criado por sus padres, José y María–, el Hijo de Dios les respondió:

“No murmuren. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre”.

Este pasaje nos muestra cómo en el mismísimo pueblo de Jesús existía una envidia y hasta rencor contra el nuevo profeta que estaba haciendo muchos milagros y causaba mucho movimiento entre la gente de la antigua Galilea. Y estaba acercándose a la capital de la región, Jerusalén.

Algo interesante, sin embargo, es que estos chismes contra los verdaderos y buenos líderes no son algo nuevo. La envidia y la maldad han existido desde que salimos del Paraíso, y en la primera lectura también nos enteramos que el mismo pueblo Judío también se revela contra sus libertadores, Moisés y Aarón:

“Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”.

¡Pero qué desfachatez, descaro e ingratitud! Moisés había guiado al pueblo a la liberación de sus opresores. Los egipcios usaban a los judíos como los peores esclavos que eran explotados en cualquier condición –viejos, enfermos– hasta morir; y cuando éstos comenzaban a multiplicarse, se llevaba a cabo la medida de control final: matar a todos niños menores de tres años.

Dios vio todas estas injusticias y y prometió sacar a su pueblo de Egipto. Ellos fueron testigos de todas las plagas, las cuales eran maravillosas en su naturaleza, y finalmente vieron el gigantesco milagro de la partición del mar para proveerles de un pasaje para escapar de la última persecución de Faraón.

Y ahora, están añorando volver a ser esclavos. Con muchas injusticias, pero con comida. Con muerte y humillación, pero con un techo inmundo. Con enfermedad y dolor, pero con una ración de vino rancio de vez en cuando.

Pero, ¿Cuál fue la respuesta de Dios ante el clamor de este pueblo?, ¿Acaso fue de muerte y destrucción? No. Esta fue su respuesta:

“–Refiriéndose a Moisés– Diles de parte mía: ´Por la tarde comerán carne y por la mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios.
“Aquella misma tarde, una bandada de codornices cubrió el campamento. A la mañana siguiente había en torno a él una capa de rocío que, al evaporarse, dejó el suelo cubierto con una especie de polvo blanco semejante a la escarcha. Al ver esto, los israelitas se dijeron los unos a los otros: ´¿Qué es esto?´pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: Éste es el pan que el Señor les da por alimento´”.

La justicia divina es grande. Pero el amor y la misericordia de Dios es millones de veces mayor.