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Lecturas del Domingo: Enero 6, 2019 – La Epifanía del Señor

Los reyes magos
Los Magos de Oriente

Epifanía quiere decir la manifestación, y para nosotros se entiende como la fiesta en que Jesús toma forma humana en la Tierra y se hace presente. Y el reconocimiento de esta manifestación es la llegada de los magos de oriente que vienen a ofrecerle regalos y, más importante, a postrarse ante él para adorarlo.

El significado de este evento es muy sencillo, pero a la vez muy trascendental. Un grupo de sabios de tierras lejanas vienen a Belén con regalos para un niño que acaba de nacer. Ellos no conocen a los padres, no saben en dónde está la familia, ni cómo se llaman. Están buscando al Rey de Reyes por un mensaje que recibieron en un sueño y después por una estrella que los va guiando a donde está el niño.

El Evangelio de san Mateo dice que esto ocurre en tiempo de Herodes, gobernador de Judá. Y lo dice para dejar en claro que se trata de un evento que se puede verificar históricamente: Es cierto, Herodes gobernó al area de Judá y llevó a cabo una matanza de niños. Aunque este tipo de matanzas había sido cosa común en el pasado en contra del pueblo Judío, en tiempos de la ocupación romana resultaba dramático y aberrante… pero como los judíos eran un pueblo que causaba muchos problemas y dolores de cabeza, pues el Imperio no le dio mucha importancia.

He aquí algunas cosas a considerar de este acontecimiento:

Cuando los magos de oriente llegaron, debieron haberlo hecho de manera que causó tanta conmoción en la región, pues llamaron la atención del gobernador Herodes.

La Biblia no dice cuántos fueron, y mucho menos sus nombres. Lo que sí dice es que llevaron como regalos: oro, incienso y mirra. Por eso, la tradición dice que fueron tres reyes magos, y con el paso del tiempo hasta se les puso nombre: Melchor, Gaspar y Baltazar. Recordemos: esto es producto de la tradición cristiana de principios del cristianismo.

Herodes no era un pelafustán cualquiera. Fue proclamado Rey de los Judíos por el mismo emperador romano Marco Antonio –el que se enamoró de Cleopatra– e históricamente se le reconoce como constructor de grandes obras en la región de Judá. Pero era un déspota que mandó matar a miembros de su propia familia, incluyendo su esposa. Era un paranoico que llegó a tener una guardia personal de más de dos mil hombres y una policía secreta para saber qué era lo que pensaba el pueblo de su mandato. Los que lo criticaban recibían dolorosos castigos. Así pues, nos damos cuenta de que tenía mucho que perder y no era una persona que fuera a pensar dos veces las medidas para protegerse.

Con estos datos en mente, veamos que los magos de oriente llegaron Judá y al ser interrogados por Herodes éste les dijo que después que adoraran al niño volvieran con él para decirle dónde estaba para también él ir a adorarlo. No lo hicieron porque fueron advertidos en un sueños que volvieran por una ruta diferente. Al mismo tiempo, San José –el padre de Jesús– fue advertido en otro sueño que Herodes quería matar al niño y debían esconderse.

Al saberse Herodes engañado, su ira fue tal que mandó matar a todos los niños menores de dos años en la región de Belén. A estos bebés que murieron por Jesús, los primeros mártires, se les conoce como los Santos Inocentes y se les recuerda el día anterior a los Santos Difuntos en Noviembre.

Todo esto ocurrió en los primeros doce días de vida de Jesús. Desde ese momento el mundo estaba cambiando y muchos sucesos, buenos y malos, se estaban gestando a su alrededor.

San José escondió a la familia en Egipto hasta la muerte de Herodes. Entonces regresaron y se establecieron en Nazaret.

 

Lecturas del Domingo: Diciembre 30, 2018 – La Sagrada Familia

Imagen de la sagrada familia
La Sagrada Familia

El día de hoy celebramos a La Sagrada Familia: el pequeño Jesús, su padre San José y la Virgen María. Y la lectura del Evangelio de este día es conocida por la tradición popular –y en los misterios del rosario– como el relato del “niño perdido y hallado en el templo”:

“Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que los padres lo supieran.
“Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca”.

Conozcamos un poco del contexto de esta historia. El camino de Jerusalén a Belén no es nada fácil. Se trata de una distancia de aproximadamente 90 millas (135 Kms), que la gente pobre tenía que recorrer en caravanas, algunos en carros tirados por animales, otros en mulas, y los más pobres a pie. Pero dichas caravanas se dividían: primero salían los niños uno o dos días antes, luego las mujeres y al final los hombres, con un día de atraso pues ellos caminaban más rápido que los demás.

Pasó un día de viaje cuando San José y María, de alguna forma se dieron cuenta de que Jesús no iba en la caravana de los niños. Posiblemente era la mitad del camino, y es entonces que se deciden regresar. Definitivamente, no se trata ni de un chiste ni de algo que se toma a la ligera.

¿Qué actitud hubieran tenido mis padres si les hubiera hecho eso?

En fin, sigue el relato:

“Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas.
“Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: ´Hijo mío, ¿porqué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando, llenos de angustia´. Él les respondió: ´¿Porqué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?´. Ellos no entendieron la respuesta que les dió.
“Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.
“Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres”.

El contenido de este relato del Evangelio de San Lucas nos habla de muchas cosas; por ejemplo, de cómo la adolescencia marca el parteaguas de la vida de una persona: el joven que, basado en lo que ha aprendido en su familia, tiene que buscar su propio camino, veces ante la incomprensión de sus padres que han montado en sus mentes y corazones expectativas a las que los hijos no responderán necesariamente.

Hagamos de la Sagrada Familia un ejemplo para las nuestras. Ante la incomprensión y la desesperación que a veces sentimos con nuestros hijos, recordemos que hasta el mismo Jesús nos dio una lección de ellos también deben buscar sus vidas, pero siguiendo sometidos a la autoridad de sus padres.

 

Lecturas del Domingo: Diciembre 16, 2018 – Adviento: Alegría

Vela rosa del tercer domingo de adviento
Tercer Domingo de Adviento

Hoy es el Tercer Domingo de Adviento, y la tercera vela que se enciende representa la Alegría en nuestras almas porque está ya casi aquí nuestro Señor Jesús.

El color rosa de la vela también estará muy presente en todas las iglesias, incluyendo la vestimenta del sacerdote.

San Pablo, en su carta a los filipenses, manda un mensaje de mucha esperanza y alegría:

“Hermanos míos: Alégrense siempre en el Señor; se lo repito: ¡Alégrense! Que la benevolencia de ustedes sea conocida por todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada, más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud. Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”.

¡Ánimo! Jesús está cada vez más cerca.

 

Lecturas del Domingo: Diciembre 9, 2018 – Adviento: Fé

San Juan Bautista
“La prédica de San Juan Bautista” por Pieter Brueghel the ElderOwn work Yelkrokoyade Taken in 20/07/2013, Public Domain, Link

La vela de hoy está dedicada a la Fé.

Seguimos en el tiempo de Adviento, es decir, de preparación. Y el Evangelio de San Lucas de este día nos habla de Juan el Bautista y su mensaje de preparación para la llegada de Jesús.

Pero, lo más interesante de hoy es cómo Lucas nos demuestra que las Sagradas Escrituras tienen sus raíces en la historia. Mucha gente reniega de la fé cristiana acusándola de falsedad, mito y leyenda.

Pero Lucas nos dice:

“En el año décimo quinto del reinado de César Tiberio, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes, tetrarca de Galilea, su hermano Filipo, tetrarca de las regiones de Iturea y Traconítide; y Linsanias, tetrarca de Abilene; bajo el pontificado de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios en el desierto sobre Juan, hijo de Zacarías“.

Marcando coordenadas históricas de emperador, reyes y procurador. Pero no sólo eso, sino que también nos muestra una jerarquía de posiciones sólida, que no va mucho más allá de un simple rumor o fantasía.

Termina la lectura con el mensaje de preparación de Juan:

“Entonces comenzó a recorrer toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías:
“Ha resonado una voz en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios”.

Juan nos invita a prepararnos para recibir a Jesús. En este tiempo de Adviento, reflexionemos lo que en realidad significa su mensaje y enderecemos el camino todavía que hay tiempo.

Escuchemos a la verdadera voz que clama en el desierto de nuestro corazón.

 

Lecturas del Domingo: Diciembre 2, 2018 – Adviento: Esperanza

corona de adviento
Corona de Adviento, por Johann JaritzOwn work, CC BY-SA 3.0 at, Link

El año litúrgico está dividido en varias partes como el Adviento, la Cuaresma, el tiempo ordinario, etc.  Hoy es el primer domingo del nuevo año litúrgico 2019, y también el inicio del tiempo de Adviento.

Cuando vamos a ir a una fiesta o celebración importante, usualmente nos preparamos física y mentalmente para poder atender dicho evento. Sabemos que tenemos que prepararnos mentalmente porque nos van a preguntar de la familia, el trabajo, los amigos, ¡y hasta el clima! Y sabemos que es siempre recomendable ir bien presentables, bien vestidos, y –especialmente– con alegría en el rostro y en nuestra alma… si no es así, entonces ¿para qué ir? ¿No crees?

Así el tiempo de Adviento es para lo mismo: tendremos cuatro semanas para prepararnos espiritualmente para conmemorar uno de los principales eventos de la historia de la humanidad, el nacimiento de Jesús. Y si hay alguien que dude de la magnitud de este evento, me permito recordarles que la escala del tiempo está dividida en Antes de Cristo y Después de Cristo. Así de grande es la importancia del nacimiento del Hijo de Dios.

Las cuatro semanas están representadas en nuestras Iglesias por una corona de ramitas, flores y cuatro velas, las cuales se irán encendiendo una por una durante este y los próximos tres domingos. Cada vela tiene un significado especial y la de hoy está dedicada a la Esperanza.

En la primera lectura escuchamos a Jeremías, el profeta que fue enviado por Dios para predicar en medio de uno de los peores tiempos del pueblo judío, cuando no había mucha esperanza pues la mayoría de los descendientes del rey David, el más poderoso, ya habían muerto o desaparecido. La gloria de tiempos pasados estaba lejos y no había indicios de una nueva etapa de alegría o resurgimiento del reino.

Pero, Jeremías –por orden de Dios– predica con un gran mensaje de Esperanza:

“Se acercan los días, dice el Señor, en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos día y en aquella hora, yo haré nacer del tronco de David un vástago santo, que ejercerá la justicia y el derecho en la tierra. Entonces Judá estará a salvo, Jerusalén estará segura, y la llamarán ´El Señor es nuestra Justicia´”.

Jesús es hijo de José el carpintero de Belén, pero que es descendiente directo de David, por lo tanto descendiente también de David, tal como lo había predicho Jeremías, casi 600 años antes.

Este es un mensaje de esperanza para el pueblo Judío, el cual estaba muy abatido por todas las derrotas por las que estaba pasando. Ahora, las cosas cambian, pues es el comienzo de un período de esperar a que venga un Mesías, de la misma casa del poderoso David.

Y al igual que ellos, nosotros también esperamos al nacimiento de Jesús como nuestro mesías, nuestro salvador, nuestro liberador. ¡Feliz inicio de Adviento!

Lecturas del Domingo: Noviembre 25, 2018 – Jesús, Rey del Universo

The Good Shepard
El buen pastor, por Alfred Handel, d. 1946[2], photo:Toby Hudson (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0) or GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)], via Wikimedia Commons

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“Pilato le dijo: ´¿Conque tú eres rey?´ Jesús le contestó: ´Tú lo has dicho. Soy Rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz´”.

Con estas palabras, termina el diálogo entre Poncio Pilato y Jesús cuando era interrogado después de que fue entregado por los judíos. El contexto es muy interesante, pues Judea era una de las regiones que los romanos estaban cansados de estar constantemente vigilando, pues aunque se encontraba bajo control de Roma, siempre estaba en rebeldía y sus líderes eran bastante incomodos, pues eran sumamente religiosos y en muchas ocasiones contradecían al César con grandes cantidades de exigencias de tipo teológico.

Pero el area de Judea era de gran importancia para el imperio por su posición estratégica en el mar Mediterráneo, al grado de que el emperador estaba dispuesto a soportar su extravagancias, como soltar a un reo cada año, en la época de pascua.

Esta semana celebramos el final del año litúrgico 2018, y lo hacemos con una de las fiestas más grandes: la entronación de Jesús como el Rey de Reyes, el Señor de Señores, el Rey del Universo.

Pero la Iglesia nos pide que no sólo asistamos a misa por cumplir, sino que salgamos con una reflexión que tenemos que hacer de manera personal: ¿Qué significa para cada uno de nosotros este día?

Debemos pensar, primero sobre la magnitud del sacrificio de Jesús por nosotros: el murió para liberarnos del pecado original, el cual fue una ofensa tan grande para Dios que requería un sacrificio más grande para borrarlo. Después de la muerte de Nuestro Señor, la humanidad quedó libre de este pecado, todos lo que habían muerto y quedado en limbo finalmente fueron admitidos en el reino de Dios. Además, después de su muerte, todos tenemos la posibilidad de alcanzar la vida eterna después de que acabe nuestro tiempo en la Tierra.

Segundo, ¿Qué significa en realidad significa ser seguidor de Cristo personalmente? ¿Qué es lo que realmente debemos hacer para ser dignos de tan elevada ofrenda? Estas respuestas deben ser personales; cada uno de nosotros –como seres inteligentes que somos– tenemos la capacidad para saber responderlas. Tal vez no es algo que ni siquiera queramos discutir por el miedo que tenemos de ver hacia adentro de nuestra alma.

Y tercero, si entendemos y aceptamos el misterio de Jesucristo (las dos preguntas anteriores), entonces, ¿Estamos dispuestos a reconocer públicamente a Jesús como nuestro Rey? ¿A reconocerlo como Rey del Universo? Si es así, ¿Estamos dispuestos a establecer un contacto personal siguiéndolo en un culto, rezando, y –principalmente– siguiendo sus mandamientos?

El imperio romano estuvo gobernando por más de 500 años gran parte del mundo conocido. Los emperadores y sus enviados hicieron grandes cambios en la humanidad, pero al final cayeron. Ningún César y ningún Pilato sobrevivió.

El reino murió y fue sustituido por otros: el Otomán, el asiático de Khan, los europeos, las dinastías chinas e indues. Pero el reino de Dios, y de Jesús, nunca acabará.

Dice Daniel, en la primera lectura:

“Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: Vi a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano de muchos siglos y fue introducido a su presencia. Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino. Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo servían. Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido”.

¡Viva Cristo Rey!

 

Lecturas del Domingo: Noviembre 18, 2018 – Estemos preparados

Daniel en la cueva de los leones
Daniel en la cueva de los leones, por Briton Rivière – Manchester City Art Gallery [sic!], Public Domain, Link
Hoy es el último domingo del tiempo ordinario. La semana próxima será el último domingo del año litúrgico, y comenzará el tiempo de preparación para la Navidad.

Y en este día las lecturas tienen tintes un poco obscuros, pues son tomadas de visiones apocalípticas. Recordemos que hay muchas profecías en la Biblia que nos hablan del final de los tiempos, especialmente los profetas Elías, Daniel, y San Juan y el mismo Jesús. Hoy escucharemos primero a Daniel.

“En aquel tiempo, se levantará Miguel, el gran príncipe que defiende a tu pueblo”.

Esta es una referencia al Arcángel Miguel, que junto con Gabriel son dos de nuestros principales defensores.

“Será aquél un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo. Entonces se salvará tu pueblo; todos aquellos que están escritos en libro”.

Obviamente, esto se refiere a la “lista de gente buena” que tendrá la dicha de salvarse, y eso incluye a vivos y muertos.

“Muchos de los que duermen en el polvo, despertarán: unos para la vida eterna, y otros para el eterno castigo”.

El libro de Daniel contiene muchas profecías, muchas de ellas relacionadas con Jesús. Pero hoy estamos hablando de una narración corta del Apocalipsis, y el contenido es muy similar al que más de doscientos años después nos presentará Juan en su propia versión.

Pero ahora, Jesús nos recuerda que:

“Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas, y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y él enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra hasta lo más alto del cielo”.

De nueva cuenta, leemos que habrá elegidos, y que no todos serán tan afortunados para poder subir la escalera al cielo. Pero, ¿Cuándo ocurrirá esto? Jesús nos dice:

“Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo, ni el Hijo; solamente el Padre”.

Así que, no piensen ustedes que no hay que preocuparse por ahora. El día del juicio va a ocurrir, y pasará cuando menos nos lo esperemos. Después, cada uno de nosotros, aunque ya estemos muertos, tendremos nuestra cita privada con Jesús, y después de evaluarnos personalmente, sin abogado, sin intermediario, nos dará nuestro resultado final:

Unos para la vida eterna, y otros para el eterno castigo.

 

Lecturas del Domingo: Octubre 28, 2018 – Vete; tu fe te ha salvado

Jesús y el ciego
Jesús y el ciego, por Andrey MironovOwn work, CC BY-SA 4.0, Link

Muchas veces hemos escuchado que la fe mueve montañas, que con una fe tan pequeña como un grano de mostaza podríamos hacer cosas increíbles como caminar sobre el agua.

Pero, a la hora de demostrar que tenemos fe nuestra naturaleza humana –el instinto de conservación, pero más fuerte la incredulidad sobre las cosas que no podemos ver– se interponen en nuestro camino. ¿Cuántas veces nos ha pasado que hemos dejado algún proyecto o plan sólo por el hecho de que tenemos un diablito en el hombro que nos dice “No, no puedes hacer eso, ¡olvídalo!”?

El Evangelio de hoy nos habla de un Bartimeo, un ciego que pedía limosna en uno de los caminos de Jericó. Al oír que Jesús pasaba le empezó a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”. La gente le decía que se callara, semejando nuestras propias inseguridades, pero el insistía en su clamor. Llegó un momento que gritó a toda voz: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”.

“Jesús se detuvo entonces y dijo: ´Llámenlo. Y llamaron al ciego diciéndole: ´¡Ánimo!, Levántate porque él te llama´”.

Nuestro hermanos separados –los llamados cristianos y de otras sectas– tienen un dicho de que nuestra oración debe ser sencilla y tratando de no molestar a Dios, pero eso queda eliminado con el fragmento del Evangelio de hoy, pues el ejemplo más grande de que Dios en verdad escucha nuestra oración, pero es nuestra propia responsabilidad de hacerlo continuamente, no nada más que una sola vez.

El ciego no hizo caso de los regaños de la gente para que se callara, sino que, al contrario, gritó mas fuerte para poder ser escuchado.

Sigue la lectura:

“El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces, le dijo Jesús: ´¿Qué quieres que haga por ti?´ El ciego le contestó: ´Maestro, que pueda ver´. Jesús le dijo: ´Vete; tu fe te ha salvado´. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino”.

El hombre del relato es ciego, pidiendo limosna en el camino. Cuando Jesús le llama, lo primero que hace es “tirar su manto”. Es fácil imaginar que para una persona de su condición el manto es de las pocas cosas valiosas que tiene. Quizás para el resto de la gente no es mas que un trapo mugroso y feo, pero para él se trata de su más importante posesión. Y, ¿qué es lo que hace con el manto? Se despoja de él, no le importa, pues reconoce que es más importante seguir a Jesús.

Una gran lección para todos.

Y luego, Jesús lo premia por su fe, devolviéndole la vista.

Y el ciego, no se queda ahí o se va sin agradecer. Comienza a seguir a Jesús por el camino.

Orar, orar, y orar. Esa es la clave de nuestra conversación con Dios y el inicio del crecimiento de nuestra fe. Y una vez que los milagros nos lleguen, por favor no te desatiendas o los olvides, reconócelo, agradece y sigue a Jesús.

Lecturas del Domingo: Octubre 21, 2018 – El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor

Jesus y sus discípulos
Jesús y sus discípulos, por James TissotOnline Collection of Brooklyn Museum; Photo: Brooklyn Museum, 2007, 00.159.129_PS2.jpg, Public Domain, Link

“Se acercaron a Jesús, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, y le dijeron: ´Maestro, queremos pedirte que nos concedas lo que vamos a pedirte´, Él les dijo: ´¿Qué es lo que desean? Le respondieron: ´Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria´”.

Es interesante ver que, incluso con los seguidores más cercanos de Jesús, existía desde un principio la envidia y la vanidad: unos quieren ser más que los otros, y no importa lo que tengan que hacer, incluyendo ir y hablar directamente con el jefe para pedir un aumento o un ascenso.

Siempre hemos pensado que en nuestra actual cultura de trabajo debemos ser competitivos: premiamos, aplaudimos y admiramos a aquellos que son audaces y hacen cosas grandes en el trabajo, y menospreciamos a los flojos y a aquellos que no tienen iniciativa.

En el caso de Juan y Santiago, su audaz movimiento de pedir a Jesús estar a sus lados en el tiempo de la gloria, les trajo como consecuencia el enojo y furia de los otros apóstoles, quienes les mostraron su indignación al grado de que Jesús les llamó a todos y les dijo:

“Ya saben que los jefes de las naciones les gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos los oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario, el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del Hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”.

Que quede claro, Jesús no sanciona al emprendedor, sino al avaricioso. Hay una línea fina entre realizarse como persona en el trabajo y en la vida, y el querer todo y no ayudar a los demás. Jesús no nos dice que está mal que queramos más, siempre y cuando no nos olvidemos de los otros.

Humildad en el servicio. Cuando estás creciendo profesionalmente, o en tu negocio, o en tu educación, ayuda a los demás, cuando estés arriba en alguna posición de importancia, acuérdate de los otros que están por debajo de ti.

En tu negocio, no exprimas a tus empleados y ayúdalos, no sólo con el pago de lo que dice la ley que es justo, sino siempre un poco más.

Y en la escuela, recuerda a los otros compañeros que no son tan inteligentes como tú. Ayúdalos con tutoría y apoyo.