Hoy es el decimotercero domingo ordinario, y esta semana escucharemos acerca de otro profeta. La semana pasada conocimos un poco de JeremÃas, pero hoy leeremos acerca del milagroso Eliseo.
Pero el tema principal de hoy es la gracia de dar sin esperar nada a cambio. Aquà tenemos la primera lectura de hoy, tomada de un fragmento del Segundo Libro de Reyes:
Y para terminar, siguiendo con el tema de saber dar, tenemos la Palabra de Dios, tomada del Evangelio de San Mateo:
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: ‘El que ama a su padre o a su madre más que a mÃ, no es digno de mÃ; el que ama a su hijo o a su hija más que a mÃ, no es digno de mÃ; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mÃ'”.
AsÃ, al aceptar la voluntad de Dios –aunque sea con mucho dolor– estamos demostrando que lo queremos más a Él que a nadie mas.
Finaliza el Evangelio diciendo:
“El que salve su vida la perderán y el que la pierda por mÃ, la salvará. “Quien los recibe a ustedes me recibe a mÃ; y quien me recibe a mÃ, recibe al que me ha enviado. “El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. “Quien diere, aunque no sea más que una vaso de agua frÃa a uno de estos pequeños, por ser discÃpulo mÃo, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.
El dÃa de hoy regresamos al tiempo ordinario de la Iglesia. Esta vez, estamos en la segunda parte del mencionado tiempo, y los sacerdotes regresarán a utilizar las vestiduras de color verde, el cual simboliza la esperanza en nuestra vida.
La primera lectura nos habla de JeremÃas, esl cual fue un profeta conocido señalar las malas acciones de la gente en las plazas del pueblo israelita. Muchos de sus enemigos querÃan matarlo porque constantemente los regañaba y arremetÃa contra sus maldades.
En alguna ocasión, hasta le pidió a Dios que no lo mandara a cierta ciudad, pues temÃa que ahora sà lo iban a matar. Pero Dios lo convenció de que no temiera, pues Él iba a estar a su lado. Eso fue suficiente para que nuestro profeta se parará en medio de la plaza y predicara sus famoso sermones; y al final salió caminando en medio de la gente sin que le hicieran daño.
Consagración del vino en la Parroquia de Corpus Christi en Lawrence, MA.
Para nosotros los católicos, la EucaristÃa es el sacramento (el ritual) en el que se consagran (se ofrecen o dedican) una ofrenda de pan y vino, en recuerdo de la Última Cena de nuestro Señor Jesucristo.
Hoy es el dÃa dedicado por la Iglesia para recordar especÃficamente el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor, representados por el Pan y el Vino.
La primera lectura, tomada del libro del Deuteronomio, nos recuerda El Pan
La segunda lectura, tomada de la primera carta de San Pablo a los corintios, nos recuerda El Vino
“Hermanos: El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo? El Pan es uno, y asà nosotros, aunque somos muchos, formamos un sólo cuerpo, porque todos comemos del mismo Pan”.
Y el Evangelio de San Juan nos muestra el Cuerpo y la Sangre de Jesús como la clave de la salvación
Todos podemos alcanzar la vida eterna. La clave está en lo que dice Jesús de comer su cuerpo y su sangre. ¿Cómo lo podemos hacer? Consumiendo la EucaristÃa que se da en la Iglesia todos los domingos. Pero para poderla consumir, tienes que seguir los mandamientos de Dios y seguir a Jesús.
Asà todo lo necesario para la salvación está enfrente de nosotros en todas las misas a la hora de la consagración: El Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Jesús ha resucitado y constantemente se ha aparecido a sus discÃpulos. Incluso, en una ocasión se manifestó a muchÃsima gente. Y cada vez, les recuerda a todos que está por irse, pero no se quedarán solos: El EspÃritu Santo se quedará con ellos.
Recordemos que, al principio de la vida pública de Jesús, cuando Juan el Bautista procedió a bautizar a Jesús en el Jordán, mucha gente, incluido San Juan, el discÃpulo amado por Jesús, son testigos de que el “EspÃritu Santo descendió como paloma” y se posó sobre nuestro Señor.
Luego, según el Evangelio de hoy, del propio San Juan, Jesús les dejó el EspÃritu Santo a los apóstoles:
La semana pasada, al depedirse de ellos Jesús los animaba a seguir adelante con un mensaje de esperanza. Ahora, Jesús encomendará a Dios a todos aquellos que lo siguen y que lo aman:
Imágen de la SantÃsima Trinidad, por www.ldm.lt, Public Domain, Link
La semana pasada, Jesús nos hablaba del cÃrculo que representa que El está en Dios, y Dios está con El, formando uno solo. Ahora, dicho cÃrculo crece, y nos abraza para que todos podamos ser parte de un solo cuerpo y un solo espÃritu. ¡Ah! Pero tenemos que cumplir sólo una importante regla…
Dice el Evangelio de San Juan que Jesús les decÃa a sus discÃpulos:
De esta manera, Jesús se refiere que, a su partida, no estaremos solos, sino que el EspÃritu Santo se quedará aquÃ, acompañándonos y guiándonos. Sin embargo, y desafortunadamente, no estará disponible para todo el mundo:
“En mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes en cambio, sà lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes”.
Para desdicha de muchos, aquellos que no ven, no conocen, o no siguen a Jesús, tampoco lo verán.
Este es el cuarto domingo del tiempo de Pascua, y es el comienzo de una serie de lecturas del Evangelio de San Juan, durante el tiempo antes de la Pasión.
Jesús menciona esta parábola usando como ejemplo ovejas, rebaños y pastores. Obviamente sabemos que lo hace porque se está dirigiendo a hombres humildes, que no habitan en palacios o que tienen puestos de trabajo complejos. No. Se está dirigiendo a campesinos, pastores, pescadores.
Cuando Jesús menciona que “el que no entra por la puerta del redil” se refiere a la pasión, sufrimiento, muerte y resurrección que el sufrirá en el futuro. Sólo aquel que entra por esa puerta “el que la cuida” (Dios) se la abre, y las ovejas (todos nosotros) reconocen su voz. Todos los que saltan por otro lado son los que no quieren sufrir, no quieren cargar con sus cruces y tratan de engañar a los demás diciendo que haban en nombre de Dios. ¡Charlatanes!
“Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les querÃa decir. Por eso añadió: ‘Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado’. “Yo soy la puerta; quien entra por mà se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia'”.