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Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

La crucifixión
“La Crucifixión”, por Simon Vouet – Simon Vouet, Public Domain, Link

¡Wow, ha pasado todo un año! Hoy terminamos el año litúrgico con la celebración de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. El próximo domingo comienza el tiempo de preparación para la Navidad y que se le conoce como tiempo de Adviento.

Este domingo también terminamos de leer el Evangelio de San Lucas que nos guió durante todo el tiempo ordinario:

“Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas diciendo: ‘A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido’.
“También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él le ofrecían vinagre y le decían: ‘Si tú eres rey de los judíos, sálvate a ti mismo’. Había en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el rey de los judíos”.
“Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús diciéndole: ‘Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros’. Pero el otro le reclamaba, indignado: ‘¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste, ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: ‘Señor. cuando llegues a tu reino, acuérdate de mí’. Jesús le respondió: ‘Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso'”.
Palabra de Dios.

Lecturas del Domingo: Noviembre 17, 2019 – ¿Cuándo es el final?

Tsunami del año 2004. Final de los tiempos.
“Tsunami del 2004”, por David Rydevik (email: david.rydevikgmail.com), Stockholm, Sweden. – Originally at Bild:DavidsvÃ¥gfoto.JPG., Public Domain, Link

Hoy es el XXXII Domingo del Tiempo Ordinario de la Iglesia, y muchos lo consideran como el último del año litúrgico. En una semana tendremos la celebración de Nuestro Señor Jesucristo y luego vendrá el tiempo de Adviento.

Durante todo el año hemos escuchado el Evangelio de San Lucas, y –junto con el de la semana pasada– hoy tenemos una lectura acerca del final de los tiempos:

“En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: ‘Días vendrán que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo quedará destruido’.
“Entonces le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que está a punto de suceder?’ Él les respondió: ‘Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: “Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado”. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin’.
“Luego les dijo: ‘Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles.
“Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí.
“‘Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes. 
“‘Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida'”.

Mucha gente piensa que todos los acontecimientos descritos en la lectura de hoy están en sí apareciendo. Pero, estos mismo ha sucedido por cientos de años. Nuestra única verdad es mantenernos en la fe de Nuestro Señor Jesucristo y vivir según sus enseñanzas.

Lecturas del Domingo: Noviembre 10, 2019 – Nuestra vida eterna

Una novia para siete hermanos
Una novia para siete hermanos

La lectura del Evangelio de San Lucas de este domingo está basada en un hecho real que se ha repetido por cientos de años: el que una viuda se case con los hermanos del marido muerto en secuencia. Aunque parece inusual, no son pocas las culturas que lo han vivido y que sus comunidades aún lo mencionan:

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos le preguntaron: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin, murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues lo siete estuvieron casados con ella?’
Jesús les dijo: ‘En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues Él los habrá resucitado.
Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para Él, todos viven”.

Así, que no nos preocupe qué va a pasar con nosotros cuando estemos en el Reino de Dios: ni si nos veremos jóvenes, o viejos, o hermosos, o feos, o flacos, o gordos. Me veré con mi antiguo amor o con el actual, etc.

Seremos como luces que no tienen ni sexo ni forma física y que ya no necesitan estar en pareja o en grupos sociales, pues todo lo tendremos con Dios, pues estaremos con Él y Él con nosotros.

Dios está con nosotros.

 

Lecturas del Domingo: Noviembre 3, 2019 – El milagro de Zaqueo

Zaqueo
Zaqueo, por Gunnar Bach Pedersen – Own work (Own photo)(Randers Museum of Art, Randers, Denmark), Public Domain, Link

¿Recuerdas la semana pasada que hablábamos de los publicanos? Estos personajes que se encargaban de cobrar impuestos a los de su propia raza –el pueblo judío– y que por lo general eran insensibles, severos y corruptos, y por eso eran muy odiados por su propia gente.

Pues esta semana tenemos a ni más ni menos que al jefe de ellos siendo protagonista en el Evangelio de San Lucas:

“En aquel tiempo, Jesús entró a Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús, pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: ‘Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa’.
“Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: ‘Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador’.
“Zaqueo, poniéndose de pie dijo a Jesús: ‘Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más’. Jesús le dijo: ‘Hoy, ha llegado la salvación a esta casa, porque él también es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido'”.

De esta hermosa narración, podemos pensar en los siguientes hechos:

  • Zaqueo buscó a Jesús; pero no de forma pasiva. Él, siendo chaparro, sabía que hay que hacer un esfuerzo para encontrar a Jesús a pesar de sus limitaciones, y por eso se subió al árbol.
    ¿Cuáles son tus limitaciones que te impiden llegar a Jesús?
  • Cuando Jesús le llamó, él se alegró, no hizo caras ni muecas.
  • Siendo un pecador, un publicano, reconoció sus errores y hablándole a Jesús le ofrece dar la mitad de sus riquezas a los pobres. Mucho ojo: Zaqueo no ofrece quedarse pobre y darle todo a los ricos, sino que ofrece su mitad.
    ¡Seguir a Jesús no significa destruir lo que tenemos o quedarnos en ruinas que luego nos pongan de mal humor o nos vuelvan resentidos contra nuestro Señor!
  • Siendo pecador promete reparar los daños que haya hecho a los demás.

Qué maravilla de la conversión de Zaqueo. Él es un ejemplo de que se puede servir a Dios ayudando a los demás sin volvernos pobres y quedarnos en ruinas, pero sabiendo ser verdaderamente generosos. Dar la mitad de lo que tenemos no es algo sencillo.

¿Y su recompensa?

Jesús le dice que él también es hijo de Abraham, a pesar de ser el jefe de los publicanos. Y más que nada, que también tiene derecho a la misericordia de Dios, especialmente por su arrepentimiento y su caridad.

Nosotros también alcanzaremos la salvación si sabemos entender este Evangelio y nos convertimos más en el Zaqueo que recibió a Jesús y logró congraciarse con Dios por sus acciones.

Dios es un juez que no se deja impresionar

La viuda y su hijo
La viuda y su hijo, por James TissotOnline Collection of Brooklyn Museum; Photo: Brooklyn Museum, 2008, 00.159.211_PS2.jpg, Public Domain, Link

Siguiendo con el tema de este domingo pasado –en que hablábamos del fariseo y del publicano– hoy traemos la primera lectura:

“El Señor es un juez que no se deja impresionar por apariencias. No menosprecia a nadie por ser pobre y escucha las súplicas del oprimido. No desoye los gritos angustiosos del huérfano ni las quejas insistentes de la viuda.
“Quien sirve a Dios con todo su corazón es oído y su plegaria llega hasta el cielo. La oración del humilde atraviesa las nubes, y mientras él no obtiene lo que pide, permanece sin descanso y no desiste, hasta que el altísimo lo atiende y el justo juez le hace justicia”.

Ora, ora y ora. No dejes de orar, y con paciencia, el Señor escuchará tu oración.

Lecturas del Domingo: Octubre 27, 2019 – El fariseo y el publicano

Fariseo y Publicano en el templo
El Fariseo y el Publicano en el templo

A los fariseos, sumos conocedores de la antigua ley judía, les gustaba ser tratados con reverencia, recibir los mejores lugares en las comidas, las adulaciones y el respeto. Los publicanos, eran judíos autorizados por el gobierno romano a colectar los impuestos sobre sus propia raza, y eran sumamente odiados y tildados de traidores a su propio pueblo. Muchas veces, los publicanos incrementaban el porcentaje autorizado por los romanos para los impuestos para quedarse ellos mismos con esa diferencia.

Ambas clases de personas eran vistas con recelo y fastidio por el común de la población, que no podía hacer nada contra ellos mas que maldecirlos o hacerles malas caras a sus espaldas.

Jesús, en el evangelio de hoy, hace protagonistas de estos grupos en una de sus más importantes parábolas:

“Dos hombres subieron al tiempo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces a la semana y pago el diezmo de todas mis ganancias'”.

Este hombre estaba haciendo más de lo que la ley pedía: ayunar dos veces por semana, cuando la ley sólo pedía una. Pagaba diezmo de todo lo que ganaba. Y se jactaba de no ser pecador. Hasta se comparó con el publicano. Buen hombre, sin duda. Pero sin corazón, sin amor. ¡Claro que pecaba! Al menos de prudencia y de humildad.

Sigue la lectura:

“El publicano, en cambio, se quedó a lo lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’
“Pues bien, yo les aseguro que éste bajo a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

Sabra Dios cuántas cosas malas habría hecho el publicano para irse a confesar ante Él de ser pecador. Pero al menos, tenía la sinceridad para reconocerse y no compararse con los demás. No nos dejemos engañar por las apariencias. No todo lo que brilla es oro.

 

Siguiendo con el poder de la oración

Moisés, Aarón y Jur
“La victoria del Señor” por John Everett Millais – Originally uploaded on en.wikipedia by Paul Barlow (Transferred by lux2545), Public Domain, Link

El Evangelio de esta semana nos habló acerca del poder de orar. En la primera lectura de este pasado domingo, tenemos un hermoso episodio tomado del Libro del Exodo.

“Cuando el pueblo de Israel caminaba a través del desierto, llegaron los amalecitasy lo atacaron en Refidim. Moisés dijo entonces a Josué: ‘Elige algunos hombres y sal a combatir a loa amalecitas. Mañana, yo me colocaré en lo alto del monte con la vara de Dios en mi mano'”.

El pueblo de Israel acababa de salir de Egipto y estaba en el desierto –lo estaría por más de 40 años– con muy pocas pertenencias, abatido por la caminata, sediento y cansado… y encima de todas estas penas ¡los amalecitas los atacaron para quitarles lo poco que les quedaba!

“Josué cumplió con las órdenes de Moisés y salió a pelear contra los amalecitas. Moisés, Aarón y Jur subieron a la cumbre del monte, y sucedió que, cuando Moisés tenía las manos en alto, dominaba Israel, pero cuando las bajaba, Amalec dominaba.
“Como Moisés se cansó, Aarón y Jur lo hicieron sentar sobre una piedra, y colocándose a su lado, le sostenían los brazon. Así, Moisés pudo mantener en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a lo amalecitas y acabó con ellos”.

Moisés extendió los brazos, lo mismo que Jesús. Y los dos, con los brazos extendidos protegieron –y protegen a su pueblo– que los apoya sosteniéndolos con el fabuloso poder de la oración.

Lecturas del Domingo: Octubre 20, 2019 – El poder de la oración

La viuda y el juez
La Viuda y el Juez por un autor anónimo de New York hired by Pacific Press Publishing Company expressly to illustrate this book (page 8) – Christ’s Object Lessons by Ellen Gould Harmon White, page 167 https://archive.org/details/christsobjectles00whitrich, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=50789840

Decíamos la semana pasada que debemos saber ser agradecidos, y hoy aprenderemos a saber pedir.

Dice el Evangelio de San Lucas:

“En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:
“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’.
Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’.
“Dicho esto, Jesús comentó: ‘Si así pensaba el juez injusto, ¿creen ustedes acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?'”.

La parábola del juez injusto es una de las más bellas enseñanzas de Jesús que nos invita a no tener miedo a pedir a Dios por nuestras necesidades. Somos tan afortunados de contar con Jesús como nuestro apoyo y fuerza para nuestras vidas, que a veces nos olvidamos del poder de la oración y caemos en el engaño de que todos nuestros problemas y preocupaciones son mayores que nuestra fe.

Por eso, reza, reza y reza. Pídele a Dios con toda tu fe. Nuestro Señor es más grande que cualquier enfermedad, que cualquier problema económico y que cualquier situación que parece no tener salida.

Pero también recuerda: debemos ser agradecidos.

Lecturas del Domingo: Octubre 6, 2019 – Auméntanos la Fe

semilla de mostaza
La semilla del grano de mostaza mide entre uno y dos milímetros, pero cuando crece puede alcanzar los 30 pies de alto (unos 10 metros)

En este Domingo número 27 del Tiempo Ordinario, San Lucas nos trae esta lectura:

“En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: ‘Auméntanos la fe’. El Señor les contestó: ‘Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decir a ese árbol frondoso: ´Arráncate de raíz y plántate en el mar´y los obedecería'”.

¿Difícil de creer? Pues es aquí donde la fe, nuestra fe, se pone a prueba.

  • Los doctores nos dicen que sólo hay un 5% de posibilidades de que se cure ese cáncer.
  • No tengo posibilidades de pasar ese examen tan difícil.
  • El avión en el que voy está sacudiéndose violentamente durante esta tormenta.
  • He perdido todos mis ahorros… ¿Qué voy a hacer?

La respuesta es: tener fe.

  • Dios puede curar esa enfermedad.
  • Dios te puede ayudar a entender esa materia tan complicada y por ende pasar ese examen.
  • Dios pondrá la sabiduría, audacia y habilidad a ese piloto para que todos lleguen sanos y salvos a su destino.
  • Dios te dará una oportunidad para que empieces de nuevo.

Pero ten fe. Ora con tu corazón. Reconoce a Jesús como tu mediador con Dios. Entrégate a Él. Confíale tu problema y haz tu parte que Jesús hará el trabajo más fuerte y pesado.

¿No será que todas estas tribulaciones son un recordatorio de Dios para que tengamos fe?

El abismo entre el cielo y el lugar del castigo

Imagen de Lázaro
“Lázaro” por Meister des Codex Aureus Epternacensis – The Yorck Project: 10.000 Meisterwerke der Malerei. DVD-ROM, 2002. ISBN 3936122202. Distributed by DIRECTMEDIA Publishing GmbH., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=155243

En el Evangelio de esta semana escuchamos la parábola del hombre rico y el pobre mendigo Lázaro. Una de sus partes nos presenta al rico, muerto y en el infierno, que al voltear hacia arriba ve a Abraham con Lázaro a su lado y le implora que el pobre baje y le moje la lengua, pues no aguanta el tormento de las llamas:

“Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso, él goza de consuelo mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar ni hacia allá ni hacia acá’.

Esta parte nos habla de la totalidad y dureza del lugar de castigo, y de que una vez que pasamos a la otra vida, ya no hay vuelta atrás: O fuiste bueno, o fuiste malo. Pero, ¿por qué? ¿Qué la misericordia de Dios no es tan grande que puede perdonarnos a todos?

Todos tenemos nuestras oportunidades de reconciliación con Dios en nuestras vidas. Cuando nuestro tiempo acaba, no debemos tener excusas. El infierno es el lugar de castigo, y muchos lo llaman y lo describen como la ausencia de Dios.

Simplemente, ya no estamos a la vista de Él, y no por decisión de Dios, sino por nuestra necedad. Al quedar invisibles, el abismo que se abra no se podrá pasar en ninguna dirección.

El dolor de las llamas es el dolor del espíritu que no encuentra a su pastor y se ve perdido en el infinito del espacio-tiempo, como una piedrita suelta en la magnitud del universo, sin llegar a ningún lado, sola y sin propósito.