“Comparte tu pan con el hambriento, abre tu casa al pobre sin techo, viste al desnudo, y no des la espalda a tu propio hermano. Entonces surgirá tu luz como aurora y cicatrizarán de prisa tus heridas”.
En ese mismo canal, y continuando con lo de las velas, luego, el Salmo 111 nos dice:
“En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y apresta y administra rectamente sus asuntos.”
Finalmente, en el Evangelio de San Mateo de hoy, Jesús:
“Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone en un candelero para que alumbre a todos los de la casa.
“Que de igual manera brille la luz de ustedes sobre los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.
Esta semana encontramos algunas de las más bellas enseñanzas de parte de SofonÃas, profeta del Antiguo Testamento, de Pablo, y obviamente de Jesús. Todas ellas con un común: El reino de los cielos es de los pobres; pero no te confundas, no sólo de los pobres de dinero, sino de espÃritu y de alma.
Recuerda, la mayor probreza es la del alma que no tiene a Dios.
Mateo nos recuerda una de las profecÃas de IsaÃas, que casi 1,000 años antes habÃa dicho:
“Tierra de Zabulón y NeftalÃ, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivián en tierra de sombras una luz resplandeció”.
Y es que, en tiempos de IsaÃas, Zabulón y Neftalà eran pueblos flagelados por la corrupción, prostitución, asesinatos, etc. Por eso IsaÃas los menciona que caminaban en tinieblas o tierra de sombras. Y Jesús, con su presencia, se convirtió en una luz resplandeciente sobre ellos.
En este Segundo Domingo Ordinario, el profeta IsaÃas nos dice en la primera lectura cuál es la razón del pueblo de Israel: convertir a este pueblo en la Luz de las Naciones.
Pero Israel es como una niño joven, inmaduro, con berrinches, que va aprendiendo poco a poco. A este pueblo le van a tocar las pruebas más duras y poco a poco ira adquiriendo sabidurÃa y sensatez.
Y lo mismo nos pasa a nosotros: nuestros padres nos dan la semilla de nuestra religión, luego ellos mismos y nuestra comunidad nos harán crecer, y finalmente Jesús será quien coseche nuestros frutos… o nos ate para mandarnos al fuego por no haber sabido darlos.
Acerca de Juan
El Evangelio de San Juan nos presenta cómo Juan da testimonio de Jesús:
Hoy celebramos la EpifanÃa del Señor, es decir una de las manifestaciones de Dios en nuestras vidas. Hay muchas epifanÃas escritas en la Biblia, como la aparición de los ángeles, las apariciones de Jesús, y otras. Pero la de hoy es referente a Jesús.
En la primera lectura, el profeta IsaÃas describe el nacimiento de El Salvador casi 900 años antes, de manera muy similar a la que estamos acostumbrados a ver en los nacimientos (escenas de navidad):
“Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes d eMadián y de Efá.Vendrán todos los de Sabá, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor”.
Incienso y oro. Parte de la tradición, que por toda nuestra vida hemos escuchado:
3 reyes magos: aunque la Biblia no menciona cuantos son.
Melchor, Gaspar y Baltazar: No, en ninguna parte de la Biblia aparecen sus nombres.
Sus monturas: caballo, camello ¡y hasta elefante!
Y sus razas, uno era europeo blanco, otro árabe, y Baltazar era ¡africano!
Y finalmente, sus restos se encuentran en la ciudad de Colonia, en Alemania.
Los magos se van de con Herodes y vuelven a ver la estrella que los iba guiando, y con mucha alegrÃa la vuelven a seguir. Encuentran al pesebre, y le hacen los ofrecimientos al niño: oro por ser rey, incienso por ser Dios, y mirra, una combinación de aceites perfumados, por ser hombre y como recordatorio de lo que le espera. La mirra se usaba en ese entonces como un unguento para los muertos.
Advertidos durante el sueño de no volver a Herodes, tomaron otro camino de regreso a sus tierras. Y nunca más volvemos a saber de ellos.
Se han tratado de dar muchas explicaciones a este elemento del nacimiento de Jesús: fue una estrella que explotó (super nova), fue una alineación extraordinaria de planetas, o fue simplemente un fenómeno sobrenatural.
Por favor, no le quiten ni le pongan: lo escrito, escrito está. No lo menosprecien o le den tinte maligno como lo han hecho con otros Ãconos católicos ¡sólo por estar en desacuerdo!
Hoy es el tercer Domingo de Adviento, dÃa conocido como de la AlegrÃa y el Regocijo, y en algunos paÃses como el dÃa de San Juan.
En la mayorÃa de las iglesias católicas, se tienen cuatro velas, tres de color púrpura y una de color rosa. Cada vela representa una semana del tiempo de adviento, es decir, preparación para el nacimiento del Redentor.
Pero la vela rosa represanta la alegrÃa y el regocijo. En tiempos antiguos se usaba para anunciar a la gente que no sabÃa leer que quedaban dos semanas antes de la Navidad.
En la primera lectura, IsaÃas nos sigue describiendo en forma un poco abstracta la imagen de Juan el Bautista, el profeta antes del MesÃas. En la segunda lectura, Pablo sigue llamando la atención del pueblo corrupto para que abandonen sus excesos y malas acciones. Paciencia, nos pide Pablo a todos.
El caso de Juan
Juan el Baustista, hijo de Isabel, la prima de la Madre de Dios, MarÃa, estaba en el vientre cuando escuchó la voz de MarÃa “y brincó de gozo”, pues en ese momento recibió al EspÃritu Santo.
Los judios quieren, esperan, a un libertador poderoso.
Pero Jesús le manda a responder a Juan lo siguiente:
“Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mÔ.Â
Ciegos, cojos, sordos, leprosos, sordos, muertos… y los pobres. Todos ellos, los más bajos de toda la escala social. Para ellos ha venido primero Jesús. Luego extenderá su influencia con todos los demás, pero en ese momento sus manos están con los más necesitados.
Es por eso que hay incertidumbre, duda, y hasta decepción en el pueblo judÃo. ¡Este no es el mesÃas que estaban esperando!, ¡Él no es el Rey poderoso con un ejercito inmenso que destruirá a sus enemigos!
¡Este lo que habla es que perdonemos! ¡Que pongamos la otra mejilla!
Y es que, si esperamos que Jesús sea el mesÃas que nos traerá riqueza, pues la verdad es que vamos a quedar bien decepcionados.
La recompensa de Jesús es mucho más grande que todo el dinero del mundo.
Afortunadamente, sabemos que Juan lo entenderá y lo aceptará. Finalmente, lo reconocerá con el MesÃas, el Salvador… y lo bautizará en el rio Jordán.
El Evangelio de San Mateo nos habla de que Juan “usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre“.
Sabemos que Juan tendrá un triste final, y que reconocerá a Jesús como el verdadero MesÃas, y que aceptará que su figura vaya desapareciendo poco a poco para dar paso a nuestro Señor.
Jesús comentará de Juan: “Una lámpara radiante, de la cual todos ustedes serán dichosos por ser iluminados”.
Corona de Adviento, por Micha L. Rieser – Own work by uploader (wreath and picture), CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5331008
Hoy es el primer Domingo de Adviento, el tiempo que designa la Iglesia para que nos preparemos para uno de los momentos más grandes de la Historia: el nacimiento de Jesús.
Si quieren verlo como hecho histórico, pues los documentos existen: el pueblo de Israel, celoso de su tradición e historia vocal, no pueden mentir y de ninguna manera han alterado los libros de su Torah y Tanakh.