Hoy es el segundo domingo de adviento, y es el día dedicado a San Juan Bautista.
Recordemos que San Juan es el hijo de Isabel, la prima de María la Madre de Jesús, que se enteró de su embarazo cuando María fue a visitarla.
En el momento en que María entró en la casa de su prima, el bebé de Isabel brincó de alegría.
“Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre”, es la frase que Isabel pronunció y que nosotros recordamos en el rosario.
Isabel dio a luz a San Juan Bautista tres meses después. Poco se sabe después de lo que pasó a San Juan niño y adolescente, y no es hasta varios años después que es descrito como “el mensajero”, el que antecede a Jesús.
San Juan Bautista es también considerado el último profeta de las sagradas escrituras. Después de él, no hay otro profeta más.
Vivía de la forma más humilde en el desierto. Se alimentaba de saltamontes y miel silvestre y usaba un vestido hecho con piel de camello, ceñido con un cinturón de cuero; una descripción muy gráfica que es presentada en el Evangelio de san Marcos.
Previo a la vida pública de Jesús, Juan proclamaba la palabra, pedía al pueblo alejarse de las malas obras, predicaba un bautismo de arrepentimiento bañando a la gente en el rio Jordán, y hasta escuchaba confesiones de la gente que acudía a él.
Poco a poco, comenzó a tener un grupo cada vez mayor de seguidores, muchos de los cuales comenzaron a preguntarse si era él el esperado Mesías.
Pero Juan, en su humildad, sabe que él no es el Mesías, y frecuentemente se los hace saber a su discípulos:
“Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de las sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”.
Corona de Adviento, por Micha L. Rieser – Own work by uploader (wreath and picture), CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5331008
El día de hoy es el Primer Domingo de Adviento el cual marca el inicio del año litúrgico para la mayoría de las iglesias cristianas de occidente, especialmente para la Católica.
De acuerdo a la tradición Judía-cristiana, el mundo tuvo primera noción de la venida del mesías ¡cuatro mil años antes del nacimiento de Jesús! Esa es una de las razones por las que hoy iniciamos prendiendo una corona con cuatro grandes velas, cada una representando 1000 años antes de la llegada de Dios a este mundo. En las próximas semana prenderemos el resto de las velas.
Adviento quiere decir preparación, pues estamos esperando la venida del Señor, la cual celebraremos en la Navidad. Este es un tiempo de recogimiento, de meditación, pues vamos a recibir a un visitante en nuestros corazones. La pregunta es, ¿Qué tipo de hospedaje le vamos a dar?, Acaso, ¿una pocilga, lleno de maldad, mentira y suciedad?; ¿O tal vez un lugar frio, donde sólo impera el interés por el dinero y las cosas materiales?
El Evangelio nos dice hoy:
“Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. Así como el hombre que se va de viaje, deja su casa y encimienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a llegar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo, o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente, y los halle durmiendo. “Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”.
Hoy es el último Domingo del tiempo ordinario en el calendario de la Iglesia Católica, y esta semana terminamos el año litúrgico. Este día celebramos a Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. La próxima semana comienza el tiempo de adviento, que quiere decir preparación. y, ¿para qué nos preparamos? pues para la llegada del mesías, el nacimiento del Salvador, el nacimiento de Jesús.
En las lecturas de hoy, escuchamos que el profeta Ezequiel hace mención a los rebaños de ovejas y de cómo el pastor es el líder que las cuida y vela por ellas. Así mismo, Jesús nos dice en el Evangelio de hoy, hablándole a los discípulos:
“Cuando venga el Hijo del Hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante Él todas las naciones, y Él apartará los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha, y a los cabritos a su izquierda”.
Hasta aquí, es la imagen que siempre hemos tenido de los buenos a un lado y los malos al otro. Sin embargo, pongamos atención que originalmente Jesús está hablando de Él mismo (el Hijo del Hombre), pero ahora cambiará a tercera persona:
“Entonces dirá el rey a los de su derecha: ´Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo´”.
Ahora, Jesús explicará cómo es que se ha hecho la selección de buenos y malos. A través de una lista de acciones:
“Porque estuve hambriento, y me dieron de comer. Sediento, y me dieron de beber. Era forastero, y me hospedaron. Estuve desnudo, y me vistieron. Enfermo, y me visitaron. Encarcelado y fueron a verme.”
“Los justos le contestaron entonces: ´Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento y tedimos de comer? ¿Sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos? ¿O desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vismos enfermo? ¿O encarcelado, y te fueimos a ver?´ Y el rey les dirá: ´Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron?”
¿Cuál es la clave de la enseñanza de Jesús? Se trata de la misericordia, la ayuda y compasión por los demás que no se queda sólo en buena intención.
Y, ¿qué hay para los otros, los de la izquierda? Jesús les da este mensaje:
“¡Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles.”
Y volverá a presentar la lista anterior, pero en forma negativa:
“Porque estuve hambriento, y NO me dieron de comer. Sediento, y NO me dieron de beber. Era forastero, y NO me hospedaron. Estuve desnudo, y NO me vistieron. Enfermo, y NO me visitaron. Encarcelado y NO fueron a verme.”
Obviamente, esperamos los acusados reaccionarán ofendidos ¡Cuándo pasó todo eso!. Jesús les responderá:
“Yo les aseguro que cuando NO lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo. Entoncés irán estos al castigo eterno y los justos, a la vida eterna”.
Parábola de los talentos, por Unknown – A Woodcut from Historiae celebriores Veteris Testamenti Iconibus representatae, taken from http://www.textweek.com/art/parables.htm, Public Domain, Link. Al fondo se aprecia el siervo malo y perezoso escondiendo su talento en un hoyo en la tierra.
Este es el último domingo del año litúrgico que tenemos una lectura en secuencia de acontecimientos. La próxima semana es el Día de Nuestro Señor Jesucristo y el Evangelio será el del mensaje de esperanza.
Pero hoy, terminamos con dos lecturas especiales, reveladoras acerca de lo que tenemos que hacer para alcanzar la vida eterna.
Primeo, San Pablo nos dice que:
“El día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando la gente esté diciendo, ´¡Qué paz y qué seguridad tenemos!´, de repente vendrá sobre ellos la catástrofe, como de repente le vienen a la mujer encinta los dolores del parto, y no podrán escapar.
“Pero a ustedes, hermanos, ese día no los tomará por sorpresa, como un ladrón, porque ustedes no viven en las tinieblas, sino que son hijos de la luz y del día, no de la noche y de las tinieblas.
“Por lo tanto, no vivamos dormidos, como los malos; antes bien, mantengámonos despiertos y vivamos sobriamente”.
La otra lectura, es –personalmente—una de mis favoritas; de hecho, es la que ha formado parte de mi vida por muchos años y en cierta forma ha sido mi gran guía: La parábola de los talentos.
“El Reino de los Cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue”.
Primero, un poco de contexto: Un talento, en tiempo de Jesús, era el equivalente en peso de una persona en oro, o en plata. Sin duda, un talento es muchísimo dinero, o más bien, valor. Hoy en día, talento es una habilidad o una especialidad intelectual, que es de cada uno. Todos nacemos con nuestros talentos: hablamos idiomas, tenemos elocuencia para hablar en público, somos buenos en matemáticas, o en finanzas, etc.
Segundo, algo muy importante estamos escuchando: El señor dio cinco, dos y un talento, cada uno según su capacidad. Entendamos que Dios nunca nos pedirá más de lo que podemos dar o aguantar; trátese de riquezas o trátese de dolor.
“El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra, y ahí escondió el dinero de su señor”.
No nos perdamos. Esta parábola no se trata de hacer dinero, sino de reconocer nuestros talentos. Pero, más importante, es saber qué es lo que debemos hacer con ellos. El que recibió cinco fue muy astuto y los invirtió doblando su cantidad. Y lo mismo hizo el de los dos talentos, aunque pocos supo sacarles provecho. Pero el último, tuvo miedo –de la responsabilidad, de hacer el ridículo– y lo puso en un hoyo.
“Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: ´Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado´. Su señor le dijo: ´Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en las cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor.
“Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: ´Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado´. Su señor le dijo: ´Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en las cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.
¿De qué se trata esto? Dios nos ha dado talentos individuales a cada uno. Estos no dependen de nuestros padres, o amigos, o de las relaciones que tenemos. Estos talentos son innatos, que nadie nos dio y nadie nos puede quitar más que Dios.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: ´Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo´. El señor le respondió: ´Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y que recojo lo que no he sembrado, ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? Quítenle su talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco se le quitará aun ese poco que tiene”.
¿Qué estamos haciendo con nuestros talentos? Lo que Dios nos pide es bien claro: usémoslos no para construir riqueza y soberbia. No, su primer uso es para alabar a Dios. Todos los días en tu trabajo, dale gracias a Dios porque puedes hacerlo. ¿Lograste hacer algo bien? ¿Tuviste un éxito? Ofrece a Dios ese logro. Un “Gracias a Dios” es de gran agrado para nuestro Señor.
Segundo, haz con ese talento obras buenas. Ayuda a los demás. Esparce la palabra de Dios. Atiende a esos enfermos pobres que no tiene con qué pagar una consulta. Ayuda a tus compañeros de clase que no entienden un problema, lucha contra las injusticias, ayuda a los animalitos.
Pero no eches en un hoyo tu talento, pues el resultado –nos termina diciendo Jesús—es:
“Y a este hombre inútil, échenlo afuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación”.
Decíamos anteriormente que es importante aprender a rezar, pues es una comunicación directa con Dios, pero que a lo largo de nuestras vidas hemos convertido en una repetición sin sentido, pues a veces no sabemos lo que decimos.
¿Y cómo vamos a saber de lo que estamos hablando? Pues hay que ir analizando parte por parte. Lo bueno es que esto se hace una vez, y después se convierte en algo simple.
El caso de hoy se refiere a El Padre Nuestro, la cual es la oración que el mismísimo Jesús nos dejó. Es la única que sale directamente de su palabra, y está diseñada para alabar y pedir a Dios.
Yo soy una persona gráfica, que entiende mejor las cosas con imágenes,fotografías, o dibujos. Así que yo aprendí a entender la oración con este método que te voy a dar:
“Padre Nuestro, que estás en los cielos”
Lo primero que pienso es el cielo con una gran luz. En el cielo está Dios y la luz lo representa a Él.
“Santificado sea tu nombre”
Mi impresión es de una imagen que ví cuando era niño, de unos israelitas cargando el Arca de la Alianza, pero iban alabando a Dios en el camino, con cantos e incienso.
“Venga a nosotros tu reino”
¿Cómo sería el reino de Dios si estuviera aquí mismo con nosotros? Para mí, sería con armonía y paz. Lo que se me viene a la mente es una imagen del programa de televisión “Los Simpsons” en el que el abogado Lionel Hutz se imagina un mundo sin abogados. ¡Recuerda! No se trata de si “Los Simpson” tienen buena o mala reputación, ¡es lo que te haga recordar la imagen visual!
“Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”
Para mi esto tiene un gran significado. La imagen de una persona desolada, de rodillas, aceptando la voluntad de Dios de manera incondicional… por la muerte de un ser querido, la ruptura sentimental, o cualquier pérdida muy grande por la que todos hemos pasado alguna vez.
“Danos hoy nuestro pan de cada día”
Me imagino panes, especialmente los baguette franceses. Pero cada pan representa algo: salud, bienestar, amor, trabajo, etc. según las necesidades de cada quien.
“Perdona nuestras ofensas, como también perdonamos a los que nos ofenden”
Cuando perdonamos de corazón, tenemos la gracia de Dios. La imagen de Jesús abrazándonos es de un gran comfort y alivio.
“No nos dejes caer en tentación”
¿Por dónde entran las tentaciones? ¡Por los ojos! La imagen que me hace reflexionar es la de un tipo al que se le salen los ojos como en las caricaturas. Eso es lo que debo evitar.
“Y líbranos del mal”.
¿Recuerdan al coyote de las caricaturas del correcaminos? ¿Y recuerdan cómo le caían yunques en la cabeza? Pues para mí, el yunque representa el mal, y yo soy el coyote. La mano de Dios llega en el momento justo para detener la caída del monolito (el mal) sobre mí.
Trata de hacer analogías con imágenes que representen estas ideas y verás que cuando reces, esas imágenes te traerán significado a lo que estas diciendo, a lo que estás rezando.
Se le llama la parábola de las jóvenes esposas, parábola de las mujeres previsoras, parábola de las diez vírgenes, o parábola de las diez jóvenes.
“El Reino de los Cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró un sueño a todas y se durmieron”.
Recordemos que en ese entonces, un rey o persona súmamente rica, podía tener muchas esposas.
Las jóvenes somos todos nosotros: descuidados y previsores, buenos y malos. La llegada del esposo es la venida del reino de Dios. La lámpara es tu alma. El aceite es tu Fé, nutrida por la Palabra. Tu puedes tener lo que te dieron originalmente en el bautizo, la primera comunión y la confirmación, pero si no lo alimentas tu fé, pues sólo tienes la mitad.
“Les entró un sueño y se durmieron”. Tristemente, esto se refiere a la muerte.
“A medianoche se oyó un grito: ´¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!´ Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ´Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando´. Las previsoras les contestaron: ´No, porque no va a alcanzar para ustedes y nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo´”.
“A medianoche” quiere decir que ha pasado un tiempo. Como al principio hablábamos de la muerte (les entró un sueño) este período de tiempo se refiere al paso que todos tenemos igual que Jesús de los tres días antes de la resurrección.
´¡Ya viene el esposo!´ es nuestro juicio al que vamos a ponernos de frente a Dios. Cuando la lectura dice “se levantaron“, ya te imaginarás que habla de nuestra propia resurrección. Pero frente a Dios, si estamos preparados, tendremos suficiente valor en nuestra alma, y eso no se puede compartir. Es algo personal.
“Mientras aquellas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ´Señor, señor, ábrenos´. Pero él les respondió: Ýo les aseguro que no las conozco´”.
El banquete de bodas es entrar el Reino de Dios. Si no te preparaste, si no tienen la dignidad de Dios, por más que toque la puerta no se te abrirá.
Jesús termina diciéndonos a todos:
“Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”.
En las últimas semanas del año litúrgico Jesús nos esta preparando para el día en que estaremos frente a Él. Esta semana hablaremos de la humildad.
De nueva cuenta, nuestro Señor se vuelve a dirigir a los fariseos, quienes en las semanas pasadas han sido el objeto de su crítica y molestia:
“En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Hagan pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterías y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame “maestros”‘”
La soberbia es, sin duda, uno de los pecados capitales más peligrosos, pues se va apoderando del alma lentamente, y es de los que produce placer a través de la vista. Recordemos que somos seres humanos, y somos seres visuales. La envidia y la vanidad entran por los ojos.
Los fariseos son personas que conocen de memoria, y al derecho y al revés, las leyes que Moisés le entregó a pueblo judío. Y, más allá de esto, conocen todas las reglas y protocolos de los posteriores libros. En un pueblo en que la mayoría es pobre, analfabeta, y fácil de impresionar, los fariseos hablan con mucho conocimiento y les hacen ver “que son malos” y que no están siguiendo la palabra de Dios de manera correcta. Un pueblo impresionado es manejado al final por los más astutos.
No niego que, originalmente, el fariseo haya empezado su labor con buena intención, pues las leyes de Moisés y de los otros libros son extremadamente complejas. Pero con el tiempo, estos personajes se han dejado llevar por la avaricia y el abuso sobre los ignorantes.
Dios no se deja engañar por las apariencias, pero el hombre sí.
Afortunadamente, Jesús abrirá los ojos del pueblo. Los fariseos tienen sus días contados, pues vendrá la gran revolución cristiana que acabará con su reinado.
Sin embargo, aquí Jesús también nos habla de algo muy importante entretejido en su mensaje: ¿Cómo debemos tratar a los líderes religiosos del pueblo? Yo escucho frecuentemente quejas acerca del comportamiento de los sacerdotes y los líderes católicos en todo el mundo. Es innegable que estas actitudes de unos cuantos causan mucho dolor en la Iglesia, y son motivo de crítica de parte de los cultos y otras religiones.
Jesús nos dice: “Hagan pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra.” Esto quiere decir que sigamos las enseñanzas de la Iglesia, pero no las obras de los hombres. Los fariseos eran versados en el conocimiento, al igual que los sacerdotes actuales. Sigamos el rito y las obligaciones de la misa y la iglesia, pero no imitemos las acciones de los malos sacerdotes. Además, no todos ellos son malos. La verdad es que son sólo una minoría.
Terminemos con un mensaje de Jesús acerca de la humildad:
“Que el mayor entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.
Hoy continuamos con las trampas que los fariseos y escribas quieren poner a Jesús para hacerlo caer en contradicciones. Ya las semanas pasadas escuchamos cómo hasta los mismos ancianos de Israel han estado tratando de engatuzar a Jesús con preguntas engañozas. El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús respondiéndoles a la eterna pregunta: ¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley? Jesús les responde:
“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de todos los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la Ley y los profetas”.
Y, como decíamos anteriormente, ¡cómo es difícil amar al prójimo! Podemos ir todos los días a la Iglesia, orar cien rosarios, aprendernos toda la Biblia de memoria, cantar con dulce voz los más hermosos coros y salmos… pero de nada vale todo esto si despreciamos a nuestro prójimo.
El libro del Éxodo, en la primera lectura, nos trae una explicación a esto:
“Esto dice el Señor a su pueblo: ´No hagas sufrir ni oprimas al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto. No explotes a las viudas, ni a los huérfanos, porque si los explotas y ellos claman a mí, ciertamente oiré yo su clamor; mi ira se encenderá, te mataré a espada, tus mujeres quedarán viudas y tus hijos huérfanos. ´Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portes con él como un usurero, cargándole intereses. ´Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélveselo antes de que se ponga el sol, porque no tiene otra cosa con qué cubrirse; su manto es su único cobertor y si no se lo devuelves, ¿cómo va a dormir? Cuando él clame a mí, yo lo escucharé, porque soy misericordioso´.”
Los más necesitados, los extranjeros inmigrantes, las viudas, los huérfanos, los pobres.
Esos también son nuestros prójimos; y cuando su clamor alcance a Dios, ¿Cuál será nuestra excusa?
Foto de un Denario, la moneda de la que habla la lectura de hoy. Al frente tiene la figura de Tiberius y la inscripción “César Augusto Tiberius, hijo del divino Augustus”. Foto cortesía de Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 3.0, Link
El mensaje de este día es sencillo: sepamos dar el verdadero valor a las cosa de la tierra y a las cosas divinas. Lo material, como el dinero la fama y los placeres, son sólo cosas pasajeras, que a su tiempo se perderán y no podrán ser recuperadas. Léase: a la hora de nuestra partida de este mundo.
Las cosas de nuestra alma, no tienen tiempo de expiración, ya sea para bien o para mal.
Dice el Evangelio de hoy:
“En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo”.
¡No nos dejemos engañar, esto no sólo es de aquellos tiempos! El tentar a Dios con nuestra vida es tan común hoy en día como lo era entonces: Expresiones como “Señor, te rezo cien rosarios, pero sana a mi madre“, o “Padre, te prometo ir de rodillas hasta la Basílica de Guadalupe si permites que mi hijo salga de su problema de drogas“.
Reza los rosarios, sí, pero no lo hagas como condición. Ve de rodillas hasta la basílica, sí, pero no le pongas condición.
¡Y deja de estar distribuyendo cartas cadena! (Si compartes esta carta con 10 personas verás que se cumple un milagro).
Pero sigamos con el Evangelio:
“Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: ´Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”.
Nada tontos. Queriendo hacer decir a Jesús que no debía pagarse tributo al emperador romano, ¡se hecharía de enemigo al más poderoso ejercito del mundo!
Pero la respuesta de Jesús fue más astuta:
“Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contesto: ´Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo´. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les contestó: ´¿De quién es esta imagen y esta inscripción?´ Le respondieron: ´Del César´. Y Jesús concluyó: ´Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
Finalmente, para todos aquellos que tienen duda de la veracidad de las escrituras, fíjate en la moneda que se presenta en la parte de arriba. Esto corrobora exactamente el tiempo de los hechos: La época de Tiberius, cuando Herodes era gobernador de Judea.
No perdamos de vista la verdad, la cual es histórica y divina. Demos al César y a Dios sus verdaderos tributos.
Este domingo escuchamos la parábola del gran banquete, y es la continuación al mensaje de la semana pasada en que escuchábamos cómo el Reino de Dios no sólo es del pueblo Judío, sino que, por Jesús, nos es dado también a los demás.
Este es el texto de la enseñanza de Jesús a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo:
“El reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados a que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. “Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ´Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda´. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue para su campo, otro para su negocio, y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron”.
Sabemos de antemano que, el rey es Dios mismo, y el banquete de bodas es su reino, coronado por su hijo.
Los invitados son el pueblo elegido de Dios, es decir, los israelitas. Recordemos que, por cientos de años, a pesar de haber tenido la dicha de la elección como pueblo, la gente de Judá siempre bucaba formas de quejarse por sus condiciones de vida, por la dureza de sus pruebas, y porque siempre o estaban en guerra, o eran esclavos de algún otro pueblo poderoso. En ese entonces, estaban sujetos al yugo romano.
Los criados son los profetas llevando siempre el mensaje y la palabra de Dios.
Después de cientos de años, la palabra pareceía que no encajaba bien en el pueblo judío, y sabemos que algunos profetas fueron muertos a manos de su propio pueblo. El último de ellos, Juan el Bautista correría con la misma suerte poco después.
Sigue la narración:
“Entonces el rey se llenó de cólera, y mandó sus tropas, que dieran muerte a a quellos asesinos y prendieran fuego a la ciudad”.
Ciertamente, no hay mucho que decir excepto que el castigo de Dios no es algo de risa, pero con justificación. ¿No fueron advertidos –invitados– los invitados? Sigamos con la parábola:
“Luego, les dijo a sus criados: ´La boda está preparada, pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan pues, a los cruces y los caminos, y conviden al banquete de bodas a todos los que se encuentren´. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que se encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados”.
Es en este momento que el Reino de Dios no es más exclusivo del pueblo Judío. Ahora, se ha abierto a todos los demas. Sin embargo, hay que recalcar esto: Se ha abierto para buenos y para malos. Entendamos esto, no sólo es para todos los buenos, se ha llamado también a los malos. Eso no quiere decir que tienen la invitación abierta 100%, como veremos a continuación.
“Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ´Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?´ Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: ´Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos´”.
Aquí, personalmente encuentro una salud de alma y reconciliación. Entiendo ahora que no basta ser llamado al banquete y al Reino. Mi vida tiene que estar recubierta del un traje de fiesta, es decir, de obras buenas, de caridad, de arrepentimiento y de amor a mi prójimo.
Dudo mucho que un asesino despiadado pueda tener este traje. ¡Ni siquiera yo estoy seguro de tenerlo! Pero, es en nuestra vida diaria que debemos ir tejiendo, poco a poco el mencionado traje.
El banquete está cerca. No dejemos que nos tome por sorpresa desnudos.
Dios, ciencia, espíritu, tecnología, naturaleza, fé